Ya se acerca la vuelta al cole, pero antes, los días 22 y 23 de agosto el claustro del Instituto San Isidro se transformará en una aula con ‘El Profesor’ (21.30h, 15 euros), una obra musical protagonizada por Aleix Martel que recorre la evolución de la figura del profesor desde los años 70 hasta la actualidad, reflejando cómo han cambiado la educación y los valores sociales. «Es un «stand up musical», o monólogo musical llevado al idioma del teatro», explica Martel. «Una mezcla de conceptos tan amados como familiares para mí. Digamos que hemos llevado el contenido que tanto éxito ha tenido en redes sociales al formato «obra de teatro». La ayuda de Berta Errando como directora ha supuesto un salto super necesario para conectar ambos mundos».Durante el proceso de creación y elaboración del guión y las canciones, Martel ha pasado «por todos los estados de ánimo», asegura. «Muchas ideas y canciones han quedado en el cajón para el futuro. Es una gran suerte contar con material «de sobras» para construir el espectáculo definitivo, pero para nosotros, representar este show en Veranos de la Villa es un honor y una responsabilidad a la vez. Además, que un show llamado «el profesor» se represente en el instituto con más historia de nuestro país, es una pasada».Aleix Martel es un creador escénico, actor y compositor que ha desarrollado su carrera entre el teatro y el entorno digital, siempre con la música como vehículo. «La música es, junto al amor, el idioma universal», asegura. «Creo que la enseñanza a través de ellas es una enseñanza mucho mejor. Es cierto que no podemos obligar a todo el mundo a cantar, pero si uno tiene la capacidad y la oportunidad, creo que debe aprovecharlo. Si me dejaran, yo sería ese tipo de profesor en la vida real. Lamentablemente, creo que los profesores tienen poco margen de elección en su manera de dar clase y sobretodo en el contenido que imparten. Eso no ha cambiado. Enseñan lo que otros quieren que enseñen».La falta de diversidad escolarEn este contexto, opina Martel, «el principal problema en las aulas, y eso que hace «siglos» que no piso una», bromea, «es la falta de diversidad en el aprendizaje. Cada alumno es distinto, tiene capacidades y talentos distintos, y enseñar a todos de la misma forma, hace que se pierdan esos dones genuinos. Solo avanzan los que obedecen, y no digo que sea injusto. Pero considero que es triste no permitir que cada alumno desarrolle su camino, el que verdaderamente fue destinado a vivir».Por eso lanza este mensaje a todos los maestros: «La principal autocrítica que debe hacerse el profesorado tiene que ver con la libertad. No solo la de los alumnado, si no la suya propia. De igual modo que cada alumno es un mundo, cada profesor debería poder enseñar según sus capacidades y características, según su esencia. Eso convertiría las aulas en auténticos templos de aprendizaje. Y los profesores podrían sentirse mucho más realizados. Incluso aumentaría la vocación por la enseñanza».MÁS INFORMACIÓN Opinión Madrid se aleja del calor entre museos, teatro y flamencoSin embargo, Martel también cree que hay aspectos de la enseñanza de décadas pasadas que hay que reivindicar. «El respeto hacia el profesor y su labor vocacional es algo que no debería haberse difuminado tanto durante estos últimos años», afirma. «Por otro lado, la forma más humana y comprensiva con la que se trata a los alumnos hoy en día, ayuda a una mejor relación entre ambos. Parece contradictorio, y tal vez lo sea. Pero creo que el avance está en el equilibrio entre ambos conceptos. Respeto y comprensión».
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