En una maravillosa ciudad andaluza, encontré un azulejo en la calle que rezaba: «Fue colocado este azulejo para la conmemoración de 2.000 años del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo por la Hermandad de la Vera Cruz». Lo extraordinario es la necesidad de poner algo así precisamente en Andalucía, tierra de María Santísima desde que la Contrarreforma convirtió la fe en una formidable maquinaria de imágenes, incienso, música, dolor y belleza. Entonces reparé en la fecha. «25 de marzo». Resulta que además plantea una milenaria cuestión: ¿Cuándo comienza realmente el nacimiento de Cristo? ¿En Belén o nueve meses antes? Y, después está el tiempo, que tampoco ayuda. Cuando en el siglo VI Dionisio el Exiguo decidió contar los años desde la Encarnación, Europa seguía viviendo bajo el calendario juliano. Para calcular la Pascua se utilizaba, entre otras, la era de Diocleciano, y eso no podía ser, pues este emperador se había dedicado a perseguir cristianos. Así que Dionisio cambió el punto de partida. Solo que calculó mal. Su año 1 no encaja con las referencias históricas que conservamos, no existe además un año 0 y, según las dataciones más aceptadas, Jesús nació varios años antes de nuestra era. Dicho de otro modo, Cristo nació antes de Cristo. Y por si fuera poco, el calendario de César, con sus 365 días y un cuarto, había ido acumulando unos minutos de más hasta descolocar las estaciones y, con ellas, otra vez la Pascua. En 1582, Gregorio XIII cambió otra vez las reglas: borró diez días del calendario y los años bisiestos. Mi emocionante azulejo andaluz contiene la Anunciación, la Encarnación, el Calendario Juliano, el medieval, el Anno Domini y toda una controversia teológica que lleva milenios sin ponerse de acuerdo.A veces uno cree que las grandes preguntas se encuentran en los archivos Vaticanos y aquí, en un rincón de Andalucía, la resuelven en una placa de cerámica colocada junto a una farola, en una fachada pintada de almagre.
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