Si alguien conoce el éxito es él. Ha vendido más de doce millones de ejemplares de sus novelas. Es un superventas consolidado, el personaje perfecto para conversar sobre la difícil tarea de remontar, en este caso, uno o varios triunfos. Reponerse, salir adelante: esa es la idea que esta serie de entrevistas ha explorado a lo largo de todo el verano. Sobreponerse a la enfermedad, Borja Sémper ; a una lesión, Carolina Marín; a una decisión política, Máximo Huerta… Toca el turno ahora a Juan Gómez-Jurado , autor de la saga ‘Reina Roja’, protagonizada por la detective Antonia Scott. Escritor (antes periodista) y personaje, Juan Gómez-Jurado asaltó el mundo editorial hace veinte años. Corría 2006 cuando publicó ‘El espía de Dios’ (Planeta), un thriller ambientado en el Vaticano que consiguió un millón y medio de lectores en 42 países. Desde entonces han pasado unos cuantos años en los que Gómez-Jurado ha recorrido todas las fases editoriales, desde la autopublicación hasta las reimpresiones de sus libros en los catálogos de los grandes sellos. Ahora le llueven las reediciones, los compromisos y los lectores. Gómez-Jurado amasa no sólo millones de lectores, también incondicionales durante sus apariciones en ‘Todopoderosos’ y ‘Aquí hay dragones’, formatos que igual podrían ser una performance como un pódcast. Sobre el verano como época de solsticio y transformación, también acerca de los retos que propone una carrera literaria y de las trampas del éxito, conversa en esta ocasión Juan Gómez-Jurado. —En una entrevista anterior le escuché decir que del éxito uno no se repone. ¿Por qué?—Porque es algo que cuesta mucho más asumir como propio. Es muy fácil asumir el fracaso como propio. Cuando yo publico una novela y no la lee nadie, no gano dinero para pagar la hipoteca, pues es obvio que el problema está en mí. Sin embargo, si publicas un libro, le gusta a muchísima gente, la gente lo comparte y funciona el boca a oreja —que, como sabes, es la única manera de que los libros funcionen en el mundo—, es una cosa que ha sucedido fuera. El marketing no sirve para nada. Ayuda, pero no construye megaéxitos. Con lo cual, del éxito no te puedes reponer porque es algo que te ha caído encima, no algo que puedas asumir como una cosa que tú hayas hecho bien o mal.—Pongamos que del éxito no consigue reponerse. Pero hay cuestiones de las que es difícil remontar. —Con Reina Roja fue una de las primeras veces en las que empecé a darme cuenta de que había sucedido algo que era mucho más que la suma de las partes. Por supuesto, no sabíamos lo que iba a suceder, ni los millones de libros que íbamos a vender solo aquí en España, ni todas las traducciones, ni nada de todo eso. Pero te diré una cosa muy bonita que tiene que ver con las remontadas: todos los libros son una remontada. Nadie es consciente de que todos los libros vendidos no te aseguran ni una sola línea del siguiente. Todas y cada una de las veces tienes que empezar de cero. Es más: cada día tienes que empezar de cero. Cada día es una remontada. Te levantas un día como hoy, sales a la calle, haces esta entrevista y luego tienes que subir a casa y volver a trabajar. Escribir es una remontada diaria.—Pensemos en el verano como el tiempo, en principio, del ocio, de parar. Pero el verano también induce a la reflexión. ¿El verano sirve para mudar de piel o para morir? ¿Ha sido decisivo en su proceso creativo?—El verano para mí es justo lo contrario. Mientras todo el mundo descansa, para mí es la época de más actividad intelectual y literaria, porque es cuando me encierro a escribir. Por eso, para mí los últimos veranos han sido muy importantes. Los de 2017 y 2018 son quizá los más importantes, aunque solo sean fechas en el calendario, porque no recuerdo muy bien cómo salieron aquellos libros. Recuerdo que, cuando leí ‘Mientras escribo’, de Stephen King, él decía que no recordaba haber escrito ‘Cujo’, entre otras cosas porque estaba borracho y lleno de cocaína. Yo pensaba: «Pero ¿cómo no te vas a acordar de haber escrito una novela?». Y luego me pasó. Hay libros que escribes con un estado de ánimo tan concentrado, tan disociado de ti mismo, que de repente, dos años después, no te acuerdas de nada. Tienes pequeños flashes. No sé por qué pasa esto. Supongo que porque llegas a un cansancio muy grande. Poca gente es consciente de lo exigente físicamente que es escribir un libro. No es, para entendernos, correr una maratón, pero físicamente es muy exigente. No es un simple trabajo de oficina. Quizá por eso no me acuerdo de haber escrito algunos libros.—¿Algún autor, alguna música o alguna película que asocie especialmente al verano?—Los autores de verano para mí siempre van a incluir a Stephen King, al que vuelvo todos los años. Con alguno de sus setenta y pico libros, no es nada difícil encontrar uno. También recupero muchos de los libros que leía cuando era niño, porque es una manera de sentirte otra vez joven, aunque ya vaya siendo bastante imposible. Por ejemplo, ahora estoy leyendo ‘Momo’. Adoro a Michael Ende —o Mijael Ende, como se pronuncie; yo no sé pronunciarlo—. También me gusta mucho recuperar en verano, que es cuando tengo a todos los niños a mi alrededor, películas de nuestra infancia, clásicos que les puedan divertir. Por ejemplo, el año pasado vimos ‘Tiburón’, ‘El exorcista’, ‘La profecía’, ‘Los siete magníficos’, ‘Una pandilla alucinante’, ‘Gremlins’, ‘Los Goonies’… Clásicos o películas de diversión y aventuras. Y música, en casa está sonando música todo el rato y casi siempre la misma. Así que por ahí voy a pasar, porque la verdad es que es de lo único en lo que no cambiamos.—¿Cuál es su primer recuerdo del verano? El más temprano de todos—Muchas cosas las recordamos por persona interpuesta o, en este caso, por fotografía interpuesta. Yo te diría que es el de mis padres en una playa de Gandía, conmigo en una colchoneta en el agua. Esa foto la tengo muy presente. Es una de mis fotos favoritas de mi familia. Pero creo que el recuerdo más persistente, el que permanece en mi imaginación y que asocio a la felicidad, soy yo en un sofá, a la hora de la siesta, leyendo en el apartamento del pueblo que mis padres alquilaban todos los años. Leía mientras se me metía arena dentro del bañador y tenía que estar quitándomela de vez en cuando. Todavía tenía arena entre los pies. Mi madre me decía: «Lávate los pies antes de subir a casa, que luego se llena todo de arena». Daba igual. Me recuerdo rascándome la arena de las piernas y leyendo un libro tras otro. Así recuerdo mis primeros veranos. Y la verdad es que no se me ocurre una forma de ser más feliz.—¿Hay algún fracaso del que esté particularmente orgulloso por haberlo remontado? —Más que de un fracaso en concreto, te hablaría del conjunto. Creo que la personalidad se construye, en general, en torno a la reacción ante lo inesperado. No esperabas en absoluto que las cosas fueran a salir por ese lado, pero no te vienes abajo. Te levantas y dices: «Bueno, ahora vamos a intentar sacar lo máximo posible de esta situación».
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