La mañana se prometía aburrida. Con Pedro Sánchez en Nueva York, en la Asamblea General de la ONU, la sesión de control pintaba descafeinada. El plato fuerte, el cara a cara del presidente del Gobierno con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, desaparecía del menú. Santiago Abascal, jefe de filas de Vox, ni siquiera estaba en el hemiciclo, así que se ha perdido el aderezo que ha levantado de sus asientos a sus señorías: el gas pimienta . La diputada del PP Ana Vázquez, en su pregunta al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha mostrado un bote para denunciar el miedo que atenaza a las mujeres ceutíes desde la invasión migratoria de los días 30 y 31 de julio. Minutos después, la presidenta del Congreso, la socialista Francina Armengol, le pedía que abandonase el salón plenario para dejar el «arma» fuera de él. El lío ya estaba montado.El PP y Vox, hasta ese momento, trataban de cercar al Ejecutivo con preguntas sobre el clan de narcotraficantes de Badajoz con el que, presuntamente, contactaron las ‘cloacas’ del PSOE para «eliminar» a la juez que llevaba el caso del hermano del presidente, David Sánchez, por el que terminó inhabilitado. Los ministros, como podían, se sacudían la cuestión como si nada tuviese que ver con ellos. Entre medias se colaban críticas por la gestión de la crisis de Ceuta, hasta que Vázquez ha alzado el espray. «Este es el material escolar básico: ¡un espray pimienta!», ha clamado la diputada del PP, quien se preguntaba por qué las mujeres ceutíes no pueden recuperar su libertad, su ciudad.En ese momento, el bote de gas pimienta había pasado desapercibido, como un elemento de atrezo inofensivo, similar al adoquín que mostró Albert Rivera en el debate electoral de noviembre del 2019. Pero unos minutos después, tras desquitarse el diputado de UPN, Alberto Catalán, con el ministro del Interior, la presidenta de la Cámara Baja ha rebobinado para censurar a la parlamentaria popular. «Llamo al orden a la señora Vázquez por haber enseñado un arma en el Congreso», ha clamado Armengol. De primeras, la imaginación se dispara a una pistola, a Antonio Tejero, al 23-F. Pero no. La socialista hacía referencia al espray. «Le ruego que salga del hemiciclo y deposite lo que ha enseñado porque esto no puede puede plantearse en la casa de la soberanía y la democracia», ha continuado Armengol. Vázquez, estupefacta, se ha levantado como un resorte de su escaño para protestar y argumentar que no portaba arma alguna. La presidenta intentaba que se callase y abandonase el pleno, la bancada del PP, igualmente indignada, aplaudía a su compañera, y desde los grupos de izquierdas se escuchaban gritos de «fuera, fuera». Armengol sacaba a colación el Reglamento de Armas, que en su artículo 5.i recoge como arma los «’sprays’ de defensa personal», pero obviaba que en ese mismo apartado se establece una excepción para los permitidos por el Ministerio de Sanidad.El vaciado de un espray de pimienta obliga a desalojar tres baños, el comedor y varios despachos de un edificio del Congreso; una mujer, atendidaImpaciente, con la sesión detenida varios minutos, Armengol ha llamado por segunda vez al orden a Vázquez advirtiéndole que, a la tercera, iba a ser expulsada. Es entonces cuando la diputada, bote de gas pimienta en mano, ha dejado su escaño, bajado las escaleras del hemiciclo y, mientras negaba con el dedo y miraba con furia a la presidenta, salía del recinto. En los pasillos, se quejaba ante la prensa, como hacían aún sus compañeros dentro. «Es la vergüenza de esta institución, señora Armengol», decía Jaime de Olano, también del PP, antes de formular su pregunta al ministro Ángel Víctor Torres. «No hay nada más cobarde que dirigirse a la única persona que no puede entrar en el debate», le respondía Armengol, precisamente, entrando en el debate. «Usted ni siquiera conoce el Reglamento. Quizá debería estar allí —continuaba De Olano, señalando la bancada del PSOE— como activista del sanchismo. Es una vergüenza para esta institución». «Maravilloso, señor De Olano», resoplaba la