Que alguien te escuche cuando recitas las tablas de multiplicar, subir y bajar en un ascensor de paredes transparentes, montar en avión y viajar a Lanzarote, salir por primera vez de España e ir a Disneyland París, ir al teatro, poder invitar amigos a casa, sacar buenas notas… La lista de experiencias que Á., de 15 años, ha vivido con Ariadna, de 32, está llena de pequeñas y grandes ‘ primeras veces’ . Sus destinos se unieron gracias al programa un ‘ Un curso en familia ‘ de la Comunidad de Madrid, que permite que niños y adolescentes que viven en centros de protección experimenten durante un año escolar qué significa realmente eso que demasiadas veces damos por hecho: vivir en un hogar. «Compartimos vacaciones, comidas o, simplemente, pasamos el rato en casa. La clave está en que conmigo, la niña tiene siempre al mismo adulto de referencia», resume esta mujer, de profesión, educadora infantil. Esta iniciativa surgió durante la pandemia, un momento «en el que nadie podía ir a ningún lado y mucho menos los menores tutelados », rememora Silvia Valmaña, directora general de Infancia y Familia de la Comunidad de Madrid. Desde entonces, no ha parado de crecer, quizá por sus características, de las que destaca sin duda, la duración de un curso académico. «Es una manera excelente de acercarse a este sistema de protección y a los propios menores».«Es verdad que la preparación académica es la misma que reciben mientras permanecen en los centros escolares, pero la convivencia con una familia les proporciona una importante estabilidad emocional », recalca Valmaña. Ese cambio de entorno, explica, «puede permitir que el menor dé ‘un salto’ emocional, que madure, se haga más responsable y quiera ofrecer lo mejor de sí mismo». En ocasiones, añade, «esa experiencia también permite que los niños descubran capacidades que no sabían que tenían». Sobre los requisitos de las familias que pueden participar, la directora general de Infancia y Familia de la región aclara que son «de pura lógica: no pueden tener antecedentes penales (sexuales y otros delitos graves), contar con una cierta solvencia, moral y económica, poder ofrecer un hogar adecuado y disponer del espacio suficiente para incorporar a otro miembro de la familia pero no se busca -recalca- que dispongan de mucho dinero , sino que tengan una estabilidad que les permita atender al menor».«Los menores continúan vinculados administrativamente al centro al que pertenecen» Silvia Valmaña Directora general de Infancia y FamiliaValmaña cree que parte del éxito de ‘Un curso en familia’ es «la mayor flexibilidad frente al acogimiento familiar propiamente dicho». El matiz está, aclara, «en que se trata de un voluntariado puro y duro , que no recibe prestación económica, y los menores continúan vinculados administrativamente al centro al que pertenecen, por lo que es necesario reconocer la generosidad de las personas colaboradoras que abren sus hogares a estos niños. Curiosamente, pese a todo lo que estas aportan, muchas de ellas aseguran recibir mucho más de lo que dan».Dirigido a niños y adolescentesTambién es reseñable la franja de edad a la que va dirigido, desde los seis años hasta que cumplen la mayoría de edad, algo que cambia mucho las cosas, ya que los niños mayores y los adolescentes son quienes más dificultades encuentran para acceder a una familia. Así lo corrobora la pareja formada por Alba y Iván, que confirma cómo los chicos como Rubén, al que conocieron con 15 años, «son quienes se quedan normalmente atrás». Iván, en el salón de casa ayudando a hacer los deberes a Rubén, mientras Alba les acompaña. ISABEL PERMUYEllos admiten que su idea inicial era acoger a un niño pequeño porque no habían tenido hijos, pero un día conocieron este programa a través de la experiencia que unos conocidos compartieron en redes sociales. La idea se quedó dando vueltas en sus cabezas hasta que decidieron informarse, pasaron todo el proceso, y mientras esperan una asignación de acogida permanente, apareció este menor en sus vidas. «Empezamos a sacarle los fines de semana y es verdad que al principio nos dio un poco de respeto», reconoce Alba. «Para nuestra sorpresa, desde el primer día fue fenomenal. Congeniamos muy bien y cada rato que compartíamos con él nos sentíamos más unidos». Hoy Rubén tiene 17 años y cuando habla de lo que ha vivido, insiste sobre todo en la normalidad