Trabajar en Madrid mientras se vive en las afueras o en otro municipio, es la realidad actual de muchos trabajadores, si se tiene en cuenta el precio de la vivienda en la capital. Otros en cambio, también optan por la tranquilidad de vivir alejado de la ciudad, pero manteniendo el trabajo, aunque esto implique tener que desplazarse todos los días.
Es el caso de Martín, un albañil colombiano que vive con su familia en Camarena, Toledo, pero trabaja en Madrid. Su historia se ha conocido a través del canal de YouTube La Blue Kombi, donde ha contado cómo es su vida en este municipio y las diferencias que encuentra respecto a la capital. La elección tiene sus ventajas, pero también implica asumir desplazamientos para acudir al trabajo y una situación laboral que no siempre es estable. Aun así, Martín parece tener claro qué lugar prefiere cuando termina su jornada. La tranquilidad de Camarena y el entorno que ofrece a sus hijas son dos de las razones que más valora.
Un albañil que vive en Toledo y trabaja en Madrid por 60 euros al día
Actualmente, Martín trabaja en una obra en Madrid. Llegó a este empleo gracias a una persona de su entorno que le ayudó a encontrar una oportunidad dentro del sector de la construcción. «Ahora mismo estoy trabajando en una obra. Un amigo me ayudó a entrar y estamos dándole», explica, aunque el hecho de tener trabajo en estos momentos no significa que dé por sentada su continuidad. Martín reconoce que las oportunidades pueden variar y habla con naturalidad de la incertidumbre que acompaña a su situación laboral. «El tema del trabajo aquí es relativo, puede haber como que no. Vamos dándole», reconoce.
También explica cómo funciona su remuneración. En lugar de hablar de un salario mensual fijo, Martín señala que cobra en función de las jornadas trabajadas. En concreto, asegura que recibe alrededor de 60 euros por día en la construcción. «Aquí nos pagan por día, gano unos 60 euros diarios en la construcción. Me alcanza», afirma. Es precisamente esa posibilidad de encontrar empleo en Madrid la que le permite mantener su residencia en Camarena. La capital concentra muchas más oportunidades laborales que un municipio pequeño, mientras que vivir fuera de ella le proporciona otras ventajas que, en su caso, tienen un peso importante.
La tranquilidad de Camarena: «Para mis niñas es mucho más tranquilo»
Cuando Martín habla de Camarena, una palabra aparece de forma recurrente: tranquilidad. Es precisamente una de las principales diferencias que encuentra entre su localidad y Madrid. «La vida aquí es muy tranquila. En Madrid hay mucho más movimiento», explica. Pero el ritmo del municipio toledano no es lo único que destaca, sino que también habla de la relación con las personas que viven allí y asegura haberse encontrado con un ambiente cercano. «La gente es muy amable y sociable», señala.
Por otro lado, hay un motivo que parece pesar especialmente en su elección: sus hijas. Vivir en un municipio pequeño les permite, según explica, disfrutar de una libertad y una tranquilidad que él valora para su vida familiar. «Para mis niñas es mucho más tranquilo, pueden salir a caminar a la plaza», cuenta. Su experiencia refleja así una de las alternativas de quienes trabajan en grandes núcleos urbanos pero optan por establecer su residencia fuera de ellos. La decisión obliga a asumir el tiempo y el coste de los desplazamientos, aunque a cambio permite separar el lugar de trabajo del entorno elegido para vivir.
El peso de los trabajadores extranjeros en la construcción
La historia de Martín también pone el foco sobre una realidad del sector de la construcción en España: la creciente presencia de trabajadores extranjeros en determinados oficios. Según datos recogidos por El Blog Salmón, los trabajadores extranjeros representan alrededor del 39% de los albañiles en España. Su presencia ha adquirido especial importancia en un sector que lleva años advirtiendo de las dificultades para encontrar profesionales y garantizar el relevo generacional.
Oficios como los de albañil, peón, encofrador o yesero continúan necesitando mano de obra. Al mismo tiempo, la construcción se ha convertido en una vía de entrada al mercado laboral para trabajadores procedentes de otros países. La situación de Martín muestra, sin embargo, que encontrar una oportunidad no siempre equivale a tener garantizada una estabilidad a largo plazo. Él mismo reconoce que el trabajo «es relativo» y que puede haber épocas en las que existan más posibilidades que en otras.
Por ahora tiene una obra, cobra unos 60 euros por cada jornada trabajada y asegura que esa cantidad le alcanza. Al terminar el día regresa a Camarena, donde ha encontrado precisamente aquello que echa en falta cuando compara el municipio con Madrid. Para Martín, asumir el desplazamiento merece la pena si a cambio sus hijas pueden crecer en un entorno en el que, como él mismo resume, pueden salir tranquilamente a caminar a la plaza.
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