Estados Unidos asegura que trabaja con Naciones Unidas en un «proceso político activo» para avanzar hacia una solución al conflicto del Sahara Occidental y sitúa ese esfuerzo entre los asuntos que quiere impulsar durante la semana de la Asamblea General en Nueva York. Según explicó un alto funcionario estadounidense, Donald Trump quiere superar la rutina de renovar la misión de paz y volver a abordar el problema doce meses después. El anuncio llega en pleno acercamiento entre Washington y Marruecos, cuyo respaldo a los llamados Acuerdos de Abraham se ha convertido en una baza de Rabat ante la Casa Blanca.«El Sahara Occidental, por ejemplo, un conflicto de cincuenta años. Lleva décadas en la agenda de la ONU. El Consejo de Seguridad ha renovado una misión de paz allí durante treinta años, año tras año», señaló el alto funcionario en una sesión informativa sobre la agenda del presidente estadounidense. Frente a esa continuidad, añadió, la instrucción de Trump es buscar avances: «Estados Unidos y la ONU están involucrados en un proceso político activo».La Casa Blanca no detalló una propuesta de acuerdo ni confirmó reuniones específicas sobre el Sahara durante la Asamblea General. Tampoco anunció cambios en la misión de la ONU. Pero, incluyó expresamente el conflicto entre los asuntos en los que quiere demostrar que la diplomacia estadounidense puede conseguir resultados, aprovechando la concentración de mandatarios y ministros en Nueva York.Para Marruecos, esa implicación tiene un valor evidente e inmediato. Washington participa desde una posición favorable a Rabat, pues Trump reconoció en diciembre de 2020 la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, al mismo tiempo que Marruecos aceptaba normalizar sus relaciones con Israel. Ahora, su Administración vuelve a mencionar ambos asuntos en una misma intervención, aunque no ha anunciado un nuevo intercambio de concesiones.El alto funcionario enlazó sus declaraciones sobre el Sahara con el reciente encuentro entre Estados Unidos, Marruecos e Israel . «Acabamos de tener el siguiente paso de los Acuerdos de Abraham», afirmó, antes de destacar los compromisos sobre vuelos directos, turismo, cooperación tecnológica y refuerzo de las representaciones diplomáticas. La Casa Blanca presenta así a Rabat como un socio que contribuye a una de las principales apuestas de Trump en Oriente Próximo.Los ministros de Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, y de Israel, Gideon Sa’ar, acordaron en Nueva York elevar sus misiones diplomáticas al rango de embajadas e intercambiar embajadores. La reunión se celebró con la mediación del embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, en la sede de la misión norteamericana, frente al edificio de la ONU.Inversiones y cooperación internacionalLos dos países también se comprometieron a adoptar las medidas necesarias para restablecer los vuelos directos antes de que termine el año, incluidos los operados por compañías israelíes y marroquíes. El acuerdo contempla facilitar las inversiones y ampliar la cooperación comercial, tecnológica y de seguridad. Son compromisos que profundizan la normalización iniciada durante el primer mandato de Trump y que Washington incorpora ahora a su balance diplomático antes de la Asamblea General.Ese papel refuerza la capacidad de interlocución de Marruecos con la Administración estadounidense. Rabat ofrece cooperación en seguridad y una relación con Israel que Trump quiere consolidar y extender a otros países árabes. Al mismo tiempo, mantiene el Sahara en el centro de sus gestiones internacionales. La referencia de la Casa Blanca a un proceso político activo indica que Washington quiere mantener abierta esa negociación, aunque todavía no permite anticipar sus resultados.Rabat ofrece cooperación en seguridad y una relación con Israel que Trump quiere consolidar y extender a otros países árabesEl acercamiento tiene también una dimensión militar cada vez más profunda. ABC ha informado ya de los planes del Pentágono para convertir Marruecos en una plataforma permanente de experimentación de nuevas armas, con participación de las fuerzas estadounidenses y marroquíes, otros aliados y empresas de defensa. Esa cooperación amplía una relación que ya incluía maniobras conjuntas y pruebas de nuevas tecnologías sobre el terreno.Mohamed VI ha cuidado además la relación personal con Trump. Este verano dio el nombre del presidente estadounidense a la carretera de 1.055 kilómetros que une Tiznit con Dajla y atraviesa el Sahara Occidental. El homenaje, agradecido públicamente por Trump, vinculaba su figura a una infraestructura con la que Marruecos afianza la conexión del territorio con el resto del reino.La relación se extiende incluso al fútbol. Como publicó este diario, la Embajada estadounidense prepara para octubre una gira de diplomacia deportiva por varias ciudades marroquíes, cuando Rabat intensifica sus gestiones para albergar la final del Mundial de 2030. El programa no implica un respaldo estadounidense a esa candidatura, pero muestra la amplitud de los contactos que Marruecos está cultivando en Washington.Para España, el impulso diplomático sobre el Sahara afecta a un asunto central de su política exterior y llega en un momento de deterioro de las relaciones con la Administración Trump. Mientras Washington ha responsabilizado al Gobierno de Pedro Sánchez de la crisis migratoria de Ceuta, la cooperación con Rabat ha seguido ganando terreno en defensa, diplomacia y relaciones con Israel.La Asamblea General ofrece ahora una ocasión para trasladar esos contactos a las negociaciones sobre el Sahara. El respaldo de Estados Unidos favorece a Marruecos, pero no equivale a una decisión de Naciones Unidas ni garantiza un acuerdo entre las partes de antemano.
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