El Festival Internacional de Cine de San Sebastián ha hecho un hueco este martes a las series, concretamente a la nueva de Atresmedia, Trazos ocultos, protagonizada por Toni Acosta, que cambia de registro con este thriller, y por Rodolfo Sancho, que interpreta a «un encantador de serpientes».
Atresmedia apuesta por un thriller emocional con una premisa bastante cercana a la línea de ficción que le está dando buenos resultados, como Mentiras o Ángela. La serie se estrenará primero en Atresplayer, y después se le dará una segunda vida en abierto.
Trazos ocultos cuenta la vida de Inés (Toni Acosta), una restauradora que vive en Santa Cruz de Tenerife junto a Miguel (Rodolfo Sancho), su marido, un carismático piloto con el que tiene una hija adolescente. Todo en su vida parece perfecto hasta que un día, por motivos laborales, se desplaza a la otra punta de la isla y ve a su marido en una fiesta frecuentada por turistas, cuando se suponía que estaba de viaje. Esa misma noche, le asegura por teléfono que se encuentra en Túnez y, a su vuelta, regresa con fotos del presunto viaje. A partir de ahí, Inés intentará descubrir quién es en realidad el hombre con el que lleva 15 años casada, antes de que se convierta en un peligro para ella y su hija.
Durante la presentación de la serie Trazos ocultos en el Festival de San Sebastián, Rodolfo Sancho ha profundizado en los entresijos de su nuevo proyecto y en la psicología del personaje al que da vida, al que se ha referido como «un encantador de serpientes» y un «artista de la manipulación».
El núcleo de su personaje radica en su personalidad narcisista y calculadora, alguien que mantiene una fachada implacable de marido perfecto mientras oculta una vida oscura. Para prepararlo, el actor se ha sumergido en una mente oscura: «He intentado entender una psicología muy, muy compleja de entender. Es muy difícil estar en la mente de alguien que es capaz de hacer lo que llega a hacer. Crear realmente una doble vida es muy difícil».
Su personaje, ha indicado, «es un tipo brutalmente simpático, un manipulador brutal» que utiliza «tonterías de lo más cotidiano» para conseguir lo que quiere de los demás. «Ha sido absolutamente divertidísimo interpretar este personaje», ha declarado.
Rodolfo Sancho también ha abordado la ausencia de empatía del protagonista, que «sólo se ama a sí mismo» y al que «sólo le importan sus objetivos»: «Hay algo que le lleva a ser un tipo ‘loco’, entre comillas; se está divirtiendo con esto. Para él es una diversión constante».
Al preguntarle sobre cómo interioriza y trabaja esos cambios de personalidad, Sancho aclara que no se trata de un trastorno fragmentado, sino de una forma de ver el mundo completamente ajena a la moral común: «Realmente no hay un cambio en este tipo. Él es un encantador de serpientes, vive en otra realidad todo el rato. Este tipo de gente no cree que esté haciendo el mal. Es un superviviente; él piensa que está haciendo lo que tiene que hacer con su vida. Ese tipo de mentes no distinguen el bien y el mal como podemos hacerlo nosotros».
Además, añade que «hay personajes así en este mundo, y un porcentaje alto, que vive en otra película». A modo de ejemplo, Rodolfo Sancho ha mencionado el documental Sapo, el true crime sobre Jon Imanol Sapieha Candela. «Él mismo decía que es un psicópata. Da mucho miedo», ha matizado.
A la hora de valorar si el guion -en este caso firmado por tres guionistas mujeres- aportaba un sello distintivo, el actor ha señalado que la clave reside en la documentación y la empatía actoral más que en el género de quien lo firma: «Hay todo tipo de mujeres y hombres. Es un tema de documentarse y entender la psicología. Todos tenemos una parte masculina y las mujeres tienen una parte masculina también; supongo que utilizas esos recursos para escribir».
Finalmente, Rodolfo Sancho ha hecho balance de su trayectoria frente a los papeles más amables que interpretaba en sus inicios, y se muestra encantado con la evolución hacia personajes más oscuros y maduros: «Nunca he hecho un galán al uso, pero sí, últimamente me están viendo cara de cabrón [bromea]. Me alegra enormemente. Los malos son muy divertidos, la verdad». Sobre el paso del tiempo y sus rasgos físicos actuales, ha concluido con humor e ironía: «Estoy muy agradecido de mis arrugas. Que no me las maquillen, que me ha costado muchos años conseguirlas».
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