Las luces de neón iluminan la Arthur Ashe, convertida en una discoteca para la ocasión, al ritmo de los Black Eyed Peas. I got a feeling that tonight’s gonna be a good night (tengo el presentimiento de que esta noche va a ser una buena noche). Alcaraz también lo tenía desde el momento en el que escuchó su nombre por megafonía y puso un pie en pista. Su lenguaje gestual lo expresaba y su tenis lo confirmó, aunque para ello tuvo que aplacar (4-6, 6-0, 3-6, 2-6) el ímpetu de Faria, cuyo presentimiento fue tornándose a medida que avanzó la noche. También creía que sería positivo, pero Alcaraz lo creyó con más fuerza.
No obstante, el baile nocturno comienza al compás marcado por Faria. Primero un paso y luego otro. El portugués siguió su coreografía al milímetro y eso desestabilizó a Carlitos de la tarima con una prima manga excelsa. Faria, de saque potente y juego valiente, buscaba que Alcaraz pensara de más y, en ocasiones, lo conseguía. Especialmente cuando el murciano tenía que servir. «¿Qué hago con mi saque? Es una puta mierda», le dijo a su banquillo. Tras cuatro servicios, su media apenas superaba los 165 km/h, lejos de los casi 200 que promediaba antes de la lesión.
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