El robo del fabuloso tesoro de Villena en la madrugada de este jueves en el Museo de Villena (MUVI) se produce apenas un mes después de que cuatro encapuchados se llevaran 200 monedas de oro del Museo de Albacete en minuto y medio , y a los cuatro meses del hurto del tesoro de Villanueva de la Serena llevado a cabo en el Museo Arqueológico de Badajoz el pasado 25 de abril.En la localidad alicantina, los ladrones penetraron por una ventana de uno de los laterales del edificio y una vez dentro del museo, se llevaron gran parte del conjunto original, formado por 66 piezas de oro, plata, ámbar y hierro de unos diez kilogramos de peso, fechadas en torno al año 1.000 antes de Cristo. «¡Es una barbaridad! ¡Una desgracia enorme! El tesoro de Villena es uno de los documentos más importantes de Europa de la Edad de Bronce », se lamenta visiblemente impresionada Alicia Perea , una de las mayores expertas en joyería antigua de España.«Me preocupa mucho porque el tesoro de Villena no tiene salida ninguna en el mercado, es muy conocido, y o bien los ladrones son tan bestias que lo quieren fundir o quizá pretenden pedir un rescate por él», aventura Perea.En apenas cuatro minutos y tras haber activado la alarma en el polideportivo municipal como distracción, los encapuchados se llevaron el botín más preciado del MUVI, aunque en su huida perdieron una corona de plata . Los investigadores sospechan que podrían formar parte de una banda organizada especializada en este tipo de robos y no descartan una conexión entre los recientes asaltos a museos españoles .La Policía Judicial aún investiga el robo perpetrado por la fuerza en la noche del 27 de julio en el museo de Albacete. Los ladrones rompieron una ventana y se llevaron dos colecciones numismáticas de incalculable valor de la sala de arqueología. Una de ellas, hallada en el pueblo de Madrigueras, estaba formada por 42 monedas de oro de las épocas de Carlos III, Carlos IV, Fernando VII e Isabel la Católica. La segunda colección, de 180 monedas de oro del siglo XIX, había sido descubierta en Villamalea.También se desconoce el paradero de las 149 monedas de oro de época de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII que fueron robadas en abril en el Arqueológico de Badajoz. El conjunto, de casi cuatro kilos de peso, había sido desenterrado en 1987 en Villanueva de la Serena y se exponía en una vitrina, que los ladrones violentaron con una maza u objeto contundente. Se cree que fueron tres o cuatro personas, que forzaron la reja de una ventana ubicada en la parte trasera del edificio y huyeron después en dos motos.Museos vulnerablesBorja Sémper, vicesecretario de Cultura y portavoz del PP ha señalado en sus redes sociales que «hay un problema de seguridad que las administraciones no pueden ignorar» y que «al margen del ámbito competencial de cada institución, el Estado debe proteger nuestro patrimonio y promover estándares comunes de seguridad y emergencias» porque «España no puede acostumbrarse a esto». Desde el Ministerio de Cultura que dirige Ernest Urtasun, hasta el momento no se han pronunciado sobre este nuevo golpe al patrimonio español.Para el arqueólogo Ignacio Rodríguez Temiño, «el robo del Tesoro de Villena debería provocar algo más que consternación» porque es el tercer asalto grave a un museo español en apenas unos meses y obliga a formular una pregunta: ¿ en qué condiciones estamos custodiando nuestro patrimonio arqueológico ?».El conservador de la necrópolis romana de Carmona, coautor de ‘¿Cuánto valen los platos rotos? Teoría y práctica de la valoración de bienes arqueológicos’, cree habrá que investigar si el MUVI, como antes el Arqueológico de Badajoz o el de Albacete, ofrecían la resistencia que debían frente a un ataque rápido y violento. «Durante años hemos convertido los museos en piezas de las políticas de promoción turística. Se inauguran edificios, se reforman espacios, se diseñan exposiciones espectaculares y se multiplican los recursos destinados a hacerlos atractivos. El problema empieza cuando el efectismo arquitectónico y museográfico prevalece sobre una función menos vistosa pero esencial: un museo existe, ante todo, para investigar, conservar y custodiar bienes culturales. Y custodiar cuesta dinero de manera permanente. No basta con cámaras y alarmas . Hace falta protección física, análisis de riesgos, mantenimiento, actualización tecnológica, protocolos de intervención y, sobre