A sus 84 años, el alemán Werner Herzog tiene ganas de divertirse y de pelear. Se lo pasa bien en su película, ‘Bucking Fastards’, que ya desde su título muestra el espíritu incorrecto y juguetón de uno de los máximos exponentes del ‘Nuevo cine alemán’. Lo de la guerra lo deja para fuera de la pantalla. Ya se peleó con el Festival de Cannes cuando no le ofrecieron competir por la Palma de Oro y lo relegaron a una proyección especial de su Sección oficial. No le valió y se llevó su película primero a Venecia, donde solo cosechó críticas regulares, y ahora a San Sebastián, donde además le entregarán el Donostia, el premio de honor del certamen .Pero Herzog no está para homenajes, está para trabajar. No se plantea parar. De hecho, enseguida avisó a la prensa de que el lunes volvería a terminar su próxima película, de la que le quedaban tres días de trabajo, y que además en breve va a publicar dos libros más. «No quiero mirar atrás. Para mí, todo lo que hay hacia adelante es trabajo. En realidad, nunca miro hacia las películas que he creado ni lo que he hecho. Lo único con lo que me permito mirar atrás es para ver la lista de la gente que ha recibido este premio de honor y estar orgulloso de formar parte de esta gran lista de amigos y cineastas», presumió. Y pese a lo que pueda parecer, Werner Herzog no está obsesionado. De hecho, abroncó a un periodista que se lo insinuó: «Estoy superrelajado, no estoy obsesionado. La gente que es obsesiva termina abandonada. Yo no. No soy una persona obsesionada. Punto», dijo. Poco después contaría que cuando se planteó vender su casa o el coche para terminar la película, el productor de sus últimos tres proyectos le dijo que entraría con un porcentaje para que no tuviera que arriesgar su vida privada. Todo para rodar ‘Bucking Fastards’, una película con Kate y Rooney Mara dando vida a dos hermanas casi gemelas que habitan el mundo como un único ser: hablan al unísono y piensan y aman como siamesas. Una idea que a Herzog se le ocurrió hace tres décadas y que, como no es un ser obsesivo, ha recuperado ahora tras años en algún rincón de su imaginación: «Treinta películas después, volvió a mi cabeza y mi idea era buscar dos hermanas que hablaran al unísono. Encontré a estas dos actrices maravillosas que estaban preparadas para esta tarea. Empezaron muy pronto con la idea de hablar a la vez…», dijo el cineasta, que contó que se levanta a las 4.00 de la mañana. «Aunque lo de menos es cómo hablan las dos hermanas, la película tiene que ver más con lo poético, no tiene la estructura narrativa que vemos en Hollywood. Es una película única y estoy muy orgulloso de estar aquí», remató el veterano alemán, responsable de clásicos como ‘Aguirre, la cólera de Dios’, ‘Fitzcarraldo’ o ‘Nosferatu’.Estilo libreA su lado estaba el productor del filme y el actor Orlando Bloom, que tiene un pequeño papel en la película pero que ha venido a disfrutar de San Sebastián, donde lleva desde el miércoles. Él es el hombre que vuelve loco a esas dos hermanas inocentes, coléricas y llenas de una extraña humanidad. Herzog le lanzó una oleada de cumplidos, como si fuera casi un debutante. Bloom, por su parte, le agradeció su amistad. «No soy un adicto al trabajo. Ellos son testigos. He tenido días malos y a veces necesito descanso y a veces no he podido estar en el set. No trabajo salvajemente, soy más fluido. Me gusta parar para hacer cosas de la vida diaria: voy al banco, quedo con amigos…», dijo, para después contar que había escrito el guion en apenas cinco días: «Para mí es fácil escribir veinte páginas al día si lo copias, y yo me lo copio de mi cabeza. Lo veo en mi cabeza y lo traslado al papel», remató.Se nota en el libreto de esta ‘Bucking Fastard’, ligera y poética y algo exasperante para el espectador. «Una película está muerta si haces una traducción pedante del guion», explicó el ganador del Donostia. «Mucho del trabajo que hemos hecho son ideas abstractas, no académicas», dijo, para hablar el estilo libre de su cine. «Una película está muerta si haces una traducción pedante del guion»También tuvo tiempo para hablar de las redes sociales y el momento actual, sobre todo de una juventud al que los clásicos de Werner Herzog le suenan a prehistoria en estos tiempos de TikTok. «La cultura y el lenguaje nos dan forma, nos conforman. Casi todo lo que hacemos ahora es performativo, está marcado por el contexto. No hay nada malo en eso, pero tenemos que defender nuestras almas de todos los ataques que nos vengan de fuera y que traten de ocupar nuestras almas. En este sentido quiero ser claro con los jóvenes: no viváis una vida dictada por algoritmos, mantener vuestra atención aunque sea haciendo un agujero en el suelo. En el momento en el que mundo empieza a ocupar nuestras almas debemos ser más vigilantes. Y ahora con la IA la cosa se va a poner más difícil», terminó.
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