La transición energética no puede frenarse ahora. Ese es el mensaje de los expertos internacionales reunidos por Fundación Naturgy y el Real Instituto Elcano, que reclaman más inversión, más competitividad y más respaldo social para avanzar en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica.
El encuentro, celebrado ayer jueves 5 de noviembre bajo el título Sendas geopolíticas de la transición energética: objetivos climáticos, ha analizado las metas climáticas desde una perspectiva ambiental, geopolítica y económica, con la mirada puesta en sus costes y en el apoyo ciudadano.
Durante la jornada, los ponentes han debatido cómo compatibilizar la acción climática con la seguridad energética y la competitividad industrial, así como las políticas y las inversiones necesarias para que el cambio de modelo energético llegue a buen puerto.
Ni un paso atrás
La intervención principal ha corrido a cargo de Laura Díaz Anadón, vicepresidenta de la European Scientific Advisory Board on Climate Change, el consejo científico que asesora a la Unión Europea en materia de clima. Su ponencia ha abordado el papel de la transición en la seguridad y la resiliencia de Europa.
Díaz Anadón ha defendido mantener el rumbo de la acción climática frente a quienes plantean rebajar su ambición para atender las preocupaciones económicas y de seguridad. «Muchos de los desafíos que enfrenta Europa hoy en día no son causados por las políticas climáticas ni por la transición energética», ha advertido.
«Son el resultado de las mismas dependencias que la transición busca superar», ha añadido la experta, que ha puesto el foco en la continua dependencia del petróleo, el gas y el carbón importados, una situación que deja expuestos a hogares, empresas y gobiernos.

Seguridad y competitividad
Esa dependencia se traduce en vulnerabilidad ante la volatilidad de los precios y la manipulación geopolítica. Frente a ella, la eficiencia energética, el despliegue de renovables y la electrificación permiten reducir emisiones, reforzar la autonomía estratégica y lograr precios más estables.
En materia de competitividad, la vicepresidenta del organismo europeo ha subrayado que Europa «debe aprovechar sus capacidades científicas y de ingeniería, sus empresas innovadoras y su base industrial para competir en las tecnologías que sustentarán la economía del futuro».
Entre ellas figuran las renovables, la electrificación, las redes, el almacenamiento avanzado y los procesos industriales bajos en carbono. «Nuestra estrategia competitiva no puede consistir en recrear la economía del pasado. Debe centrarse en competir por el liderazgo en la economía del futuro», ha sentenciado.
Resiliencia climática
La resiliencia ha sido otro de los ejes de su intervención. «Los efectos del cambio climático ya afectan a la economía, las infraestructuras y la sociedad», ha recordado la experta, que ha defendido avanzar a la vez en la reducción de emisiones y en la adaptación.
«Retrasar la acción no evitará estos impactos; al contrario, agravará las pérdidas futuras y elevará los costes de adaptación», ha alertado Díaz Anadón, en referencia a los efectos del calentamiento global que ya no se pueden evitar.
Para lograrlo, ha reclamado una inversión sostenida en infraestructuras de energía limpia, una expansión y modernización más rápidas de la red eléctrica y la electrificación allí donde sea rentable y técnicamente factible.
Una transición socialmente justa
«Lo que Europa necesita ahora no es un retroceso en sus ambiciones climáticas, sino una implementación más rápida, coherente y creíble», ha insistido. Ese esfuerzo debe ir acompañado de apoyo a la innovación, formación para los trabajadores y respaldo a las regiones que dependen de los combustibles fósiles.
La vicepresidenta ha cerrado su ponencia con una defensa de la acción climática como prioridad estratégica: «La disyuntiva para Europa no es elegir entre la acción climática por un lado y la seguridad, la competitividad y la resiliencia por otro».
«El reto es perseguir estos objetivos de forma conjunta mediante una transición ambiciosa, bien gestionada y socialmente justa», capaz de impulsar una economía más resiliente, un sistema energético más seguro y asequible y una base industrial renovada.
Más de 70 países con leyes climáticas
A continuación, se ha celebrado un panel moderado por Gonzalo Escribano, director del Programa de Energía y Clima del Real Instituto Elcano. Han participado Alina Averchenkova, del Grantham Research Institute de la London School of Economics; Valentina Martínez, directora de OIKOS, e Israel Solorio, de la UNAM.