presidenta, más protagonista que los ministros. En los pasillos del Congreso, en una conversación informal con periodistas, Feijóo no ocultaba su indignación : «No se puede decir que lleva un arma por describir lo que ocurre en Ceuta», informa Paloma Esteban . En la sesión de control, el popular Jaime de los Santos, en su pregunta a la titular de Igualdad, Ana Redondo, lamentaba que, aceptando el vocabulario de Armengol, las niñas y las mujeres ceutíes deban ir armadas por las calles de su ciudad por temor a ser violadas.Para colmo, cuando la sesión de control agonizaba, han saltado las alarmas en la Cámara Baja. En el edificio 36, en la acera frente al Palacio del Congreso, se ha vaciado un bote de gas pimienta —la diputada Vázquez ha negado ser la responsable— en un baño. Según ha explicado el PP posteriormente, Vázquez le ha pedido a un trabajador del partido que limpiase el espray. Este ha ido al lavabo y, tras secarlo, lo ha accionado accidentalmente según la versión de los populares, que aseguran que el envase estaba prácticamente vacío.En cualquier caso, la expansión del tóxico ha obligado a desalojar ese servicio y otros dos del edificio, la cafetería y la cocina de esa zona y algunos despachos de Vox. Todas esas dependencias han sido precintadas, informan Carlos Mullor y Patricia Romero . Una integrante de una delegación de Mauritania, de visita, ha tenido que ser atendida por indisposición tras respirarlo, aunque hay más personas con picor de garganta y ojos. Al menos doce, según fuentes parlamentarias, han recibido asistencia médica. La banda de narcosAntes de que el gas pimienta monopolizase la conversación en los pasillos del Congreso, la sesión de control había empezado con dos preguntas —una de Vox y otra de Bildu— al vicepresidente primero del Gobierno, Carlos Cuerpo. Su traje de moderación, bajo el que esconde el arte de no responder a nada, ha hecho que el PP ni siquiera se midiese contra él. El primero ha sido José María Figaredo, quien ha probado suerte sacando a colación «la banda de narcotraficantes» supuestamente contactada por las ‘cloacas’ del PSOE para asustar a la juez Beatriz Biedma. Cuerpo, cómo no, se ha atenido a la pregunta escrita registrada para hablar solo de economía.Robles pide a Armengol que se habilite en la Junta de Portavoces la comparecencia de la directora del CNI en la comisión de secretos oficiales tras rechazarlo el PSOEDespués Ester Muñoz y Pepa Millán, portavoces respectivamente de los grupos de PP y Vox, han abordado con el mismo tema al ministro Félix Bolaños, quien se ha lavado las manos, ha pedido que se deje trabajar a la Justicia y ha incidido en que los dos partidos de la derecha «dicen lo mismo». «Dejemos trabajar a la Justicia, pero eliminen a la juez Biedma», ironizaba Muñoz. Millán, en la misma línea, le preguntaba si mandarán «un narcotraficante» al jurado popular encargado del juicio a la mujer del presidente, Begoña Gómez. Por corrupción le preguntaban también Juan Bravo a Arcadi España y Miguel Tellado a Fernando Grande-Marlaska.Después ha estallado el tema del gas pimienta. Así que para cuando le ha llegado el turno a la ministra de Defensa, Margarita Robles, la atención ya estaba más fuera que dentro del hemiciclo. Ella ha reiterado ante Cuca Gamarra que la directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Esperanza Casteleiro, «quiere ir» a la comisión de secretos oficiales, a pesar de que el PSOE lo descartó este martes, como publicó ABC, al alegar que ya acudirá la propia Robles el 6 de octubre. «Su Gobierno no quiere que venga a comparecer, esa es la única verdad», se quejaba la popular Sofía Acedo. Así que cuando su compañero Agustín Conde ha insistido otra vez con ello, la máxima responsable de las Fuerzas Armadas se ha dirigido, directamente, a Armengol: «Estoy encantada de ir a la comisión de gastos reservados. Me gustaría que en la Junta de Portavoces, señora presidenta, se autorizara a la directora del CNI para que no quepa ninguna duda». Pelota al tejado de la Moncloa.
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