La mujer que fue el gran amor del cantante publica Una vida en verso, Freddie Mercury, un libro que reúne manuscritos, fotografías y recuerdos inéditos del artista y que permite acercarse al hombre que había detrás de la estrella de Queen. Mary Austin fue mucho más que la prometida de Freddie Mercury. Fue su compañera, su confidente y una de las personas que mejor conocieron al artista lejos de los escenarios.
Aunque su relación sentimental terminó en 1977, ambos conservaron un vínculo muy especial hasta la muerte del cantante, en 1991. Ahora, más de tres décadas después, Austin vuelve a compartir recuerdos de aquella vida en común con la publicación de Una vida en verso, Freddie Mercury, un libro editado por Blume que reúne manuscritos de algunas de sus canciones más conocidas, fotografías y notas personales.
El volumen permite descubrir una parte del proceso creativo de Mercury a través de documentos que permanecieron guardados durante décadas. Entre ellos figuran manuscritos de canciones como Bohemian Rhapsody, Killer Queen y Don’t Stop Me Now, encontrados por Austin en 2022 en la banqueta del piano del cantante, en Garden Lodge, la casa londinense que compartieron. El hallazgo fue especialmente emocionante para ella. «La sensación de verlas otra vez fue de extrañeza. Una oleada de 21 años de emociones condensadas en un breve lapso de tiempo», recordó.
En 1977, cuando Mercury le comunicó su homosexualidad, ambos dejaron atrás su compromiso sentimental, pero no su vínculo. «Aquello marcó una línea divisoria en la relación que habíamos tenido y permitió que se convirtiera en algo más emocional e intelectual», explica Austin. Y añade: «El amor es eso: está presente en todos los niveles, no sólo en el físico». Con el tiempo, asegura, «nos convertimos en dos personas muy unidas, en los mejores amigos».

Austin también distingue entre el hombre que conoció antes de alcanzar la fama mundial y el personaje que terminó conquistando los escenarios. «Freddie Bulsara era más extraordinario que Mercury», afirma, al recordar al joven que todavía estaba construyendo su identidad artística. «Me aferré al Freddie que había conocido al principio, porque él era la base de todo lo que vino después».
En el libro y en sus recuerdos también aparece el miedo que acompañó al cantante tras conocer su diagnóstico de VIH. Austin considera que aceptar su enfermedad y mantenerla en secreto debió de ser especialmente duro. «Probablemente era la primera vez en décadas que sentía miedo», reflexiona sobre aquellos años.
La presión de la prensa sensacionalista se convirtió en una auténtica pesadilla durante los últimos meses de vida de Freddie Mercury. Mary Austin califica de «espantosa y desvergonzada» la persecución de los paparazzi y recuerda las maniobras que tenía que hacer para esquivarlos: en una ocasión, llegó a despistarlos mientras empujaba el carrito de su primer hijo y estaba embarazada del segundo.
Austin también fue una de las pocas personas que conocieron desde el principio el diagnóstico de VIH del cantante, un secreto que compartió únicamente con ella y con su representante, Jim Beach. «No fue exactamente una responsabilidad, porque era su secreto. Lo único que siempre quise fue protegerlo. No podía protegerlo de sí mismo, pero sí podía hacer todo lo posible para protegerlo de los demás», recuerda.
Hoy, la publicación de Una vida en verso, Freddie Mercury permite recuperar la voz del músico a través de sus propios escritos, pero también la de la mujer que permaneció a su lado cuando se apagaron los focos. Para Austin, Freddie sigue ocupando un lugar irrepetible: «el amor de mi vida».
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