«Vamos muy atrasados con la implementación, pero también hay una historia positiva: más de 70 países cuentan ya con leyes marco de cambio climático a nivel nacional», ha señalado Averchenkova, responsable de Gobernanza y Legislación del centro británico.
Estas normas, según la investigadora, «han mejorado la coordinación, especialmente en el sector público, y han fortalecido la rendición de cuentas». Y ha lanzado una advertencia: «Esta transición no tendrá éxito si la ciudadanía no la respalda y no comprende sus objetivos».

España, más que electrones baratos
Valentina Martínez ha puesto el foco en España: «La gran oportunidad no consiste únicamente en que España se convierta en exportadora de electrones baratos hacia el norte, sino en atraer la demanda allí donde la energía es actualmente más barata».
«Esto es política industrial europea y no solamente política energética», ha añadido la directora de OIKOS. Ha reconocido que en España «se ha hecho muy bien el despliegue de renovables», aunque falta completar el sistema con almacenamiento y redes.
Martínez también ha pedido revisar el calendario de cierre nuclear y la estructura de la factura energética. «Necesitamos decisiones que permitan inversiones rentables», ha recalcado, frente a una «carrera de subvenciones» entre países o una normativa «que está cambiando constantemente».
La mirada latinoamericana
Israel Solorio, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ha destacado que «la cercanía cultural que existe entre América Latina y España es un puente que abre muchas oportunidades en el terreno climático y energético».
«Para América Latina, el cambio climático está siempre de la mano de las perspectivas de desarrollo. En los últimos años nos hemos especializado en tener excelentes leyes, pero el problema que estamos teniendo es la implementación», ha admitido el académico mexicano.
Por eso, se ha mostrado «más escéptico» sobre la estabilidad que pueden aportar las leyes marco en una región muy vulnerable a los cambios políticos. «Los ciudadanos tienen que estar en el centro y las empresas también tienen que ser un motor de esta transición», ha defendido.
El fin del dinero barato
La jornada ha sido inaugurada por Francisco Reynés, presidente ejecutivo de Naturgy, y José Juan Ruiz, presidente del Real Instituto Elcano. Reynés ha recordado que «el cambio climático, la transición energética y la agenda verde siguen allí», aunque cada país los interpreta de forma distinta.
«El mundo está cambiando a una velocidad que habría sido increíble hace unas décadas. El análisis geopolítico es cada vez más relevante y necesario», ha subrayado el directivo, que ha definido estas charlas como «un referente de un buen think tank compartido».
Ruiz ha ido más allá: «El debate sobre el cambio climático, tal como lo habíamos planteado durante una década, ha llegado a su final de ciclo. Ha desaparecido el consenso, ha desaparecido la energía barata y la paciencia social se ha agotado».
Una cuestión de seguridad nacional
«El cambio climático no se negocia, pero los votantes sí que comienzan a negociar y a reaccionar a las medidas que toman los políticos», ha apuntado el presidente del Real Instituto Elcano, que también ha alertado del fin del dinero barato en el mundo.
A su juicio, se trata de un factor «absolutamente importante y decisivo», porque la transición energética «se diseñó con tipos de interés cero y exige inversiones ingentes que se financian con deuda». Por ello, ha defendido la necesidad de reestructurar el argumento.
«La transición no es una cruzada moral. La transición energética hoy, en esta situación geopolítica en la que nos encontramos, es un tema de seguridad nacional y de competitividad», ha zanjado Ruiz.
Objetivos climáticos viables
El cierre ha corrido a cargo de Rafael Villaseca, presidente de Fundación Naturgy, que ha defendido la necesidad de traducir los objetivos climáticos en políticas viables y mecanismos eficaces para alcanzarlos, sin perder de vista la dimensión internacional de la transición.
Villaseca ha insistido en tener en cuenta también sus implicaciones económicas y sociales, dos de las grandes claves que han atravesado el debate. Creada en 1992, Fundación Naturgy divulga el conocimiento sobre las nuevas tecnologías energéticas y la transición hacia un sistema más sostenible.
La entidad desarrolla, además, iniciativas de acción social para paliar la vulnerabilidad energética, un programa educativo de referencia en materia de energía y acciones de formación para mejorar la empleabilidad en el sector y promover el empleo verde.
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