Escucha activa, empatía, comunicación…El amor y sus ingredientes para una convivencia plena en pareja constituyen una de las grandes conversaciones de la humanidad. No son pocos los libros de expertos que corren en nuestros días sobre los aspectos que llevan al traste una relación y cuáles, en cambio, ayudan a que funcione. Y más en una época de ‘amor líquido’ como en la que nos encontramos, donde a las flechas de Cupido cada vez le llega antes la fecha de caducidad.Conseguir una pareja de largo recorrido se está convirtiendo en toda una epopeya griega. Y es que pese a que no hay datos oficiales sobre la duración de las parejas en España, sí que se sabe que los matrimonios que acaban en divorcio – 7 de cada 10 – viven de media 16,5 años, dejando de lado aquello del amor eterno para épocas anteriores.«La convivencia genera una saturación progresiva que erosiona el vínculo entre las personas»En este contexto se ha pronunciado el psicólogo clínico y experto en terapia de pareja Antoni Bolinches, quien reflexiona sobre que el principal obstáculo para mantener una relación estable no es la falta de amor inicial, sino la convivencia. En una entrevista junto a Isabel Gómez-Alba, coach de separaciones y experta en inteligencia emocional, en su pódcast, el divulgador sostiene que «el gran enemigo de la pareja es la propia convivencia», porque genera una saturación progresiva que erosiona el vínculo entre las personas.Con casi cinco décadas dedicadas al estudio de las relaciones humanas, el creador de la Terapia Vital -un modelo humanista de intervención terapéutica- plantea que enamorarse es relativamente sencillo, pero mantenerse enamorado constituye el verdadero desafío. «El amor casi nunca muere de hambre, casi siempre de indigestión», explica el psicólogo, de 79 años, en una entrevista. Para el psicólogo experto en terapia de pareja, el problema se explica por un mecanismo psicológico muy habitual: las virtudes de la otra persona acaban percibiéndose como algo normal. «A las cosas buenas de tu pareja te habitúas. Por tanto, aquello que era bueno ya no es tan bueno. ¿Y qué pasa con las malas? Son peores», afirma el especialista.Así, mientras lo positivo pierde fuerza por la costumbre, los defectos se vuelven más visibles y difíciles de tolerar. El resultado es lo que el psicólogo denomina una «depreciación recíproca» del sentimiento amoroso: la pareja deja de valorar aquello que antes la unía y concentra su atención en las fricciones cotidianas.Diferencias entre hombres y mujeres: «Lo relevante es el grado de madurez para gestionar las diferencias»Esta dinámica, según Bolinches, afecta de manera desigual a hombres y mujeres. En su opinión, la mujer queda más decepcionada porque suele esperar más de la relación y realiza una mayor inversión emocional. «Como ella espera más, porque invierte más, queda más decepcionada», señala el experto.Frente a la idea de que las relaciones duraderas dependen de encontrar una «media naranja» perfecta, Bolinches defiende que el factor decisivo es la madurez emocional de ambos miembros. «Lo relevante es el grado de madurez para gestionar las diferencias», plantea.Para el psicólogo, las parejas más sólidas no son necesariamente las que comparten más intereses o tienen menos conflictos, sino las que saben negociar los desacuerdos sin dañar el vínculo. «Cuanto mayor es la divergencia y menor el grado de madurez, más inviable es la relación», advierte. A su juicio, incluso diferencias aparentemente grandes pueden convivir si existe respeto y capacidad de diálogo.Bolinches también identifica las cuatro bases que, en su opinión, sostienen una buena elección de pareja: «un buen ensamblaje sexual, unos caracteres compatibles, una escala de valores similar y un proyecto de vida convergente». Aun así, insiste en que lo esencial sigue siendo la madurez para manejar las pequeñas divergencias en cada uno de esos ámbitos. «Lo importante es gestionar bien las diferencias, respetarse y poder ser uno mismo estando con el otro», resume.
Powered by WPeMatico