Salzburgo es uno de esos destinos donde el arte y la cultura ocupan un lugar protagonista. Y no solo por ser la ciudad natal de Wolfgang Amadeus Mozart, que también, sino porque acoge varios festivales de música clásica de talla mundial, alberga destacados museos y celebra más de 4.000 eventos musicales y culturales al año. Y, por si todo esto fuera poco, tiene una auténtica joya escénica: uno de los teatros de marionetas más antiguos y prestigiosos del mundo. Es en el número 24 de la Shwarzstraße, en un edificio que funcionó como hotel durante años, donde se encuentra el Salzburger Marionettentheater , uno de los espacios más mágicos y singulares de la ciudad. Este 2026, está, además, de aniversario: se cumplen 20 años de su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco . ‘La flauta mágica’, de Mozart; ‘El cascanueces’, de Chaikovski; o ‘El murciélago’, de Strauss; son algunas de las grandes obras que cobran vida en su auditorio, que puede acomodar hasta 350 personas. La compañía también ha sabido tender puentes con el arte contemporáneo, colaborando con reconocidos artistas como Georg Baselitz , quien diseñó los personajes de ‘La historia del soldado’, de Stravinski, estrenada en 2025.A esta vocación de preservar la tradición y explorar nuevos lenguajes escénicos se suma Puppets!, un festival que este año ha celebrado su segunda edición. Pasen y vean: les espera uno de los pocos teatros profesionales del mundo que mantiene vivo el fascinante arte de las marionetas de hilo. Auténticas personas en miniatura Anton Aicher, escultor de profesión, fue quien fundó este mágico espacio en 1913. Y su aportación no se quedó ahí, también inventó una herramienta especial para sujetar las marionetas, que cabe en una sola mano y que bautizó como ‘la cruz de Salzburgo’ . De ella cuelgan los hilos invisibles que dan vida a cada personaje mediante precisos y delicados movimientos. Desde el principio tuvo claro que su público no era el infantil, sino que sus espectáculos estarían dirigidos a adultos. Su propósito era acercar las óperas de Mozart a aquellos que no podían permitirse ir a un gran teatro y ofrecerles la oportunidad de disfrutarlas en un formato diferente, pero igualmente fascinante. La primera función que estrenaron fue ‘Bastien und Bastienne’. Con el paso del tiempo, sin embargo, el programa creció haciendo hueco a obras dirigidas a familias y niños. Escenario y bambalinas del teatro Rocío JiménezAicher buscaba, además, que los títeres cobraran vida y que sus movimientos no fueran mecánicos. Su idea era que, una vez se abriera el telón y apagaran las luces, los espectadores tuvieran la impresión de estar viendo a seres humanos diminutos en movimiento. Y lo cierto es que, después de unos minutos observando cómo se mueven y gesticulan, los hilos desaparecen y la magia se hace realidad gracias al increíble trabajo del equipo. Para que esto sea posible también es importante el escenario : sus dimensiones, la abertura, la profundidad –cuenta con tres niveles o plataformas– y las proporciones respecto a las marionetas están cuidadosamente estudiadas para ofrecer realismo. El teatro, de propiedad privada por aquel entonces, paso por tres generaciones de la misma familia. Su fundador se lo cedió a su hijo como regalo de bodas, aunque, más que un obsequio, lo que Hermann Aicher recibió fue todo un reto, pues continuar con la labor de su progenitor no iba a ser nada fácil. Durante el tiempo que estuvo al frente, este supo aprovechar los avances tecnológicos. Por ejemplo, comenzó a utilizar las grabaciones de las óperas una vez que se habían obtenido los permisos pertinentes y resuelto las cuestiones legales de derechos de autor. Esto permitió reducir el personal necesario para las representaciones, lo que facilitó que la compañía pudiera viajar a otros teatros del mundo a mostrar sus espectáculos que, dicho sea de paso, estaban teniendo un gran éxito. Estados Unidos y el Lejano Oriente fueron sus primeros destinos. Marionetas en el escenario y una integrante del equipo moviendo los hilos desde arriba Rocío JiménezEn 1951, la producción de ‘La flauta mágica’ se estrenó en Boston, mientras que, en 1958, la representación de marionetas de Salzburgo inauguró el primer festival de Osaka. La última descendiente de Anton Aicher, Margarete , estuvo al frente del teatro hasta su fallecimiento en 2012. Pero, antes de morir pudo transmitir su conocimiento y enseñar a utilizar las marionetas a la mitad del equipo. Más de 500 marionetas talladas a mano A partir de entonces, el teatro dejó de estar en manos de la familia fundadora y pasó a estar gestionado por una asociación cultural sin ánimo de lucro, que vela por la continuidad de este legado artístico. Actualmente, Susanne Tiefenbacher está al frente de la dirección ejecutiva, mientras que Philippe Brunner ejerce como director artístico. Imagen de Susanne Tiefenbacher, directora del teatro Rocío JiménezMantener vivo este arte no es fácil, pues requiere de mucha dedicación y destreza. «Los nuevos aprendices tienen que acudir presencialmente al teatro para recibir la formación. Pueden llegar a pasar entre seis y ocho años hasta que llegan a interpretar un papel importante dentro de una producción», explica Susanne Tiefenbacher. «El objetivo es alcanzar tal grado de dominio que ya no tengas que pensar qué hacer con los dedos. Los movimientos tienen que estar tan interiorizados que acabas convirtiéndote en el personaje al que das vida, transmitiendo todas sus emociones e impulsos», añade.Formar parte de las representaciones de este teatro tan especial no es fácil, pues aquí no se contrata a artistas autónomos ni a titiriteros para producciones puntuales, todo se hace en casa. «Actualmente, todos los titiriteros tienen contratos a jornada completa, por eso somos uno de los últimos teatros de marionetas que cuenta con una compañía estable y fija. Ahora somos diez y estamos formando a dos personas jóvenes», cuenta Tiefenbacher.Bocetos, la bailarina que requiere de cinco personas para moverse y marioneta en el escenario Rocío JiménezEn sus instalaciones se cuentan entre 500 y 600 marionetas , todas ellas talladas a mano. Una sola producción requiere de 30 a 90 figuras y hasta once titiriteros. Desde la concepción de la obra hasta el estreno suelen transcurrir dos años, pues aquí realizan todo con máxima atención al detalle, desde la talla de cada figura hasta la confección de su vestuario. Para hacerse una idea, hay figuras, como la bailarina, que requieren de hasta cinco personas para moverla. Y así, entre hilos invisibles, movimientos precisos y talento, mucho talento, este peculiar escenario lleva a sus espectadores a creer por unas horas que la magia existe.
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