Una de las obras más conmovedoras de la Historia del Arte es ‘Ofelia’, de John Everett Millais , que cuelga en la Tate Britain de Londres. Narra la trágica muerte de este personaje del ‘Hamlet’ shakespeariano. Ofelia se vuelve loca y muere ahogada al descubrir que su enamorado ha matado a su padre. La modelo es Elizabeth Siddal , poeta y pintora de cabellera pelirroja que encarnó el ideal de belleza para la Hermandad Prerrafaelita. Posó para sus principales miembros. La descubrieron en la tienda de sombreros de Londres donde trabajaba. Para ‘Ofelia’ tuvo que permanecer sumergida en una bañera con agua helada durante horas, pues las lámparas de gas que calentaban el agua se apagaron. Cogió una pulmonía. Casada con el pintor Dante Gabriel Rossetti, sufrió las infidelidades de este. La hija de ambos nació muerta. Elizabeth falleció por una sobredosis de láudano, a la que era adicta. Fue enterrada con un libro de poemas de Rossetti. Siete años después, fue exhumada para recuperar los poemas. Según la leyenda, su encendida cabellera siguió creciendo bajo tierra.Siddal es la gran musa de esa Hermandad Prerrafaelita , fundada por siete hombres (John Everett Millais, William Holman Hunt, Dante Gabriel Rossetti, su hermano William, Frederic Stephens, Thomas Woolner y James Collinson). Demasiada testosterona , como ocurrió un siglo después con el expresionismo abstracto norteamericano. Pero Siddal, más que una musa fue una de las pintoras que enriqueció este movimiento y que durante demasiado tiempo han estado ‘ahogadas’, como la propia Ofelia. La Fundación Mapfre se ha propuesto sacarlas a flote en una de las tres exposiciones con las que abre la temporada en su sede madrileña, bajo el título ‘Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos, 1850-1914’. Este movimiento estilístico revolucionario, nacido como oposición al arte académico oficial , surgió en 1848 en la Gran Bretaña victoriana y, aunque apenas duró cinco años -se disolvió en 1853-, su influencia en el arte moderno fue decisivo en varias generaciones. Su legado influyó en el nacimiento de otro movimiento, Arts and Crafts, que, abanderado por William Morris, defendía la artesanía, la calidad de los materiales y la creatividad individual frente a la producción industrial. Fue la principal expresión del credo prerrafaelita en las artes aplicadas. Elevó el diseño textil, las vidrieras o la joyería a la categoría de arte. «No tengáis nada en vuestras casas que no sepáis que es útil o que no consideréis bello», promulgaba Morris. También Oscar Wilde promovió los ideales de lo útil y lo bello. El grupo tomó el nombre del rechazo que sentían sus miembros hacia los cánones artísticos del Renacimiento italiano encarnado por Rafael Sanzio . Se sentían más atraídos por Piero della Francesca o Durero, anteriores a Rafael. Entre los objetivos de la Hermandad, expresar ideas auténticas y sinceras, estudiar con atención la naturaleza, simpatizar con lo que hay de directo, serio y sincero en el arte de épocas pasadas y buscar la perfección en la creación artística. También tuvo detractores. Hubo un entusiasmo victoriano por el medievalismo , entendido como romanticismo, heroísmo, espiritualidad.. Se cuelan en las obras prerrafaelitas Camelot, Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, el Santo Grial, las vidas de santos… Arriba, ‘El pálido semblante del amor verdadero’, 1899, de Eleanor Fontescue-Brickdale. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Santa Bárbara’, c. 1875-1880, de Marie Spartali Stillman. Detalle. A la derecha, ‘Autorretrato’, c. 1862, de Mary Severn. Museo d’Orsay, París/ High Museum of Art, Atlanta / National Portrait Gallery, LondresNo lo tenían fácil las artistas en esa época, cuando la ‘cuestión femenina’ apenas empezaba a incorporarse al discurso público. Un dato: hasta 1863 las mujeres no fueron admitidas en la Royal Academy londinense. Y algunas tuvieron que adoptar pseudónimos masculinos para exponer sus trabajos. Eso sí, contaron con el apoyo del crítico John Ruskin , gran defensor del prerrafaelismo. Eran hijas, hermanas, esposas, amigas, vecinas…, explica la comisaria de la muestra, Pamela Gerrish Nunn. «Estas mujeres llegaron al prerrafaelismo y lo atravesaron por vías diversas, llevándolo consigo por distintos derroteros. Sus obras se revelan distintivas y originales, evocando y ampliando la imagen conocida del arte prerrafaelita. Las mujeres que se sintieron atraídas por el prerrafaelismo y vieron en él una oportunidad tenían en común la independencia de pensamiento, al margen de su posición social». Muchas de ellas procedían de la clase media, aunque las había de familia aristocrática y algunas de origen humilde. Casi todas son desconocidas para el gran público (Joanna Boyce, Alice Boyd, Eleanor Fortescue-Brickdale, Anna Mary Howitt, Evelyn de Morgan, Marie Spartali Stillman…), salvo alguna excepción, como la fotógrafa Julia Margaret Cameron , pionera en el uso del desenfoque, que representó a personajes bíblicos, literarios o mitológicos. En la rotonda de las salas de exposiciones de la Mapfre cuelgan algunos de sus retratos, como el de Alice Liddell, la joven que inspiró la Alicia de Lewis Carroll, representada como Alethea, diosa de la verdad. La exposición reúne, hasta el 10 de enero de 2027, 130 piezas (óleos, acuarelas, dibujos, grabados, fotografías, textiles, esmaltes y vidrieras) de 40 artistas, distribuidas en nueve secciones temáticas. Pintaron retratos, paisajes, animales, flores y plantas… Aunque la calidad de las obras es muy desigual (algunas artistas son más interesantes que otras), y las hay que imitan los modelos de sus colegas, estas mujeres, advierte la comisaria, «refrescaron el arte victoriano» . Fueron fundamentales para comprender la riqueza y diversidad de este movimiento: participaron activamente en su desarrollo, transformándolo. No ocuparon un papel secundario, sino que contribuyeron a su expansión.
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