Considerado «el arquitecto global de la educación» y el cerebro tras el informe PISA, Andreas Schleicher no se anda con rodeos: cree que la inteligencia artificial amenaza con convertir a las nuevas generaciones en meros consumidores pasivos de algoritmos. El día de la publicación mundial de PISA, el director de Educación de la OCDE atiende a ABC para ahondar en las grietas del sistema y explicar por qué la caída acentuada en España ya no tiene que ver con los recursos sino con nuestra falta de ambición. —En este informe PISA vemos una caída generalizada en la mayoría de países en comprensión lectora. ¿Qué esta pasando en la educación mundial?—Los resultados en Ciencias se han mantenido bastante estables en los distintos países. Sin embargo, en Matemáticas —y ciertamente en Lectura— hemos observado un descenso muy acusado en aprendizaje. Lo preocupante no es solo que los resultados empeoren, sino que, en el caso de la Lectura estamos perdiendo las competencias lectoras más importantes para el mundo digital. Los estudiantes tienen más dificultades para leer información compleja, para gestionar la ambigüedad y para integrar diferentes fragmentos de información. Es inquietante, ya que son precisamente las habilidades que necesitamos en un mundo marcado por la inteligencia artificial. No obstante, hay un grupo de países que incluso han experimentado mejoras, lo que demuestra que este deterioro no es algo totalmente inevitable.— Es curioso que tanto en España como en la OCDE la caída sea del doble o el triple en el alumnado de mayor nivel socioeconómico. ¿Cómo se explica este fenómeno?—Es un cambio muy importante. Ya no se trata solo de una cuestión de equidad social. En realidad, este descenso también afecta —y a veces en mayor medida— a aquellos que provienen de entornos privilegiados. Observamos varios aspectos. En primer lugar, los padres muestran menos interés por la educación de sus hijos. Cuando preguntamos a los jóvenes de 15 años si sus padres se interesan por lo que hacen en la escuela, vemos que ese interés está disminuyendo, y eso es relevante. Si los alumnos brillantes —aquellos de entornos socialmente aventajados que cuentan con todos los recursos— no perciben el mensaje de que lo que hacen en la escuela le importa a sus padres, se pierden oportunidades de obtener buenos resultados. Además, el hecho de que los estudiantes de familias acomodadas estén tan expuestos a las tecnologías digitales puede jugar en su contra. Ya no es solo una cuestión de equidad social. —Nunca en un informe de la OCDE se dieron tantas explicaciones. ¿Están preocupados? ¿Es el efecto del Covid? ¿Un mal uso de la IA?—No creo que el coronavirus sea una explicación muy plausible, sencillamente porque el declive comenzó mucho antes y continúa. Incluso en niños más pequeños —los alumnos de primaria de hace diez años que ahora tienen quince—, ya se apreciaba ese tipo de retroceso. Sin duda, la tecnología desempeña un papel importante. Al fin y al cabo, uno no se pone en forma viendo deportes, sino practicándolos. Del mismo modo, uno no se vuelve más inteligente simplemente consumiendo contenidos; se gana inteligencia esforzando el cerebro, perseverando e invirtiendo energía. Aprender siempre conlleva un esfuerzo cognitivo. Y, a veces, la inteligencia artificial no fomenta ese esfuerzo necesario para aprender, sino que simplemente nos facilita las cosas. — Hablando de España. La caída aquí ha sido aún más intensa que en la mayoría de países. ¿Hay un factor específico?—Es muy difícil decirlo. Sí, el descenso ha sido más pronunciado, pero España también tiene sus puntos fuertes. Si comparamos los resultados de España con los de Alemania, ambos países han experimentado una caída, pero en realidad los resultados en España son más equitativos. En Alemania, el origen social es un factor determinante para el éxito, mientras que España ha logrado evitar eso en cierta medida y ha mantenido una distribución de resultados bastante justa.«Si los jóvenes no creen que deben esforzarse al máximo para triunfar, es probable que los resultados no sean tan buenos»—¿Qué es lo que más debe preocuparnos en España?