Para algunos vecinos de Valdebebas, la F1 es una oportunidad para Madrid y una molestia asumible durante tres días. Para otros, el Gran Premio es la culminación de más de un año de obras, ruido y una transformación del barrio que, aseguran, ha cambiado el lugar que eligieron para vivir. Durante este fin de semana, al menos, el panorama del barrio es muy diferente: el Madring ha convertido sus alrededores en un mirador improvisado para quienes no consiguieron entrada. En las viviendas de la calle de Francisco Umbral no hace falta asomarse a las terrazas para saber que los monoplazas están rodando. A unos 80 metros del Madring , el sonido de la Fórmula 3 se cuela por las ventanas y se apodera de la casa. Durante unos segundos, el rugido de los motores se impone a cualquier conversación y el ruido llega a sentirse en el cuerpo. Cuando un coche pasa frente a la vivienda, la conversación se interrumpe. Hay que esperar a que desaparezca el estruendo para volver a hablar. Con las ventanas cerradas, la conversación es posible, pero el rugido y la vibración continúan presentes. Marta Díaz vive en una segunda planta junto a su marido y su hija desde 2014. Desde su terraza apenas puede disfrutar del espectáculo: «Lo han hecho para que ni los vecinos lo podamos ver. Ni siquiera podemos sacar beneficio a esto». Las gradas y las estructuras del circuito ocultan prácticamente todo el trazado. Solo las pantallas y una pequeña parte de la curva Monumental permiten seguir lo que ocurre al otro lado. Una paradoja para quienes viven frente a un circuito urbano: el Gran Premio se escucha mucho más de lo que se ve. Durante la conversación, los propios motores obligan a hacer pausas. El sonómetro marca alrededor de 90 decibelios cuando pasan los monoplazas. Marta cuestiona además que los beneficios económicos del proyecto repercutan realmente en los residentes. «Nosotros hemos sufrido todas estas obras, sufrimos todas las consecuencias del evento, pero no hay beneficio para los vecinos», afirma. Otros residentes lo viven de otra manera. María Navarro, que lleva cinco años viviendo en un ático de la zona, reconoce las molestias de las obras, pero no comparte las críticas al Gran Premio. «La obra es un rollo, te entra mucha tierra, pero son tres días y hay que tomárselo con filosofía», resume. También destaca que, al menos durante las primeras jornadas, los desplazamientos no le han supuesto un problema. Ha podido ir a trabajar, hacer la compra y llevar a sus hijos al colegio. «Como un día normal cualquiera», cuenta. El ruido tampoco le preocupa especialmente. Lo compara con otros grandes eventos celebrados en la zona, como Mad Cool. «Esto acaba mucho antes. Con esto se duerme», asegura.La llegada de la Fórmula 1 también ha llevado a algunos vecinos a intentar sacar rendimiento económico estos tres días. Propietarios que nunca alquilan sus plazas de garaje las han ofrecido durante el fin de semana por hasta 400 euros. Uno de ellos, cuyo edificio está a apenas dos minutos de uno de los accesos, se marcha de la zona «por el follón» y decidió ponerla en alquiler después de comprobar que otros vecinos hacían lo mismo. «Es una forma de aprovechar la situación», explicaba a este periódico. Durante esta última semana, recibió mensajes de un par de interesados, aunque finalmente no concretó ninguna operación.Una vecina mide los decibelios de ruido a través de una aplicación para dispositivos móviles. Matías NietoUna pareja publicó cuatro plazas en alquiler a comienzos de esta semana. «Como lo hemos puesto a última hora, pues si cae algo bien y si no, también. Es intentar sacarse un dinero y ya», contaban hace unos días. No han tenido ellos tampoco éxito, aunque llegaron a recibir mensajes incluso de extranjeros, pero sin llegar a cerrar nunca el alquiler. Por su parte, Pablo, que se anticipó al resto de sus vecinos, pues lleva unos 20 días ofreciendo su plaza situada a 800 metros del circuito, no ha recibido ninguna llamada. «Me da la sensación de que hubo muchísima oferta pero muy poca demanda», resume. Aficionados buscan maneras de ver el circuito de Madring tras la verja Matías NietoAl otro lado de las vallas, quienes no tienen entrada se las ingenian para acercarse al circuito. Entre las calles de Francisco Umbral y Florentino Rodríguez Alonso se concentran aficionados que han llegado andando o en bicicleta ataviados con paraguas, comida y bebida para aguantar el calor. Algunos han aprovechado su ruta deportiva del fin de semana para desviarse; otros han acudido expresamente porque no consiguieron entradas o porque no podían permitírselas. Ver los monoplazas, sin embargo, no resulta sencillo. La mayoría solo encuentra vallas delante y las pantallas del circuito se convierten en la única alternativa para seguir lo que sucede al otro lado. Los más afortunados se encaraman a rocas, árboles, bancos o, incluso, traen escaleras de casa con la intención de distinguir parte de la curva Monumental. Aficionados ven la carrera desde sus azoteas MatíasÁlvaro y Estefanía han encontrado un sitio privilegiado sobre una roca. Protegidos del sol con un paraguas y vestidos con camisetas de Fórmula 1, han decidido pasar allí la mañana. Son madrileños y no querían perderse el primer Gran Premio en la capital. Las entradas, sin embargo, fueron difíciles de conseguir y, muy a su pesar, tuvieron que recurrir a la alternativa que encontró su hermano en internet. «El sonido de los coches y de los motores se escucha desde fuera del circuito, creando ambiente. Es una gozada», explican visiblemente emocionados.La familia de Carolina ha llevado el concepto de palco improvisado un paso más allá. Su hijo Dante, de 13 años, es «muy fanático de la Fórmula 1», ha llegado con una escalera, una bicicleta, agua y un paraguas. Viven a tres calles y las entradas, explica su madre, eran demasiado caras para una familia que tendría que comprar al menos dos. Desde lo alto, consigue ver parte de la Monumental y la entrada al circuito. «A 50 metros tienes gente que ha pagado 600 euros para verla y aquí tienes gente que ha pagado cero euros para verla», cuenta Dante muy feliz de poder apoyar a todas las escuderías, porque dice no poder escoger cual es su favorita.
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