Lo que empezó como una jornada más de trabajo terminó con un susto y un golpe económico para Chami, un vendedor ambulante de fruta que recorre cada semana los principales mercadillos de la Comunidad de Madrid. Su rutina es siempre la misma: madrugar a eso de las cuatro y media de la mañana, coger su camión, plantarlo en el mercadillo que toque esa jornada y despachar uno tras otro a los centenares de clientes que desde hace medio siglo confían en sus productos. Y es que a Alberto Chamorro le conocen prácticamente todos: vecinos, policías que deambulan por estos mercados itinerantes y responsables políticos. Fue durante años representante del comercio ambulante de Mercamadrid.Pese a llevar a rajatabla esa rutina, con ojos puestos en todas las partes de su parada, un movimiento inusual en él le causó un roto en sus cuentas el pasado 31 de agosto. Fue en el mercadillo de Alcobendas. Según la denuncia presentada ante la Policía Nacional y a la que ha tenido acceso ABC, Chamorro, de 68 años, se encontraba realizando sus operaciones comerciales junto a su camión, en las inmediaciones del polideportivo, cuando un desconocido se le acercó y entabló conversación con él.Fue un encuentro breve, con la parada ya desmontada, a punto de hacer el camino de regreso a casa para, tras más de diez horas bajo un sol abrasador, seguir en la finca la otra parte del trabajo que da vida a su negocio. El individuo, descrito según la denuncia como un varón de estatura media y con el pelo rapado, le preguntó si iba a dejar el vehículo allí. Después se marchó. En ese momento el empresario mantuvo un breve encuentro con los empleados que le acompañan a cada mercado antes de montarse a su viejo camión de nuevo.Fue entonces, ya al volante del vehículo, cuando el comerciante se dio cuenta de que algo no cuadraba: de la cabina del camión había desaparecido una riñonera que guardaba parte de sus pertenencias y la recaudación de la jornada.La denuncia interpuesta tras el robo ABCEn el interior llevaba unos 1.700 euros en efectivo, además de documentación personal, tarjetas sanitarias, un carné de Mercamadrid, las llaves de repuesto del camión y tarjetas bancarias. Aunque normalmente esa riñonera la lleva pegada a él, ese día la había dejado unos segundos dentro la cabina mientras se despedía de los suyos. «El mercado de Alcobendas es muy seguro, nunca había ocurrido nada» relataba Chamorro a este periódico, este domingo, mientras pesaba melones y sandías en su puesto del mercadillo del barrio de Hortaleza.Para quien vive del día a día de su negocio, perder de golpe el dinero reunido durante una jornada supone mucho más que una cifra sobre el papel: es el fruto de horas de trabajo y un ingreso necesario para continuar con la actividad y pagar las nóminas. Él mismo explica a ABC el choque emocional que le supuso el suceso, que rápidamente puso en manos de la Policía. La propia alcaldesa de Alcobendas, Rocío García –clienta también de su puesto–, se puso en contacto con él esa misma noche para saber más acerca de lo ocurrido y transmitirle su apoyo.El denunciante apunta a la posibilidad de que las cámaras de seguridad del polideportivo, las únicas que enfocan la zona en la que se monta este mercadillo, hayan registrado el momento. Ahora la investigación trata de reconstruir qué ocurrió durante aquellos minutos y, sobre todo, de localizar al responsable de un robo que dejó al comerciante sin parte del resultado de su trabajo. Chamorro aprovecha esta desgracia para reclamar más seguridad en los mercadillos. Aunque admite que «la policía hace muy bien su trabajo, pasando a menudo por aquí», reconoce que la presencia de cámaras de videovigilancia disuasorias, tal vez evitaría otro robo igual.
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