compartida con los que hoy son sus padres de acogida permanente. «Que me ayuden con los deberes, compartir una película y unas palomitas… Lo que más me ha gustado de esta experiencia ha sido la confianza y la cercanía, y que han sabido respetar mis tiempos», asegura. «Él nos ha cambiado la vida» , afirman a su lado Alba e Iván.Adaptación El ‘match’ de Ángela y Ariadna también fue gradual. Esta educadora infantil se acercó a la acogida con la intención de participar en un programa de vacaciones en familia. Sin embargo, cuando se puso en contacto con la Comunidad de Madrid, las plazas ya estaban cubiertas. «Buscaba algo temporal porque quería comprobar, de forma progresiva, cómo sería la experiencia. Me parecía más orgánico ver cómo sería la adaptación. Necesitaba conocerla, saber cómo iba a ser. Así fue como llegué a ‘Un curso en familia’ ».El curso en familia ha permitido que Ariadna y A. (de 15 años) forjen un sólido vínculo emocional. TANIA SIEIRA ¿Quién puede participar? Puede participar en el programa de voluntariado ‘Un curso en familia’ cualquier persona que quiera (solas, en pareja… etc.), pero se valora que haya tenido contacto y experiencia previa con los distintos programas existentes, como por ejemplo, el de ‘Vacaciones en Familia’, o en el de salidas de ocio durante los fines de semana. Lo que sí es necesario es que presenten el certificado de antecedentes penales (y certificado negativo del registro de delitos sexuales) y también un certificado médico que descarte enfermedad física, mental o infecto contagiosa que impida el cuidado de un menor. Los solicitantes han de escribir un escrito de motivación y asistir a sesiones tanto informativas como de formación. Una vez valorados los perfiles y determinada su idoneidad, se tendrá en cuenta el grado de proximidad entre el domicilio de la familia, la residencia y el centro educativo del menor. Esto es así porque los menores continúan vinculados al centro y la responsabilidad administrativa sigue correspondiendo a este. La familia, sin embargo, abre las puertas de su casa y se convierte durante el curso en un referente cotidiano. Para eso reciben de la Comunidad de Madrid un seguimiento permanente y ofrece apoyo tanto al menor como a la familia cuando es necesario. Asimismo se pone a su servicio distintos grupos de apoyo y comunicación entre las familias participantes donde estas puedan compartir sus vivencias y dificultades. Tras las entrevistas y la formación correspondiente, conoció a Á., que en aquel momento tenía 11 añitos y había pasado buena parte de su infancia en una residencia. Aquella experiencia acabó superando todas sus expectativas. «En enero comenzó a vivir en casa y y pocos meses después tuve claro que quería que se quedara conmigo». El sentimiento fue mutuo porque hoy, tres años después, para esta niña Ariadna es «mi madre , porque es alguien que me cuida, me apoya y me quiere ». Es verdad, reconoce, «que me da pena haberla conocido por la situación en la que he estado pero a la vez, me da mucha felicidad porque si no, nunca nos habríamos juntado y yo no habría entendido que una discusión cualquiera no significa que una persona va a desaparecer de tu vida para siempre».MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Hay veces que es inevitable romper con algún miembro de la familia» noticia Si Así es la familia acogedora de Juan (4 años): presente y vocacional noticia No «Las experiencias adversas en la infancia dejan huella, pero no determinan el futuro» noticia No María (65 años) y madre de acogida de urgencia: «Cuidar de un bebé es perfectamente viable en esta etapa vital»Para esta educadora, las vivencias del día a día han contribuido a este sentimiento: «hemos compartido actividades como hacer la compra juntas, pasear a los perros, aprender a leer las manillas del reloj, estudiar las tablas de multiplicar, que no se sabía aunque estaba en 6º de Primaria… Son cosas que se aprenden en casa ». Aunque esta mujer cree que, «simplemente el hecho de saber que hay un adulto disponible cuando se necesita es un aprendizaje que vá mucho más allá de las notas». Es verdad, concluye, que el «acompañamiento educativo es importante, pero antes debe existir una base emocional segura para poder aprender. Cuando el menor está bien, tranquilo, lo académico viene después».
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