En un capítulo de ‘Mi vida en la carretera’, Gloria Steinem recoge lo que aprendió escuchando a otras mujeres en los campus universitarios de EE.UU. Cuenta que, en un foro en California, madres jóvenes debatían cómo repartirse de forma equitativa la crianza con sus parejas cuando no lo habían visto en su casa. Una mujer se puso de pie en el auditorio: «En esos casos, cerrad los ojos y pensad que quien está a vuestro lado es otra mujer. Y no rebajéis esas expectativas». El tip también funciona a la inversa. Cuando las mujeres nos vemos ante una novedad, podemos cerrar los ojos y pensar cómo sería si le estuviera sucediendo a los hombres.La Federación de Fútbol ha ofrecido a las jugadoras de la Selección congelar sus óvulos para postergar su maternidad. ¿Más libertad? ¿Individual o colectiva? Hagamos el experimento que describe Steinem: se les brinda a los jugadores de la Selección la opción de congelar su semen. Innecesario. No sólo por la cuestión de nuestra reserva ovárica, que también. El ejercicio de cerrar los ojos y cambiar el sexo tiene una trampa. No somos iguales bajo la piel. Un futbolista puede seguir compitiendo mientras la madre de sus hijos está de 38 semanas, da a luz o transita el puerperio. La jugadora embarazada, no. Quien dice chutar, dice conducir o hacer una guardia hospitalaria. No vamos a descubrir ahora lo que supone la maternidad. Por eso llevamos años trabajando en políticas de conciliación y corresponsabilidad.Los hombres acuden a la congelación de semen, por ejemplo, para donar. Las mujeres, también. Otra cosa es el precio físico, y por eso también, el económico. Luego están las razones médicas: operación de riesgo o disfunciones hormonales en las que se prevé caída de la calidad de los espermatozoides. Hablamos de enfermedades. Aquí está la congelación si una mujer también la necesita. Pero ni el embarazo ni la crianza son enfermedades.En Ucrania, el Gobierno subvenciona la criopreservación del semen de sus soldados… por lo que pudiera pasar. A las mujeres soldado también se les ofrece la de sus óvulos. No hay opción de conciliación en el frente. Ojo, otro debate: ¿y si son ellas las que mueren?Debe ser este nuevo –o viejo– escenario de geopolítica agresiva que se acrecentó con Ucrania el que nos ha puesto ahora la venda. La Federación de Fútbol le pega una patada a la conciliación en el deporte y hay quien corea «feminista, feminista». ¿Cómo va a ser feminista que te insinúen siquiera que tu vida deportiva-laboral no es compatible con la maternidad? ¿Cómo va a ser feminista que, en vez de ayudar, te financien las trabas? La congelación de óvulos como alternativa a la conciliación es una de las más sutiles invitaciones a no ser madres, a no formar familia, que hemos visto en las últimas décadas. El negocio, primero. Porque esto es un «aquí y ahora, no, bonita». Supone un fracaso colectivo comprobar que cualquier empresa, y el fútbol lo es, no se adapta a la familia. Como si en vez de fomentar la integración en la sociedad de los críos nos invitaran a congelarlos. O sin el como. Toma el dinero y juega. Ya descongelaréis vuestra descendencia cuando la mujer no nos haga falta.En las entrevistas de trabajo, la empresa no puede preguntar a una mujer si tiene previsto ser madre. Pero la ministra de Igualdad respalda que te sirvan en bandeja congelar óvulos por rendimiento laboral. Steinem recomendaba cerrar los ojos para cambiar de perspectiva. La ministra parece haberlo hecho para confundirla. Aplaude el pase largo sin ver el gol. Uno que puntúa doble en el marcador de la empresa porque es en propia puerta de las mujeres. Menos mal que no queríamos bajar las expectativas.
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