—Creo que el aprendizaje es, a menudo, una cuestión de aspiración y ambición. Considero que el sistema educativo ha facilitado quizás demasiado que muchos jóvenes obtengan un título y salgan del sistema sin haber aprendido lo suficiente. Digo esto porque observamos que los padres han rebajado sus expectativas o reducido su apoyo, ya que, a veces, los estudiantes españoles obtienen buenas notas en la escuela aunque sus conocimientos reales no sean lo suficientemente sólidos. Realmente pienso que el nivel de ambición es un aspecto fundamental. Si los jóvenes no creen que deben esforzarse al máximo para triunfar, es probable que los resultados no sean tan buenos. El problema no es por dinero o los medios disponibles. Pienso que la cuestión tiene más que ver con las aspiraciones y expectativas dentro del sistema. —¿Cree que la última ley educativa aprobada en España ha sido negativa?—Seguramente no, porque esos cambios se produjeron demasiado tarde para ser medibles en la prueba. De hecho, si la reforma tuvo algún efecto, cabría esperar que fuera positivo. Es probable que muchas de estas medidas ofrezcan, con el tiempo, un mejor apoyo a más jóvenes. —¿Le sorprendió lo ocurrido en Cataluña con la exclusión de más de un 23% de alumnos de la prueba?—Sí, totalmente. Lo descubrimos al validar los datos y no sabemos qué condujo a este resultado. Probablemente se trate de un error en el diseño de la muestra, pero sí, nos sorprendió, y fue una lástima no poder presentar datos de Cataluña por ese motivo.—¿Descarta que fuera intencionado?—Estoy seguro de que no lo fue; nadie comete un error así a propósito. Supongo que debió de haber algún fallo durante el proceso de elaboración de la lista de centros escolares. — ¿Es el modelo del examen PISA adecuado para las nuevas generaciones de estudiantes, o necesita cambiar?—Es una pregunta razonable. Uno podría plantearse: ¿Realmente necesitamos trabajar con textos complejos? ¿No deberíamos plantear a los alumnos preguntas basadas en vídeos en lugar de hacerles leer? Pero creo firmemente que, en este mundo de inteligencia artificial, las capacidades que evalúan las pruebas PISA son sumamente importantes. La IA siempre se expresa con fluidez, resulta convincente, intuitiva y verosímil, pero eso no significa necesariamente que sea correcta. Si los jóvenes crecen pensando que basta con consultar herramientas como ChatGPT, y si al hacerlo pierden el impulso de poner a prueba la información, de cuestionarla, de verificarla y de analizarla a fondo, corremos el riesgo de convertirnos en meros consumidores pasivos de IA y en víctimas de los algoritmos. Estoy convencido de que las capacidades que evalúan las pruebas PISA —que sin duda exigen un gran esfuerzo— son fundamentales en el mundo actual; de hecho, cada vez lo son más.«Los profesores de los países asiáticos se sienten realmente responsables de sus alumnos. Son docentes, pero también mentores y trabajadores sociales» —¿En quién fijarse para mejorar? ¿Países asiáticos? ¿Reino Unido? —Creo que, en lo que respecta a la ambición, siempre vale la pena fijarse en Asia. Allí los sistemas educativos confían en cada estudiante y entienden que todos pueden aprender; creo que ese aspecto se ha perdido un poco en España y es algo que podemos aprender de los estudiantes asiáticos. Allí los profesores realmente se sienten responsables de sus alumnos: no son solo docentes en el aula, sino también entrenadores, mentores y trabajadores sociales. Del Reino Unido se puede aprender a tener un sistema de enseñanza riguroso. Por ejemplo, la forma en que se enseña a leer en Inglaterra no se basa en lo que la gente cree que es la manera correcta de hacerlo, sino en datos reales y en investigaciones minuciosas; tienen un enfoque de la enseñanza muy centrado en la evidencia. De Suiza, por su parte, se puede aprender a hacer que el aprendizaje resulte relevante e interesante para los jóvenes. En España hay demasiada gente que dice que la escuela es una pérdida de tiempo y que no les abre puertas.
Powered by WPeMatico