El verano tiene algo que el resto del año no siempre consigue: vuelve a poner a las personas unas frente a otras. Las fiestas de los pueblos, las verbenas, las terrazas, los viajes o las reuniones familiares multiplican los encuentros y favorecen conversaciones con quienes hacía tiempo que no veíamos. También abren la puerta a conocer a personas nuevas. Y entre los mayores de 55 años parece existir un interés creciente por ampliar ese círculo. Según el VI Barómetro del Consumidor Sénior, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, el 53% de los españoles mayores de 55 años toma la iniciativa para salir, conocer gente nueva y ampliar su círculo de amistades. Un 31% realiza este tipo de planes al menos una vez al mes y un 12% lo hace varias veces a la semana.«Durante mucho tiempo, la longevidad se relacionaba fundamentalmente con conservar la salud física y mental y mantener la autonomía», explica Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre. Sin embargo, añade, hoy existe una mirada más amplia: «Una buena calidad de vida también pasa por mantener una vida social activa, seguir haciendo planes, cuidar nuestras relaciones y construir nuevas amistades». El dato que más llama la atención aparece al observar a quienes actualmente no realizan este tipo de actividades. Entre ellos, el 74% asegura que le gustaría hacerlo. En términos absolutos, son alrededor de 5,8 millones de personas en España que quieren ampliar su vida social, pero no están encontrando la manera de convertir ese deseo en participación real.Las razones son diversas. El coste de determinadas actividades, no tener con quién acudir, las responsabilidades de cuidado de familiares, las dificultades de movilidad o desplazamiento o incluso no saber dónde encontrar propuestas pueden convertirse en obstáculos. A ello se suma la brecha digital cuando toda la información o la inscripción se realiza por internet. El verano, en este sentido, ofrece una especie de oportunidad natural. «Estos meses nos lo ponen más fácil para volver a encontrarnos y relacionarnos de una forma mucho más espontánea», apunta Fernández Palacios. El buen tiempo y los días largos favorecen que se salga más, mientras que las fiestas populares y las verbenas reúnen a personas de distintas generaciones y facilitan conversaciones y reencuentros.Pero no hace falta esperar a una gran celebración para ampliar el círculo. Viajar, hacer deporte, participar en actividades culturales, apuntarse a un curso, colaborar con una asociación, acercarse a una actividad del barrio o simplemente sentarse en una terraza pueden convertirse también en oportunidades para relacionarse con personas diferentes. «Lo importante es mantener una actitud abierta y positiva, tener iniciativa y no limitar nuestras relaciones al círculo que ya conocemos», señala el experto. Y es que la vida social también cambia cuando cambia la vida. La jubilación supone dejar atrás el contacto diario con compañeros de trabajo; cuando los hijos se independizan, desaparece buena parte de la rutina ligada a la crianza; una separación puede obligar a reorganizar la red de amistades y, en el caso de la viudedad, pueden desaparecer de golpe rutinas, planes y relaciones que formaban parte de la vida compartida .Cinco millones de sénior quieren más vida socialPor eso, conocer gente nueva no implica necesariamente sustituir las amistades de toda la vida. Puede significar incorporar nuevos estímulos y salir de rutinas demasiado conocidas. Una nueva persona puede descubrir una afición, introducir en otro grupo, recomendar una actividad o simplemente ofrecer una manera diferente de mirar las cosas. «Mantenemos viva la curiosidad, salimos de nuestras rutinas y seguimos aprendiendo», explica Fernández Palacios. También hay un componente familiar y generacional. Las vacaciones permiten recuperar el contacto con personas que se ven poco durante el año y compartir tiempo con hijos, nietos, hermanos u otros familiares. Pero, al mismo tiempo, pueden hacer más visible la falta de compañía de quienes llegan al verano con una agenda mucho más vacía de lo que desearían. En esos casos, explica el experto, la ausencia de los encuentros habituales puede intensificar la sensación de soledad.«Se puede empezar con un plan a la semana, una actividad que realmente nos interese« Fernández PalaciosLa solución no pasa únicamente por la iniciativa individual. Pueblos, asociaciones y administraciones tienen también un papel a la hora de generar espacios donde relacionarse durante todo el año. Talleres, actividades culturales, excursiones, deporte, voluntariado o encuentros entre vecinos pueden facilitar que una persona se incorpore a un grupo sin necesidad de llegar acompañada. Y tampoco es necesario hacer grandes cambios de golpe. «Se puede empezar con un plan a la semana, una actividad que realmente nos interese o simplemente proponiéndonos hablar con alguien nuevo», propone Fernández Palacios. Pequeños pasos que, con continuidad, pueden devolver la iniciativa y hacer que la vida social vuelva a ocupar un espacio propio en la rutina.MÁS INFORMACIÓN noticia No Mayores que tienen que ayudar a sus hijos: la vuelta de tuerca de la economía noticia No Goyo Velasco, 98 años: «Hay que estar sentado contemplando. No hay que estar allí haciendo cosas» noticia No ‘Millennial mal’ y la juventud infinita: «Muchos cuarentones seguimos viviendo como jóvenes» noticia No Pablo Ojeda da las claves para adelgazar sin pasar hambre: «Bajarás peso para toda la vida»La idea, en definitiva, encaja con una forma distinta de entender el envejecimiento . Vivir más años también significa disponer de más tiempo para aprender, participar, emprender proyectos y establecer nuevas relaciones. Como resume el director del Centro de Investigación Ageingnomics , «vivir más no consiste únicamente en añadir años a nuestra vida, sino en conseguir que esos años sigan estando llenos de experiencias, relaciones, proyectos y posibilidades».
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