Carlos Alcaraz tacha otro reto en su carrera. De los nueve Masters 1.000, ya tiene siete en su poder, a la espera de que Shanghái y Canadá sean suyos no tardando mucho. Faltaba este de París, que se resistía por estar tan cerca del final de la temporada, cuando ya las energías escaseaban. Pero ya está en su vitrina, lo que implica que ya no se le hacen largas las temporadas al murciano. Así lo demostró ante Ben Shelton, a quien rindió con más solidez y frialdad en las decisiones de los golpes. Un 7-6 (5) y 7-5 para enmarcar otra semana de diez para el murciano.Carlos Alcaraz 7 7 Ben Shelton 6 5Había algo de revancha, porque aquel último duelo, en los cuartos de final del US Open, fue un espectáculo en el que, sin embargo, no acabó por levantar los brazos después de cuatro horas y media de puro fuego. Pero sabe el murciano que no es aquel, todavía dudando con esa muñeca que lo había dejado cinco meses fuera y acababa de reestrenar justo para el Grand Slam neoyorquino. Y también mucho aprendizaje para los dos. El de Shelton: que no podía dejar jugar al español, así que arrea con todo con el servicio, con ‘aces’ incluso de segundo, tan rápido, tan difícil de leer, tan de zurdo. El de Alcaraz: aprovechar cada momento, cada pequeño hueco, como ese ‘passing’ con el que se estrena al resto.Sobre todo porque, al igual que contra Taylor Fritz, al español le cuesta encontrar la sensibilidad con la pelota en esta pista rapidísima con pocos intercambios porque, en este inicio, es el estadounidense quien impone su criterio: mucho saque, poco juego. Trastabilla un poco el español, con varios errores no forzados, aunque no obstante sigue tenaz, como en la semifinal, para levantar las cuatro bolas de rotura en el cuarto juego. La final ya es una final de las que se espera entre ambos: adrenalina, potencia, ángulos y truquitos. Y entra en una fase de desequilibrios y opciones de rotura por parte de ambos. Tiene Shelton un futuro tremendo, como admite su nuevo entrenador para la nueva temporada, Juan Carlos Ferrero, porque todavía le quedan muchos detalles por mejorar, como la derecha que suma y suma errores en la cuenta, y la elección de direcciones, pero mantiene siempre la sonrisa en ristre. Con algunas de esas decisiones erróneas lo intenta pillar Alcaraz, y aunque el 4 del mundo lo soluciona, por ahora, con esos servicios tremendos que superan los 220 kilómetros por hora como si nada, sabe que tiene cerca el peligro. Tan cerca que Alcaraz, que empieza a leer de maravilla sus saques y sabe que conforme los intercambios se hacen más largos tiene más opciones de triunfar, aprovecha otra mala decisión para ganarse las primeras opciones de rotura en el séptimo juego. Salva la primera Shelton con una contradejada tan cerca de la red que saca las sonrisas de ambos, y otra, cómo no, con servicio: 213 kilómetros por hora. El estadounidense juega valiente, hacia la red en cuanto puede para presionar y evitar puntos largos, que ahí no convence. Y con Shelton encima siempre es una decena de errores los que acumula el murciano en ocho juegos, que sufre con su servicio, pero vuelve a dar otra lección de bajas pulsaciones ante las opciones de rotura en contra. Una derecha y una sublime volea lo llevan a espetar un atronador «¡¡Vamos!!» que retumba en La Défense para soltar la presión. Los altibajos se minimizan y cada uno encarrila sus saques hacia el ‘tie break’, donde el choque se convierte de nuevo en un duelo mental, con errores de bulto de un lado y de otro. El estadounidense juega más en el alambre, acortando puntos para evitar la solidez del español desde el fondo. Y ahí lo atrapa Alcaraz, que tampoco está del todo fino, pero sí tiene más templanza para elegir sus golpes, y ese revés en suspensión, y esa derecha cruzada, y esa primera bola de set que no logra porque la pelota se niega a pasar la cinta, pero sí a la segunda.Ahí está la diferencia entre estos dos: no consigue Shelton terminar con saque y derecha, y en el diálogo largo, la confianza, la templanza y la solidez del español rinden al rival, demasiado forzado ya para continuar tras una hora y 5 minutos de primer set.En lo que ha crecido Shelton con respecto a muchos otros es en no ceder al desánimo. Que ha tenido el ‘tie break’ con opciones de vencer, pero un error suyo lo ha dejado con un set en contra. Pero ahí sigue, a pesar de que la derecha sigue fallona, con buena cara y mejor actitud. Sonríe y juega y presiona, y de repente, encuentra a un Alcaraz trastabillado, que se enfada, que se enfanga con su derecha y cede un ‘break’ que no tocaba. Se convierte en 13 puntos de Shelton por solo dos suyos, y hay hasta amago de lanzamiento de raqueta.Nada que dure más de un segundo, un pasarse la toalla por la cara para limpiarse la frustración y encarar el siguiente juego con más rabia y madurez: restos al cuerpo, ‘passings’ de todos los colores y turno de saque recuperado, como la confianza, mientras merma la del rival, que se queda trabado en esa oportunidad perdida.Y con Alcaraz desatado, bailando entre juego y juego, la final ya está decidida. Porque Shelton ya no atina con su servicios y cuando lo hace, todavía valiente y hacia al red, el español vuela para ponerle la pelota en el cuerpo o en la esquina o un ángulo imposible y hacerlo temblar, forzar las últimas reservas de compostura. hasta que se rinde, en otra semana estupenda de Carlos Alcaraz, que culmina otra proeza de la suyas. Segundo español en conquistar este París de otoño, el primero para él, con el que, además, consigue una hazaña que ni siquiera logró Rafa Nadal: ya tiene siete de los nueve Masters 1.000. A falta de Shanghái y de Canadá. «El primero de muchos», firma el murciano para corroborar el hito.
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