El Papa ha recordado que los problemas más graves de un país solo se resuelven si se suman las fuerzas de todos. Lo ha dicho durante una emotiva visita al barrio más pobre y peligroso de Montevideo . Allí ha secado lágrimas de una mujer de la calle, ha abrazado a una anciana que cuida a los hijos de madres que trabajan lejos de casa y ha pedido que no se ignore la pobreza de las barriadas extremas de las grandes metrópolis. «No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver», ha clamado. Entre las habitantes de la barriada de Casavalle le esperaba Ana Alicia, de 20 años, que trabaja como administrativa en una oficina del centro de la ciudad. «Si en una entrevista de trabajo dices que vives en Casavalle, ya no te contratan, hay muchos prejuicios», explica a ABC. Describe las calles donde reside como escenario de luchas entre bandas criminales que compiten por el control del tráfico de droga en el país. «Yo no salgo de casa sola. A veces salir y tomar el ómnibus es difícil. Muchas veces tenemos que movernos en grupo para sentirnos más seguros», explica.Aunque el Estado no siempre se atreve a entrar aquí, la Iglesia sí que lo hace, pues viven religiosas y sacerdotes y trabajan instituciones católicas con centros de ayuda, casas de ancianos o colegios. «Antes, muchos ni siquiera tenían dinero para ir fuera a estudiar . Hoy hay más integración y más posibilidades. Estas escuelas y liceos han conseguido que los chicos tengan oportunidades», explica orgullosa Luz mientras espera a León XIV.Detrás de una de las barreras, mirando atenta lo que ocurre, lo espera Silvia. También ella creció en este lugar. Cuenta que estudió en uno de los colegios católicos que hay y que ahora enseña Historia en Montevideo. «Podría haber visto al Papa en cualquier otro lugar durante su viaje a este país, pero vine aquí porque esta gente es mi familia», asegura emocionada. «Aquí hay pobreza, pero también mucha gente trabajadora y buena», explica. León XIV bendice viviendasLeón XIV ha llegado a primera hora de la tarde, después de haber visitado una residencia de sacerdotes ancianos. Se ha bajado del papamóvil y ha caminado durante unos minutos por algunas calles. Ha entrado en un complejo en obras, donde con la ayuda del Vaticano, se están construyendo treinta viviendas para familias sin recursos. Allí ha bendecido a algunas personas que podrán trasladarse a ellas en unos meses. Después ha ido a pie hasta la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe , que asoma a un cruce de calles transformado durante unas horas en una plaza improvisada que ha reunido a unas doce mil personas. «Su presencia en Casavalle nos confirma que la Iglesia no nos abandona, que el Papa nos mira y nos tiene en su corazón, que Dios no se olvida nunca de nosotros», le ha presentado el párroco. Luego, una mujer con tatuajes en el rostro ha subido al estrado y le ha contado su historia. «Con tan solo 8 años tuve que hacerme cargo de mi madre no vidente. Viví violencia y abuso y, a los 15 años, terminé en la calle», le ha confiado. Ha hablado también Alan, de 32 años, que nació aquí y que ha organizado una escuela de rugby para ayudar a los jóvenes. «Cuando alguien cree en vos y te da una oportunidad, tu historia puede cambiar», ha asegurado al Papa. León XIV les ha escuchado conmovido y luego ha tomado la palabra.«Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad» Papa León XIV«No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos. No podemos ignorar que en nuestro entorno hay mucha gente que sufre, que está sola y es vulnerable », ha dicho desde esta periferia. «Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles. Mucho menos debería sufrir violencia hasta el extremo de llegar a perder la vida», ha clamado. A continuación, ha propuesto unir esfuerzos y que «la Iglesia, la comunidad civil y el Estado trabajen juntos». «Necesitamos despertar de nuestras inercias y abogar por el bien común. En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios asuntos», ha concluido.Le escuchaba Agustín, que se define ateo, y que ha venido con sus dos hijas. «Me parece un acontecimiento importante desde el punto de vista humano », ha justificado su presencia. «Esto es importante, porque muchos aquí viven con lo mínimo. No veo a nadie triste. Capaz que los hay, pero en un momento así uno se olvida un poco de todo eso». Pero la idea del Papa es que no sea un cambio de un momento.El Papa apela a la juventudEl Papa ha concluido la jornada con un encuentro con jóvenes en el emblemático Estadio Centenario, declarado monumento histórico por la FIFA en 1983. Aquí se jugó en 1930 el primer mundial de fútbol, ganado por Uruguay ante Argentina. El encuentro con León XIV ha sido uno de sus últimos eventos que acoge antes de que comience las reformas para albergar la inauguración de la Copa del Mundo 2030. Ante 70.000 personas en las gradas y en el campo, León XIV ha evitado la metáfora futbolera y ha preferido solicitarles con fuerza que «no se conformen con una vida simplemente correcta ni con una fe de costumbre que se contente con lo indispensable». Con valentía, ha reconocido la crisis católica en Occidente, donde «en muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores y crece el número de quienes atraviesan buena parte de su vida sin una relación habitual con la Iglesia ni con la práctica religiosa». En algunos lugares «Dios puede ser considerado innecesario y la fe confinada al ámbito privado, como si nada tuviera que aportar a la vida en común», pero «cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar», ha avisado.La fe, para el Papa, debe «notarse» en el propio estilo de vida. Su propuesta es que, «cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen . Cuando todos les digan que piensen primero en ustedes mismos, no tengan miedo de hacerse los últimos; sean capaces de entregar tiempo, dinero, comodidad y proyectos para servir a los demás». «Jóvenes, ustedes mismos atrévanse a dar el paso casándose y formando una familia. ¡No le teman al «para siempre»! Matrimonios, abran su casa a la vida, incluso cuando el mundo les diga que un hijo es una carga», ha pedido.
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