Hay amenazas que no se ven, que permanecen ocultas bajo el agua y no por ello dejan de ser especialmente peligrosas. Pueden llevar décadas en el fondo del mar y, aún así, conservar intacta su capacidad de destrucción. La mina naval es el arma asimétrica por excelencia: barata, fácil de colocar, difícil de atribuir y capaz de cerrar un puerto o un estrecho con un coste ridículo comparado con el daño que produce. Contra este enemigo invisible batalla el cazaminas Turia M-34 de la Armada española, que este martes se adentra en aguas del Mediterráneo durante cuatro meses en misión de la OTAN para garantizar la navegación de las rutas marítimas, condicionadas durante los últimos años por las guerras en Ucrania y Oriente Próximo.ABC ha podido conocer de primera mano el papel que desempeñará el buque español en las labores de la Agrupación Permanente de Medidas Contra Minas número 2 de la OTAN (SNMCMG-2) en el Mediterráneo, bajo control operativo del mando marítimo continental. Durante los próximos meses, la alianza militar desarrollará operaciones de guerra de minas, adiestramiento avanzado y ejercicios multinacionales, con el objetivo de detectar, clasificar, identificar y, si procede, neutralizar artefactos explosivos submarinos. «Trabajamos para que el mar siga siendo transitable», señala el comandante del Turia M-34, Carlos Paula Diago.El despliegue militar llega en un momento donde la seguridad en el Mediterráneo se ha visto comprometida por la cascada de conflictos bélicos. La guerra en Ucrania trasladó al ámbito marítimo nuevas tensiones con la aparición de minas a la deriva en el mar Negro, mientras que la crisis del mar Rojo alteró los flujos de tráfico que entran y salen por Suez, con efectos directos sobre los puertos europeos. «Es un mar seguro para navegar porque hay quien lo vigila», constata el capitán de corbeta. No obstante, la OTAN, inmersa en una etapa de rearme en sus capacidades, no descarta que la situación en Oriente Próximo pueda derivar consecuencias directas sobre la navegación. El Mediterráneo y Oriente Próximo están estrechamente interconectados a través de rutas marítimas estratégicas desde Asia como las que atraviesa el canal de Suez, por donde discurre buena parte del tráfico mercante que llega a los puertos europeos. Cualquier alteración de la seguridad en esa región —ya sea por tensión geopolítica, actividad de actores no estatales o incidentes contra el tráfico mercante— repercute en los flujos comerciales y en la percepción de riesgo de las navieras. Por ello, la vigilancia permanente y la interoperabilidad entre las marinas aliadas son «esenciales» a juicio del comandante Paula Diago -especialista en sistemas de combate y con una amplia experiencia en operaciones en el extranjero-, ya que «permiten anticipar, disuadir y responder con rapidez ante cualquier derivada que afecte a la libertad de navegación».El capitán de corbeta y comandante del cazaminas Turia, Carlos Paula Diago ABCEn esta misión, el Turia aporta la capacidad específica para cazar minas mediante su equipo de buceadores contra artefactos, un grupo de alta especialización que escasea en el conjunto de la alianza continental. Es decir, son los que buscan lo que nadie quiere encontrar y lo hacen mejor que cualquiera. El M-34, que forma parte del Arsenal Militar de Cartagena, es el cuarto buque de la serie Segura, posee 54 metros de eslora y cuenta con una tripulación de unos cuarenta personas, entre oficiales, suboficiales y marinería.Explosivos en el fondo del marEl cazaminas español, junto con los demás buques de la OTAN, principalmente de procedencia francesa, italiana, griega, turca, holandesa y belga, operará durante cuatro meses en la totalidad del Mediterráneo bajo múltiples escenarios de riesgo, desde los propios de la navegación como la meteorología adversa, averías o emergencias médicas, como también la desactivación de explosivos, algunos con décadas en el fondo marino y en estado incierto, y lidiar con el tráfico denso de sus rutas. Para la alianza, mantener una presencia permanente en estas aguas comporta efectos positivos de disuasión, conocimiento del entorno y capacidad de reacción. «Para España, el Mediterráneo no es un escenario exterior: es nuestra fachada marítima y la vía por la que entran muchos de los productos que consumimos», advierte el comandante. Lo más frecuente en estas zonas, detalla, es encontrarse con artefactos explosivos históricos de la Primera y sobre todo de la Segunda Guerra Mundial que siguen presentes en el fondo del mar. De hecho, este mismo año identificaron dos torpedos y una mina procedentes del gran conflicto. El despliegue militar en el Mediterráneo cambió por los efectos de la guerra en Ucrania y la crisis del mar RojoCuando el buque detecta un posible artefacto, comienza un proceso meticuloso que parte de la detección a la identificación. El sonar permite localizar los contactos en el fondo marino y los operadores determinan si se trata de una mina, un torpedo, una roca u otro objeto inerte, que es lo más habitual. Si existen indicios de que puede ser un explosivo, entran en juego los vehículos submarinos operados por control remoto, capaces de aproximarse al contacto y obtener imágenes para identificarlo, o, cuando es necesario, los buceadores especializados en reconocimiento y neutralización de minas. «Nada de esto se hace con prisa, aunque sí con urgencia», explica el comandante, quien remarca que «la caza de minas es una tarea lenta y escrupulosa, que requiere equipos humanos altamente cualificados».La seguridad empieza, precisamente, por mantener la distancia. El Turia está concebido para reducir al mínimo su firma magnética y acústica y evitar que su propia presencia pueda activar un artefacto. Su casco de material compuesto, no metálico, y sus sistemas de detección permiten trabajar en las proximidades de una amenaza sin exponer innecesariamente al buque ni a su dotación. Son los vehículos submarinos los que se aproximan primero al objetivo y, solo cuando resulta imprescindible, intervienen los buceadores bajo estrictos protocolos de seguridad. El cazaminas combina además el sonar de profundidad variable con sistemas de posicionamiento y navegación de gran precisión, aunque el comandante ensalza la experiencia del operador de sonar como el factor de mayor valor.«Para España, el Mediterráneo no es un escenario exterior: es nuestra fachada marítima y la vía por la que entran muchos de los productos que consumimos» Carlos Paula Diago ComandanteLos buques de la clase Segura reciben nombres de ríos españoles y la vinculación entre el Turia y Valencia es evidente. En 2001, recibió la bandera de combate a manos de la entonces alcaldesa Rita Barberá, insignia que viajará de nuevo con el M-34 en su próxima misión. Parte de su tripulación fue enviado a tierra para colaborar en labores de emergencia tras la trágica dana del 29 de octubre de 2024. «Allí aprendimos a organizarnos rápido en un entorno degradado y con información incompleta, además de trabajar con otras administraciones en la convergencia de esfuerzos», rememora el capitán.
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