El Gobierno aventa el espantapájaros de la ‘Internacional Ultra’ para no tocarle un pelo a Marruecos, pero como reza el chiste, la Policía no es tonta y si ve una colilla dice: «Aquí han fumado». Más allá del debate sobre la paranoia de que hay un pérfido fantasma de repercusión mundial que tiene la culpa de todo, la papeleta de Marlaska con el informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras es para que recoja los bártulos inmediatamente. Ahora se puede afirmar con rotundidad que Sánchez nos mintió con destreza profesional en la entrevista de Aimar Bretos cuando dijo, sin fruncir el ceño ni desviar la mirada, que no existía ningún informe que apuntase a Marruecos como responsable de la invasión y que toda la culpa era de la fantasmagórica ‘Internacional Ultra’, de Rusia y de Israel. Y hasta del toro que mató a Manolete. También se puede gritar al viento que el intento de ayer del ministro de señalar a los policías que han hecho el famoso informe es una de las más cobardes desvergüenzas de la historia de nuestra democracia. No se conformaron con purgar de manera fulminante a la funcionaria que había osado dar dos días después de la invasión la única cifra más o menos acertada de cuantas han vertido los miembros del Gobierno desde hace un mes, 70.000 personas. Como la verdad se paga tan cara en el sanchismo, ahora también han caído en la tentación de señalar a los policías por informar sobre lo que ocurrió. Escalofriante.También podemos concluir tras la revelación del informe del CENIF que atribuye a la gendarmería marroquí la organización del asalto a la frontera de Ceuta que en la disputa entre Marlaska y Margarita Robles tenía razón la ministra de Defensa, a la que por no mentir –sería excesivo decir que contó toda la verdad– han crucificado todos sus compañeros, empezando por el jefe. Y para rematar el gran dislate gubernamental en este asunto, se puede inferir que la capacidad de gestión del equipo de Sánchez es nula. Cuando el presidente asegura que el CNI no informó de nada, en realidad está reconociendo que no ha funcionado un organismo que depende de él. Porque no enterarse de que se han concentrado 80.000 personas al otro lado de la valla procedentes de distintos puntos de Marruecos es un escándalo. Lo que pasa es que reconocer que el CNI sí informó y ellos no hicieron nada sería peor. Y entre lo malo y lo peor, el presidente escoge lo malo, que es lo mismo que hizo ayer Marlaska al enviarle una carta al director general de la Policía Nacional para que investigase «la veracidad» de un informe realizado por un departamento del ministerio que él dirige. ¿Un mes después el ministro no sabe nada y tiene que preguntar si de verdad existe un documento interno que señala a Marruecos? O no ha trabajado, o miente. Por una de las dos razones, debe irse. Por eso hasta los alcaldes socialistas se unieron a la inmensa concentración nacional en defensa de Ceuta, convertida hoy en la frontera que separa la dignidad de la ignominia y la mentira.
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