todo, personal. Vigilantes suficientes, también cuando el museo está cerrado, y conservadores capaces de supervisar de forma continuada las condiciones de las colecciones», sostiene este doctor en Arqueología y Ciencias de la Antigüedad.El caso de Villena resulta «especialmente incómodo», a su juicio, porque el MUVI es un museo de reciente inauguración (2024). «Todavía habrá que determinar exactamente qué falló en Villena . Pero una cosa ya resulta evidente: cuatro minutos bastaron para que uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de Europa dejara de estar bajo la custodia del museo que debía protegerlo». Para Rodríguez Temiño «quizá sea hora de hablar menos de golpes de película y más de política cultural. De presupuestos. De plantillas. De conservadores. De vigilancia 24/7. De seguridad física. De mantenimiento. Porque un museo no se conserva con retórica. Y un tesoro de tres mil años tampoco se protege con una fotografía de inauguración».Robos más violentos de oro y joyasNo solo en España se están llevando a cabo robos de este tipo. A plena luz del día, unos ladrones entraron en julio en el museo de Chatillon-sur-Seine, en la región de Borgoña (Francia), rompieron una vitrina y se llevaron un torque de oro de época celta, perteneciente al Tesoro de Vix , valorado por su antigüedad y significado histórico.En un informe especial publicado esta semana, Europol alerta de que los ladrones de arte en Europa están cometiendo robos más violentos centrados cada vez más en metales preciosos y gemas , por su creciente demanda en el mercado y porque pueden fundirse o extraerse y facilitar la reventa ilícita, sin dejar rastro para las fuerzas del orden. El precio del oro se ha disparado en los últimos años hasta alcanzar este año su máximo histórico de 4.705,96 euros por onza. Según la Asociación del Mercado de Lingotes de Londres, citada por Reuters, los inversores y los bancos centrales están recurriendo al metal precioso como refugio seguro y «a medida que los precios del oro alcanzan niveles históricos, también aumentan los flujos ilícitos y las distorsiones del mercado».La agencia policial de la Unión Europea destaca, por su parte, en su informe que el oro y las joyas «resultan atractivos para las redes criminales debido a su visibilidad, accesibilidad y la percepción de que las medidas de seguridad de los museos son menos rigurosas que las de las joyerías».A su juicio, el robo en el Museo del Louvre de París en octubre del año pasado es un ejemplo de estos cambios de tácticas y objetivos detectados en últimos golpes perpetrados en el mundo del arte. Cuatro asaltantes entraron en el museo a plena luz del día por una ventana, utilizando una camioneta y un montacargas, amenazaron a guardias y visitantes y se llevaron joyas por valor de 88 millones de euros de la Sala Apolo, entre ellos la valiosa tiara de la emperatriz Eugenia.Ese mismo año, en enero, unos ladrones detonaron explosivos en la puerta del Museo Drents de Assen (Países Bajos) y una vez dentro, robaron como el yelmo de oro dacio de Cotofenesti y tres brazaletes de oro. El casco y dos de los brazaletes fueron recuperados y devueltos recientemente a Rumanía, pero un tercer brazalete continúa en paradero desconocido. Otro de este tipo de hurtos tuvo lugar en 2024, cuando cuatro sospechosos encapuchados, equipados con bates de béisbol y hachas, irrumpieron en el museo de arte Cognacq-Jay en Francia y se llevaron siete objetos adornados con oro y diamantes, antes de huir del lugar en scooters.Reclutados en redes socialesEl creciente uso de la violencia parece indicar la participación de delincuentes con un perfil diferente al de quienes tradicionalmente se dedican a los delitos contra el patrimonio cultural. Europol constata que a menudo tienen antecedentes de participación en otros tipos de delitos y han sido reclutados localmente a través de redes sociales y canales de comunicación instantánea, sin conexiones previas entre sí. «Esto difiere de la estructura habitual de las redes criminales involucradas en el tráfico de bienes culturales, que normalmente operan en un grupo central organizado en torno a un líder», subraya la agencia, que apunta la posibilidad de que algunos delincuentes y redes, generalmente activos en otros mercados criminales, se hayan percatado del potencial de bajo riesgo y alta rentabilidad de los robos en museos.
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