El Ministerio de Transportes aún no ha dado la orden para que esa recomendación se convierta en un protocolo establecido, pero virtualmente todos los agentes que tienen voz en el sector ferroviario quieren que, cuando se produzca una anomalía en el sistema de señalización LZB que obligue a recurrir al BSL -un sistema de respaldo-, los trenes reanuden la circulación en modo marcha a la vista; es decir, a 40 kilómetros por hora.
Puesto que fue durante tras una transición como la descrita cuando se produjo el fatal accidente en Urda, muchos en el sector quieren que se revisen los protocolos para que los conductores puedan circular despacio hasta que se normnalice la situación del tráfico.
Lo han pedido los maquinistas, las operadoras ferroviarias (Renfe incluida), los sindicatos y, este sábado, también la Autoridad Administrativa Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes e Incidentes ferroviarios (Aitat), el organismo al que está adscrita la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), el ente que está llevando a cabo la investigación más técnica sobre las circunstancias que rodearon el fatal accidente de tren ocurrido el pasado 28 de octubre en Urda (Toledo), en el que fallecieron 69 personas.
La recomendación forma parte de un informe publicado este sábado, uno que llega cuando la investigación aún sigue abierta y todavía quedan varios meses para su conclusión, de lo que se desprende que la Aitat consideraba importante emitir esta opinión de cara a minimizar los riesgos en la alta velocidad.
En el documento, el organismo asegura que la tragedia de Urda puso de manifiesto «la necesidad de revisar los procedimientos aplicables a esta operación» -es decir, a la transición de un sistema LZB a BDSL- y de «evaluar los riesgos asociados a la transición entre ambos sistemas». «Asimismo», sigue el texto, «se considera necesario establecer una medida provisional que refuerce la seguridad durante la reanudación de la circulación».
Sobre la medida provisional, ya se ha explicado cuál es. Y sobre lo anterior, lo cierto es que resulta especialmente relevante, pues al fin y al cabo la Aitat viene a decir que las normas actuales adolecen de garantías cuando se trata de pasar de un sistema al otro.
Para explicarlo, hay que recordar que, cuando una anomalía en el sistema LZB (o RTMS) obliga a pasar a operar mediante el BSL, las condiciones de circulación deben adaptarse al otro sistema, cosa que pasa por comprobar y regularizar la posición de los trenes que ya se encuentran en la línea.
En opinión de la Aitat, esta operación requiere que los protocolos de los CRC (centros de control) «establezcan con claridad las actuaciones que deben llevar a cabo los responsables de circulación para regularizar la posición de los trenes y determinar las condiciones en las que puede autorizarse la reanudación de la circulación». El caso es que el organismo pide «revisar y adaptar dichos protocolos para contemplar específicamente esta situación.», así como analizar «los riesgos» que se pueden producir durante la transición. Y hasta que ese análisis no esté hecho, la Aitat pide que las reanudacionesse realicen en marcha a la vista.
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