Recibían palizas, sufrían multas por estar cansados y apenas les pagaban unos 20 euros por semana. Cincuenta en el mejor de los casos. Malvivieron durante meses hacinados en una nave en medio del campo y algunos tuvieron que escapar para poder llegar a la Policía Nacional y denunciar lo que estaba ocurriendo. Ahora, estas personas, explotadas laboralmente , han sido por fin rescatadas y hay dos detenidos, un hombre y su hijo.La operación Datorie, encabezada por el Grupo XI de la Unidad contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsificación (Ucrif), de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de Madrid, comenzó a finales de junio. El día 26, dos hombres de nacionalidad rumana se personaron en la comisaría de Villaverde para narrar el infierno que estaban viviendo. Explicaron que tres meses atrás, habían llegado a España tras ser captados por un compatriota que les prometió un trabajo como agricultores, con habitación individual con baño, contrato legal y un sueldo de 2.000 euros mensuales. Como suele ser habitual en las redes de trata de personas, las víctimas son gente que vive de manera muy vulnerable y necesitada.Así que decidieron venirse a nuestro país. Lo hicieron en autobús, un incómodo viaje de miles de kilómetros pagado por el contratista. En ese momento, llegaron diez varones. Los trasladaron a una finca de Yunclillos, en Toledo, y los metieron en una nave, explican a ABC fuentes de la investigación. En las pesquisas han colaborado agentes de la Ucrif de esa provincia castellanomanchega.Los primeros días no trabajaron y les dieron 20 euros a cada uno para que compraran comida y útiles para asearse. Luego, los pusieron manos a la obra. Se dedicaban a la recogida de ajos, cebollas y demás cultivos; pero también les quitaron su documentación, so pretexto de elaborar los contratos de trabajo. Ni que decir tiene que nunca firmaron nada. La realidad era esta: los tenían en el tajo desde las 5 de la madrugada a las 14.30 horas, de lunes a sábado. Les daban 20 euros semanales y tenían que deslomarse aunque estuviesen enfermos. A quien se quejaba le respondían con golpes. Dormían en colchones tirados en el suelo, en la parte inferior de la nave, pero tenían que pagar por pernoctar allí, por comer y por los consumos de luz y agua. Además, les cobraban por el uso de herramientas para su labor, como tijeras hidráulicas.Había más excesos. Por ejemplo, una deuda que les decían que habían contraído, pero que no sabían a cuánto ascendía ni de dónde salía. Una cantidad que iba ascendiendo por las sanciones. En ocasiones, les prometían un aumento del salario si hacían horas extra, pero tampoco se las pagaban. Tres de los esclavos lograron huir de la nave.Uno de los denunciantes relató a los agentes que el contratista le dio 200 euros para que se los enviara a su mujer, en Rumanía, y que más tarde le dieron otros 100. Es lo único que cobró en dos meses. «Y no vas a cobrar nada hasta que pagues la deuda», sentenció el explotador.Nariz y cráneo rotosLos dos que se presentaron en la comisaría explicaron que se refugiaron en casa de una amiga rumana en el distrito de Villaverde. El 23 de junio volvieron a la nave acompañado de otro compatriota, que tenía coche. Su idea era rescatar al familiar sordo de uno de ellos. Pero cuando llegaron fueron detectados por la mafia y al que conducía le dieron una paliza que lo llevó al hospital. Tenía la nariz rota y una herida en el cráneo que precisó puntos de sutura. La mujer que les tenía alojados en casa les telefoneó para avisarles de que el varón con discapacidad auditiva había conseguido por fin escapar de la nave y que estaba escondido en el pueblo. Los agentes de Extranjería de Madrid acudieron a Yunclillos y lo encontraron cerca de la iglesia, muerto de miedo. Su declaración coincidía punto por punto con la de sus compañeros.El juzgado de guardia de Illescas emitió la orden de entrada y registro en la nave, a las cuatro de la tarde del 27 de junio. Los policías comprobaron la situación de insalubridad del lugar y lograron que siete trabajadores de los 25 que allí estaban en el momento dieran su testimonio sobre las prácticas mafiosas del grupo. En la zona superior encontraron al cabecilla con su familia. Tenían allí oculta la documentación retenida a sus víctimas. También había cheques al portador de entre 120 y 300 euros, y otros 950 en efectivo. Tras pasar a disposición judicial, los dos arrestados (un hombre de 54 años y su hijo de 30) fueron puestos en libertad, con cargos. Se les ha retirado el pasaporte y tienen orden de alejamiento sobre los denunciantes y obligación de personarse en el juzgado de manera periódica. Están acusados de trata de seres humanos con fines de explotación laboral.
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