El cuidado de la piel no depende únicamente de utilizar muchos productos, sino de elegir ingredientes que realmente puedan aportar beneficios y que respondan a las necesidades concretas de cada persona. Entre los activos más habituales en las fórmulas cosméticas se encuentran la vitamina E y la glicerina, dos componentes que ayudan a mantener una piel con un aspecto más saludable, hidratado y protegido.
«La vitamina E es un antioxidante frente al envejecimiento y la glicerina mantiene la hidratación», explica Vicente Calduch, farmacéutico. La vitamina E destaca especialmente por su acción antioxidante, mientras que la glicerina mantiene la piel cuidada e hidratada. La combinación de ambos ingredientes permite abordar dos aspectos esenciales del cuidado facial: la protección frente al estrés oxidativo y la hidratación.
Ingredientes clave en dermocosmética
En la formulación de un producto de dermocosmética, algunos ingredientes aportan un valor diferencial al potenciar sus resultados y mejorar la experiencia de uso. Entre ellos se encuentran la glicerina, que ayuda a mantener la hidratación; la vitamina E (tocoferol), con acción antioxidante frente al envejecimiento; el ginkgo biloba, que contribuye a proteger y revitalizar la piel; y la Acmella oleracea, conocida por proporcionar un efecto alisador inmediato. El resto de componentes, como texturizantes y emolientes, contribuyen a conseguir una textura ligera, una buena absorción y una aplicación agradable para el uso diario.
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«La vitamina E, conocida también como tocoferol, es un potente antioxidante liposoluble que se encuentra de forma natural en alimentos como frutos secos, semillas, aceites vegetales y vegetales de hoja verde. Su principal función en cosmética es proteger las células de los daños provocados por los radicales libres, que son moléculas inestables generadas por la exposición a rayos UV, contaminación y estrés ambiental», detalla U/1ST.
La vitamina E se ha convertido en uno de los ingredientes más apreciados en el cuidado de la piel gracias a sus propiedades antioxidantes y a su capacidad para ayudar a mantenerla hidratada, protegida y con un aspecto saludable.
- Si bien no sustituye al protector, puede actuar como complemento gracias a su capacidad antioxidante, ayudando a combatir los radicales libres que se generan como consecuencia de la exposición a los rayos UV.
- Gracias a su acción antioxidante, ayuda a neutralizar los radicales libres, moléculas inestables que dañan las células de la piel y que aumentan por factores como la radiación solar o la contaminación. Cuando el estrés oxidativo se mantiene durante mucho tiempo, puede contribuir a la aparición de signos visibles del envejecimiento, como arrugas o pérdida de firmeza y elasticidad. En este contexto, la vitamina E protege la piel frente a estas agresiones.
- Asimismo, ayuda a cuidar la barrera cutánea, una estructura fundamental para conservar la hidratación y proteger la superficie de la piel frente a las agresiones externas. Esto es fundamental para evitar una pérdida excesiva de agua y para que la piel pueda defenderse mejor frente a elementos externos.
- Otro de los beneficios más conocidos de la vitamina E está relacionado con la hidratación. Al favorecer el funcionamiento de la barrera lipídica, ayuda a la piel a retener la humedad y puede reducir la pérdida de agua.
- Finalmente, el uso habitual de productos con vitamina E ayuda a mejorar el aspecto de las líneas de expresión y las arrugas gracias a sus propiedades hidratantes y antioxidantes.
Vitamina C
La vitamina C se ha convertido en uno de los ingredientes estrella de la cosmética por su capacidad para aportar luminosidad, mejorar el aspecto de la piel y protegerla frente a las agresiones externas. «La vitamina C es clave para aportar luminosidad, mejorar la calidad de la piel y protegerla frente al estrés oxidativo diario, especialmente en rutinas que buscan eficacia», explica Vicente Calduch, CEO de la compañía.
Es uno de los antioxidantes más estudiados y utilizados en dermatología gracias a su capacidad para combatir los radicales libres, moléculas inestables que pueden acelerar el envejecimiento cutáneo. Además, la vitamina C desempeña un papel muy importante en la producción de colágeno; esta proteína resulta fundamental para mantener la estructura, la elasticidad y la firmeza de la piel, pero su producción disminuye progresivamente con el paso de los años.
A esto se suma su capacidad para aportar luminosidad. La vitamina C puede ayudar a mejorar la apariencia de las manchas y favorecer un tono más homogéneo, por lo que resulta especialmente interesante para quienes buscan combatir el aspecto apagado del rostro. Según Calduch, «la vitamina C es uno de los activos más completos para devolver luminosidad y uniformidad a la piel, pero también para mejorar su resiliencia frente a las agresiones externas».
Eso sí, ningún ingrediente sustituye unos hábitos básicos de cuidado. La protección solar diaria, una limpieza adecuada y una hidratación adaptada a las necesidades de cada piel siguen siendo fundamentales para conservarla en buenas condiciones.
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