La Marina de Estados Unidos llegó a planear una flota de 32 destructores furtivos de la clase Zumwalt y al final se quedó con tres. Según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EEUU (GAO), el órgano que audita el gasto federal para el Congreso, cada uno de esos barcos ha costado 10.600 millones de dólares contando el desarrollo, más de siete veces el coste unitario que se calculó al principio.
Los tres buques, el USS Zumwalt (DDG 1000), el Michael Monsoor (DDG 1001) y el Lyndon B. Johnson (DDG 1002), están ahora en pleno cambio de oficio. La Armada les quita uno de sus dos cañones de 155 milímetros e instala tubos para el misil hipersónico Conventional Prompt Strike (CPS), aunque un informe del GAO publicado el 17 de julio de 2026 sitúa esa reforma 24 meses por detrás de lo previsto.
De 32 barcos a solo tres
El programa nació en 2001, cuando la Marina transformó un proyecto anterior, el DD 21, en el destructor que acabaría llamándose DDG 1000. La idea era madurar 12 tecnologías nuevas mientras se diseñaba y se construía el barco, según el testimonio que Shelby S. Oakley, directora de Contratación y Adquisiciones de Seguridad Nacional del GAO, presentó ante el Senado en marzo de 2025.
Para pagar ese esfuerzo, la Armada recortó el pedido de 32 a 16 barcos, después a ocho y finalmente a tres. «Esta inestabilidad ha hecho que cada barco cueste 10.600 millones de dólares, más de siete veces el coste unitario estimado al principio», resume el testimonio.
El Servicio de Investigación del Congreso (CRS) calcula su desplazamiento a plena carga en 15.656 toneladas largas, unas 15.900 toneladas métricas, frente a las cerca de 9.700 de los destructores Aegis, y lo describe como el mayor destructor o crucero de la Marina desde el crucero nuclear Long Beach, encargado en 1957.
Según el mismo informe, el presupuesto de la Marina para 2024 estimaba en 9.450,8 millones de dólares la construcción de los dos primeros y en 4.342,4 millones la del tercero, sin contar el desarrollo. El Zumwalt entró en servicio el 7 de septiembre de 2016.
Un proyectil de 800.000 dólares
La misión original del Zumwalt era apoyar a las tropas desde la costa con fuego de artillería, el papel que habían dejado vacante los acorazados de la clase Iowa. Para eso llevaba dos cañones de 155 milímetros, los Advanced Gun System (AGS), que debían disparar un proyectil guiado y propulsado por cohete llamado LRLAP.
En noviembre de 2016 se supo que la Marina había decidido dejar de comprar esa munición porque su coste previsto había subido hasta al menos 800.000 dólares por proyectil, según el CRS, y el GAO añade que parte del encarecimiento venía de comprar proyectiles para solo tres barcos en lugar de para 32.

Pasaron además 15 años entre la detección de la necesidad y el inicio de la construcción del primer barco, recuerda el GAO. En ese tiempo la Armada cambió su foco de las aguas costeras al mar abierto, donde concluyó que los destructores Arleigh Burke (DDG 51) resultaban más eficaces.
Doce misiles hipersónicos por buque
En 2017 la Marina cambió el papel de la clase hacia el ataque contra barcos enemigos a distancia, y en 2021 eligió el DDG 1000 como primera plataforma del CPS, en parte porque estos misiles miden casi cuatro pisos de altura, según el GAO.
El CPS es un misil de planeo hipersónico. Un cohete de dos etapas eleva una carga hasta el borde del espacio, donde se separa un planeador que maniobra hacia el blanco a al menos cinco veces la velocidad del sonido. En la versión naval, el misil sale del tubo empujado por gas comprimido y enciende el motor a una distancia segura del barco.
Cada destructor recibirá cuatro tubos con tres misiles cada uno, 12 por barco, según el CRS. En abril de 2025 el programa completó con éxito un lanzamiento con gas frío desde una rampa en tierra, la prueba que cerró su fase de prototipos.

La Armada también ha señalado el CPS como arma posible del futuro acorazado de la clase Trump, un proyecto distinto del misil hipersónico Blackbeard para sus cazas embarcados.
Retrasos en el astillero de Pascagoula
La obra la hace Huntington Ingalls Industries en Pascagoula (Misisipi). En enero de 2026 la modernización del Zumwalt estaba completada al 94 %, pero la Marina ya espera terminarla en el cuarto trimestre del año fiscal 2026, diez meses más tarde de lo planeado.
El GAO atribuye el retraso sobre todo a trabajo no previsto. En agosto de 2025 la Armada amplió el contrato con 230.000 horas más, por 20 millones de dólares, en parte porque hacía falta más cableado del calculado. También fallaron equipos de la red eléctrica del barco, un sistema «parecido a una pequeña central eléctrica», según el informe.
La factura de la reforma de los tres buques ha subido de 1.800 a al menos 2.000 millones de dólares. El Michael Monsoor no empezará su modernización hasta febrero de 2027, y la primera prueba de vuelo del CPS a bordo del Zumwalt, prevista para 2025, ha pasado a 2027.
Una fábrica lejos de doce misiles
Con los misiles llega el otro cuello de botella, porque según datos de la Marina recogidos por el GAO las instalaciones de Lockheed Martin y Dynetics en Alabama solo pueden producir entre seis y siete misiles al año, frente a los 12 necesarios para estabilizar la producción.
Las instrucciones de montaje, escritas como especificaciones de ingeniería, llegan a operarios recién salidos del instituto o de la formación profesional. Los supervisores de producción de la Marina dijeron al GAO que «no es razonable esperar que los trabajadores entiendan las instrucciones» que reciben.
Cada misil costará de media unos 67 millones de dólares, con una horquilla de 63 a 71 millones según la estimación de abril de 2026. La Marina calcula 41.000 millones de coste total para 224 misiles, y el Pentágono prevé invertir al menos 50.000 millones en todos los programas ligados al CPS.
El radar SPY-3, sin relevo decidido
El Zumwalt usa un radar SPY-3 que solo comparte con el portaaviones Gerald R. Ford, además de una red informática propia, y la Marina ha tenido que canibalizar piezas del Lyndon B. Johnson, que aún no ha recibido, para mantener a sus hermanos en servicio. Sustituir esos equipos por sistemas estándar costaría entre 1.000 y 2.000 millones de dólares más para los tres barcos, y la decisión sigue pendiente.
Un responsable de Operaciones Navales admitió al GAO que no existe ningún documento o análisis que respalde haber dejado ese cambio fuera de la reforma actual. Tampoco se conocen el alcance ni la precisión del CPS, que son información clasificada, y el precio de cada misil puede variar cuando empiecen las compras en 2027. Sin una estrategia común con el Ejército, concluye el GAO, el riesgo es sufrir «más retrasos y un uso ineficiente del dinero de los contribuyentes».
El informe GAO-26-107974 se ha publicado en la web de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EEUU.
Crédito de la imagen: U.S. Navy.
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