Invertir se hace más necesario que nunca, especialmente para aquellos que se están estrenando en el mercado laboral. La forma de producir está cambiando a ritmos acelerados y se prevé una verdadera revolución con la inteligencia artificial. Sus beneficios serán desiguales, por lo que es necesaria una previsión, es decir, estar preparados para los cambios que se vienen.
En general, los salarios se vienen degradando desde hace décadas. Esto se ve muy fácil si se compara con la evolución de la cotización del oro. Con un sueldo medio anual español, se podían comprar en 2013 un total de 780 gramos del metal dorado. Hoy, el salario promedio anual es igual a 240 gramos de oro, un 70% menos.
El oro es la reserva de valor por excelencia, pues sirve para conocer la pérdida de poder adquisitivo de los que viven bajo el yugo de la moneda fiat (todos nosotros). Los datos muestran un desplome real en el salario que ni siquiera reflejan las estadísticas típicas que tratan de medir la inflación (sin conseguirlo).
Si se hace la comparación entre el salario medio y cualquier otro activo real (como los inmobiliarios), el resultado sería similar. La realidad es que ser asalariado es cada vez menos rentable, especialmente tras las grandes subidas de precios que las economías han experimentado tras la pandemia.
En ese contexto, sólo ha existido una forma de escapar de la degradación monetaria: la inversión. El ahorro, cuando está contenido en moneda fiat, se va achicando. Sin embargo, cuando está (bien) invertido, por lo menos conserva su valor.
En este punto, cabe preguntarse: ¿Y esto va a seguir siendo así? Todo parece indicar que no sólo la tendencia va a continuar, sino que su ritmo se va a acelerar, sobre todo tras la extensión de la inteligencia artificial.
En la actualidad, las empresas se encuentran discutiendo sobre el papel que la IA va a tener en su cadena de producción (hace poco se supo que el Banco Santander llegó a hacer una encuesta entre sus empleados para recoger ideas) o invirtiendo mucho dinero para implementarla.
Cuando esto se resuelva, comenzará otra etapa: la que mejorará de forma real y exponencial la productividad del capital en el conjunto del sector privado. Es posible que antes de que eso suceda pueda haber caídas pronunciadas en Bolsa, puesto que en la actualidad las subidas se sostienen gracias a las compañías tecnológicas, pero a largo plazo el beneficio llegará a la industria, al turismo, a la educación…
Esa mejora de la productividad del capital, como es obvio, se traducirá en una mejora de la productividad del trabajo. Sin embargo, esto último será sólo una consecuencia. El desarrollo de la IA impactará de forma especialmente positiva en el capital y, muy posiblemente, desplazará a muchas personas.
Aquellos que sepan manejar la IA se verán beneficiados, o aquellos que trabajen desde la pura creatividad, pero muchos procesos serán enormemente acortados y, con ellos, los puestos laborales. Es el caso, por ejemplo, del análisis financiero, tal y como publicamos la semana pasada en OKDIARIO.
Este escenario dibuja una situación muy complicada para aquellos que pretenden vivir igual de bien sólo a costa de su sueldo. Desgraciadamente, quizás eso llegue a no ser suficiente. Mientras tanto, la parte del capital seguirá aumentando su productividad a cotas nunca vistas en la historia.
Invertir es más necesario que nunca
Por ello, invertir es más necesario que nunca. En un momento de degradación monetaria y de caída de los salarios reales, mientras el capital empieza a producir más y más, lo deseable sería que todo el mundo tuviera acceso a esas rentas del capital y no se quedara sólo con las del trabajo.
Nos dirigimos hacia un mundo en el que es imperante democratizar la inversión y recuperar en cierto modo esa idea chestertoniana del distributismo, es decir, tratar de que los beneficios del aumento de productividad del capital recaigan sobre el mayor número posible de personas.
Y eso sólo se consigue de una manera: educación financiera. Las herramientas para invertir ya están disponibles para todo el mundo gracias a la tecnología. Cualquiera puede ser propietario de cualquier empresa del Ibex 35. Ahora, lo que hace falta es que esa toma de conciencia llegue a toda la población.
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