En la ciudad de San Sebastián , custodiando uno de los extremos de la bahía de la Concha, se levanta uno de los mejores miradores del destino, un enclave lleno de historia y viejas glorias que no puede faltar en una ruta por este rincón vasco. El Monte Igueldo es todo un clásico, como un buen vino que mejora con los años, y que, además, ha sido capaz de imponerse ante la oleada de construcciones futuristas y altamente tecnológicas. Y es que, a veces, lo más antiguo no se asocia a viejo o chatarra, sino a magia, la magia de resistir y no seguir la corriente a un mundo cada vez más impersonal. Muy cerca del Peine del Viento se sitúa una estación con la que uno no solo sube a la cima del monte, sino que, también, comienza un viaje al pasado. Aquí se coge, todavía, el funicular cremallera con vagones de madera que se abrió allá por agosto de 1912 –lo que hace que sea el más antiguo del País Vasco– y que tiempo atrás llevaba a los donostiarras al casino o salón de bailes que se ubicaba en la cima. Hoy día, permite llegar hasta el parque de atracciones , otra reliquia, en el buen sentido de la palabra, de la ciudad.El gran complejo del Monte Igueldo fue inaugurado en 1911 aunando tradición y modernidad. Primeramente, acogió un Casino al que acudía la alta sociedad, pero en 1925 se convirtió en un elegante recinto de bailes y, finalmente, en un parque de atracciones. En 1967 el solar que ocupaba el antiguo casino-restaurante pasó a acoger el hotel de cuatro estrellas Mercure Monte Igueldo , que acabó convirtiéndose en toda una institución. La importancia de este espacio ha sido tal a lo largo de los años que en 2014 se declaró Conjunto Monumental. Un enclave único para pasar el día Este parque vintage es de esos rincones con aires antiguos, pero mucho encanto donde todavía resisten sus antiguas atracciones, hasta un total de 20 , pensadas para que lo pasen en grande tanto niños, como adultos. Una de las más míticas del complejo es la ‘Montaña Suiza’ , perfecta para los amantes de la adrenalina que, además, cuenta con el añadido de las vistas al mar. El Río misterioso, el Gran Laberinto, el Carruel o las Camas elásticas son otros de los clásicos a tener en cuenta. Imagen del funicular, atracción Montaña Suiza y El Torreón Alberto G. Rovi (1 y 3) y Juanedc – Wikimedia Commons Aquí se encuentra también El Torreón , un antiguo faro de leña cuya historia comienza en el siglo XVIII, aunque se sabía ya desde el siglo XVI de la existencia de una señal luminosa que guiaba a las embarcaciones evitando muchos naufragios. Actualmente, acoge en su interior una exposición que habla de cómo eran los modos de vida y costumbres en el pasado. Y ojo porque desde su terraza almenada se obtiene una panorámica increíble pudiendo ver desde el vizcaíno cabo de Matxitxako, hasta las landas francesas. Así mismo, cuentan con varios miradores panorámicos a la ciudad, que ofrecen la que es la estampa más compartida de San Sebastián y con un gastro bar para picar algo o tomarse un descanso de tanta acción.Dónde dormir: Akelarre Hotel Relais & ChâteauxEnclavado en la ladera del Monte Igueldo, escondido entre la espesa vegetación y con vistas –libres de obstáculos– al Cantábrico, está Akelarre Hotel Relais & Châteaux , un proyecto con el que Pedro Subijana , figura esencial del movimiento de la Nueva Cocina Vasca que cumple 50 años este 2026, y su hija Oihana ponen el broche de oro a su propuesta culinaria de primer nivel reconocida, desde 2007, con tres estrellas Michelin. Imagen del Akelarre Hotel Relais & Châteaux AkelarreOfrecer una experiencia completa que aúna gastronomía, bienestar y hospitalidad era, sin duda, el paso más lógico a seguir para quienes como Subijana sueñan a lo grande y se atreven a arriesgarse. Desde 2017 que se inauguró, la excelencia de la que siempre presumió y presume el restaurante Akelarre fluye de forma orgánica por todo el complejo. El hotel, que ha sabido fusionarse con el terreno que lo acoge acomodándose a su escarpada orografía, cuenta con apenas 22 habitaciones y no necesita más. Pues es ahí donde reside el verdadero lujo, en poder disfrutar de amplias estancias en las que reina el silencio, de tomar el primer café de la mañana mirando al mar, de bajar revoluciones en un spa y de mimarse con un tratamiento. La zona wellness es un espacio solo para adultos orientado a la relajación del cuerpo y la mente desde una perspectiva holística. Este cuenta con una piscina cubierta con circuito de hidromasaje, sauna seca, hamman, zona relax con hamacas que miran al mar a través de una cristalera de suelo a techo y varias cabinas para tratamientos. Estos se realizan con productos de alta cosmética avanzada de firmas como Valmont, emblema de la cosmética celular suiza cuyos productos se enriquecen con ingredientes puros procedentes de los glaciares alpinos y el binomio ADN-ARN, o Woods Copenhagen , firma danesa que apuesta por la pureza con productos a base de ingredientes naturales y orgánicos. Imagen de una de las habitaciones, terrazas panorámicas y cócteles Akelarre y Rocío JiménezPor otro lado, la expresión más libre y versátil de la cocina de Pedro se presenta en el Espazio Oteiza, cuya propuesta está construida en torno al territorio, la técnica y la atención minuciosa y en la que el protagonista es el producto de proximidad. La carta de este templo del buen comer, que cuenta con un Sol en la Guía Repsol, mantiene un diálogo con su ‘hermano mayor’ y presenta algunas exquisiteces como la lasaña de txangurro con berberechos, la famosa lubina a la pimienta verde o el cochinillo asado con patata suflada. Aquí se disfruta también de los desayunos, que son a la carta. Las joyas de la corona de este nuevo concepto bautizado en honor al escultor Jorge Oteiza que es amigo de la familia y visitante habitual, son, sin duda, sus terrazas panorámicas – con 1.400 m2–, que casi parecen estar suspendidas en el aire sobre el mar. Ver el atardecer en una de ellas mientras se saborea un cóctel de la propuesta de Patxi Troitiño –referente de la coctelería a nivel internacional– es una experiencia inolvidable y hasta casi divina. Tanto el Espazio Oteiza como el Spa están abiertos al público en general, no es necesario alojarse en el hotel para disfrutar de ambos, solo reservar.
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