Hacer un ‘simpa’ es, en el lenguaje coloquial de la hostelería española, irse de un bar o restaurante sin pagar la cuenta. Y aunque muchos lo asocian a pequeñas cantidades, la práctica puede escalar a cifras muy elevadas y, cuando hay indicios de que nunca existió intención de pagar, derivar en un delito de estafa. En este contexto, el restaurante Tropicaña, en Orro (Culleredo, La Coruña), ha vivido lo que su propietaria, Carol Sao Luis, califica como el ‘simpa del siglo’ en los medios gallegos: una fiesta de cumpleaños infantil con más de 80 invitados y una factura impagada de unos 7.000 euros. Poca broma.El ‘simpa’ se apoya en la picaresca: excusas para ganar tiempo (‘voy a hacer una transferencia’, ‘ahora no tengo efectivo’), salidas coordinadas del local, o incluso el uso de identidades o datos falsos en reservas. En los últimos meses han proliferado variantes más sofisticadas, como falsificar recibos bancarios con inteligencia artificial para simular que el pago se realizó. Jurídicamente, la línea entre impago y estafa depende de la intención: si desde el principio se finge solvencia y se consume sin voluntad de pagar, los tribunales lo encajan como fraude.Un cumpleaños al que no le faltó marisco, hinchables ni barra libre de bebidaLa historia comenzó a principios de agosto, cuando una mujer contactó con el Tropicaña para organizar el quinto cumpleaños de su hija. Según Carol, la clienta no puso objeción a nada: contrató carne a la brasa, marisco, aperitivos, tartas, barra libre, botellas personalizadas y servicios extra como hinchables para niños. Para formalizar, entregó una fianza de 500 euros, lo que, en principio, tranquilizó a la hostelera pese a que le pareció extraño que aceptara todo sin regatear.El día del evento acudieron más de 80 comensales, superando la previsión inicial de 60. La fiesta transcurrió con normalidad durante casi tres horas, pero al filo de la una de la madrugada, cuando Carol pidió liquidar la cuenta, la organizadora dijo que no tenía dinero en ese momento porque había discutido con su pareja, quien llevaba las cuentas, y prometió hacer una transferencia al llegar a casa. Mientras los responsables del local trataban el asunto, el grupo -aún numeroso, unas 40 personas- se marchó, incluida la presunta deudora. Carol asegura que tuvo tiempo de fotografiar la matrícula del coche ante la sospecha de que necesitaría esos datos para una denuncia.Las horas pasaron sin ingreso alguno y al reclamar por WhatsApp, la mujer respondió que el restaurante no había prestado los servicios pactados y, según Carol, anunció que pagaría «lo que le parecía a ella», no lo acordado. La hostelera incluso se ofreció a acudir al domicilio con su marido para retirar el dinero, opción que fue rechazada. Ante la gravedad, presentó denuncia ante la Guardia Civil por un posible delito de estafa. Los agentes habrían localizado ya a la implicada y trasladado que los hechos podrían ser constitutivos de estafa, dado el importe y las circunstancias.Carol denuncia que el local quedó destrozado y aporta imágenes como prueba, y subraya que 7.000 euros son «muchísimo dinero» para un negocio como el suyo. Como medida preventiva, el Tropicaña planea endurecer las condiciones de reserva para eventos de gran envergadura, exigiendo adelantos económicos mucho más elevados.
Powered by WPeMatico