Es el repudiado, ese que Christopher Nolan dejó en la esquina de los olvidados en su largometraje a pesar de que Homero le dedicó un libro entero –la ‘Ilíada’– y varias páginas de la ‘Odisea’, en la que aparece como espíritu. Ni un fotograma ha regalado el director a Aquiles, el pélida –hijo de Peleo–, el guerrero que venció a Héctor y que, según la traición, impulsó la caída de Troya . A cambio, el autor clásico si narró sus pormenores, sus deseos, sus batallas, sus desvelos… y hasta describió el armamento que portaba cuando marchó a recuperar a Helena. Unas panoplia a caballo entre la realidad y el mito y estaba formada por espada, lanza, coraza, grebas, casco y escudo.Los combates en la ‘ Ilíada ‘ poco tienen que ver con los siglos posteriores: en la guerra de Troya que presenta Homero –un autor a caballo entre la realidad y el mito– no había nutridas falanges con miles de hoplitas armados con lanzas. Esta formación no empezó a implementarse hasta el siglo VIII a. C., mientras que, de haber existido el conflicto, los historiadores coinciden en situarlo mucho antes, a finales del siglo XIII a. C., en la Edad del Bronce. En las batallas que presenta el escritor clásico, el grueso del ejército apenas tiene importancia; el epicentro eran grandes héroes como Ajax o Héctor que, en palabras del escritor, se desplazaban en carro hasta los puntos clave para luchar de forma individual contra los grandes guerreros enemigos. Lo más pintoresco es que lo hacían acompañados de deidades que les protegían.Armas realesSi intentamos reconstruir desde el punto de vista histórico el armamento de Aquiles, habría que buscarlo entre las armas conocidas en el mundo micénico. La doctora en Geografía e Historia María Isabel Rodríguez López defiende en el dossier ‘Las armas de Aquiles’ que portaban un «armamento pesado y costoso formado por varios elementos». El más característico era la lanza o ‘dory’, de entre dos y tres metros –los restos arqueológicos no son esclarecedores– y que contaba con tres partes: una punta de bronce que podía superar los 20 centímetros, un astil de madera y un regatón para clavar en el suelo el arma mientras no se utilizaba. En la ‘Ilíada’, Homero pone en boca del pélida varias referencias a ella: «¡Zeus gloriosísimo […]! ¡No se ponga el sol antes que yo […] rompa con mi lanza la coraza de Héctor en su mismo pecho!».Si fallaba la lanza, Aquiles habría desenvainado el ‘xifos’, una espada corta, de entre 40 y 60 centímetros, fabricada en bronce, con doble filo y que servía tanto para cortar como para estocar. Según la ‘Ilíada’, no eran utilizadas en masa por los héroes, aunque sí existen diferentes pasajes en los que el autor se refiere a ellas: «Eurípilo Evemónida dio muerte al divino Hipsenor […]. Poniendo mano a la espada, de un tajo en el hombro le cercenó el robusto brazo, que ensangrentado cayó al suelo».También había armas improvisadas. Las más llamativas eran piedras arrojadizas, y Homero las describió en infinidad de pasajes. Con una de ellas, se lee en la misma ‘Ilíada’, el gigantón Ajax derribó al afamado Héctor: «Ayante entonces, tomando una piedra mucho mayor, la despidió haciéndola voltear con una fuerza inmensa. La piedra torció el borde inferior del hectóreo escudo, y chocando con las rodillas de Héctor lo hizo caer de espaldas». Desde el punto de vista defensivo, el infante griego contaba también con una amplia variedad de elementos. El más característico era un escudo redondo que viene acompañado de una contradicción histórica: en la ‘Ilíada’ se afirma que la mayoría eran grandes «como una torre» y que cubrían todo el cuerpo. La realidad es que, en el siglo XIII a.C., los había de una infinidad de formas y tamaños: desde circulares y pequeños, como muestran las evidencias pictóricas halladas en el llamado Vaso de los Guerreros, hasta con forma de ocho. La equivocación nace de que la obra fue escrita varios siglos después del supuesto conflicto. Los soldados también contaban con un yelmo o ‘kraneos’ (Homero sostiene que estaban hechos de cuero y contaban con dientes de jabalí), unas grebas de bronce (‘knémides’) que protegían las espinillas y una coraza del mismo material.El descubrimiento de la panoplia de Dendra , una armadura completa fechada en el siglo XV, demuestra que los micénicos ya utilizaban corazas de bronce varios siglos antes de la fecha en la que algunos investigadores sitúan el conflicto que pudo estar detrás de la supuesta guerra de Troya. Con todo, existe debate sobre si en el siglo XII a.C. se seguían usando o si, por el contrario, se apostaba por materiales como el cuero rematado con elementos metálicos.El mito homéricoLa mitología dedicó muchas líneas este tema. Rodríguez López recuerda en su dossier que, atendiendo al mito, fue Tetis quien entregó a su hijo Aquiles una panoplia de bellas armas que habían pertenecido a su esposo, Peleo. Lo hizo antes de que el guerrero partiera hacia Troya, sabedora de que moriría allí. En el Canto XVIII de la ‘Ilíada’, el mismo héroe las define como «armas prodigiosas, encanto para la vista, magníficas, que los dioses regalaron a Peleo, como espléndido presente, el día en el que lo colocaron en el tálamo de un hombre mortal». Entre ellas había una lanza pesada, «grande y fornida», que solo Aquiles podía manejar y que «había sido cortada de un fresno de la cumbre del Pelio».Sin embargo, la guerra se las arrebató. Cuenta la ‘Ilíada’ que la armadura y parte del equipo se perdieron después de que Patroclo, su gran amigo, se disfrazara con ellas para enfrentarse a Héctor. Cuando el príncipe troyano acabó con él en duelo singular, se hizo con la armadura. Aunque no con la lanza, que Patroclo había dejado en el campamento por ser demasiado pesada.«Ayante entonces, tomando una piedra mucho mayor, la despidió haciéndola voltear con una fuerza inmensa. La piedra torció el borde inferior del hectóreo escudo, y chocando con las rodillas de Héctor lo hizo caer de espaldas» La IlíadaFue una vez más Tetis la que acudió al rescate de Aquiles al subir al Olimpo y pedir al dios herrero Hefesto nuevas armas para su hijo. Estas son las palabras que le atribuye la ‘Ilíada’ a la deidad: «Vengo a abrazar tus rodillas por si quieres dar a mi hijo, cuya vida ha de ser breve, escudo, casco, hermosas grebas ajustadas con broches, y coraza; pues las armas que tenía las perdió su fiel amigo al morir a manos de los troyanos, y Aquiles yace en tierra con el corazón afligido». Hefesto, en deuda con ella por haberle salvado la vida cuando era un bebé, accedió: «Fabricó en primerísimo lugar un alto y compacto escudo, primoroso por doquier, y en su contorno puso una reluciente orla de tres capas, chispeante, a la que ajustó un áureo talabarte. El propio escudo estaba compuesto de cinco láminas y en él fue creando muchos primores con su hábil destreza». Después, terminó el resto: la coraza, el casco y las grebas.La ‘Ilíada’ cuenta que, después de recibir aquel regalo, Aquiles retó a Héctor para vengar a Patroclo. El príncipe portaba la armadura que le había arrebatado, pero el pélida consiguió clavarle su gigantesca lanza en el cuello, el único punto débil que había entre la coraza y el casco. Así recuperó la panoplia de Peleo.
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