Pedro Sánchez viajó este jueves hasta Boston, un día después de haber dado su discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Acudió invitado por la Universidad de Harvard para dar una conferencia sobre un tema de la máxima actualidad: la inteligencia artificial y la necesidad de su regulación.Con el acto, el presidente del Gobierno buscaba realzar su perfil como líder internacional progresista, dentro de los esfuerzos que ha hecho esta semana en la Gran Manzana. Por ejemplo, aquel encuentro con Zohran Mamdani , el joven alcalde socialista y musulmán de Nueva York, ídolo de la izquierda en todo el mundo. Pero su paso por Harvard acabó por devolverle a la realidad de los escándalos domésticos que le acosan: los estudiantes le preguntaron por asuntos incómodos , desde la causa sobre su mujer, Begoña Gómez, hasta la relación del ‘hackeo’ de su teléfono con su política hacia Marruecos. En Nueva York se había presentado como el gran defensor del multilateralismo, el rival de Donald Trump y su política exterior del más fuerte, el antagonista de los poderosos… «Quieren que nos acobardemos, quieren que nos rindamos», dijo desde el podio. «Pues yo estoy aquí para decirles, alto y claro, que se equivocan y que no nos vamos a callar».En esa misma línea, el presidente del Gobierno le hizo un feo a Trump y no acudió a su tradicional recepción a todos los jefes de las delegaciones. Esa valentía no alcanzó a la crisis de Ceuta, cuando ni siquiera mencionó a Marruecos en su discurso.En Harvard, en el Kennedy School of Government, un prestigioso centro de políticas públicas, Sánchez tuvo una tarde amable, en la que expuso su ambición de regular la inteligencia artificial y muchas condenas a los ‘tecno oligarcas’: «Muchos de esos algoritmos no se han construido para servirnos, sino para esclavizarnos», «contra la IA hay que pelear o huir, yo rechazo lo segundo», «debemos abandonar la fábula de la autorregulación», «no creáis a las grandes compañías», «necesitamos regulaciones a las que no pueda escapar ningún país, ninguna compañía, ningún multimillonario»…Después de un par de preguntas amables del moderador, llegó el turno de los estudiantes. La mayoría de ellos no necesitaron preguntar a Sánchez sobre inteligencia artificial, les interesaban más otros asuntos.Por ejemplo, Peter, un investigador en inteligencia artificial. «Tengo curiosidad de preguntarle por el hecho de que su esposa, su hermano, su exfiscal general, su antiguo secretario de Organización, o la asistente personal de su mujer están entre los nueve casos de corrupción que actualmente afectan a su Gobierno», le espetó. «Ahora que usted habla de recuperar la confianza en el Gobierno», le preguntó, «¿cómo ve usted a su Gobierno y a sí mismo cuando, según las encuestas de la Comisión Europea, muchos españoles creen que usted es una de las razones de la corrupción en España?». La pregunta fue recibida con aplausos desde el público.Sánchez reaccionó con gesto dolido, reconociendo la corrupción en altos cargos, pero negando la de sus familiares. «Sufrir ataques personales es muy difícil de asumir», dijo. «No es justo, porque no son culpables. Es aglo que tiene que ver con la política sucia, no con la corrupción».En la siguiente pregunta, cayó el ‘hackeo’ de su móvil con el programa ‘Pegasus’. «Meses después del ‘hackeo’, usted dio la vuelta a cuarenta años de neutralidad española sobre el Sáhara Occidental, y, más recientemente, defendió a Marruecos tras la invasión de Ceuta», le recordó Nicolás, un estudiante de máster. «¿Cómo podemos estar seguro de que este ‘hackeo’ no afecta a sus políticas?».Sánchez negó ese impacto y dijo que él no tiene que «defenderse de ‘fake news’ o desinformación sobre Pegasus». En ese momento, era ya evidente que Sánchez había accedido a someterse a preguntas libres. Un formato más complicado que sus comparecencias ante la prensa, donde su equipo de comunicación elige a dedo los medios que las formulan, concentrados en medios estatales o cabeceras más simpáticas con el Gobierno.Pero todavía hubo tiempo para una pregunta más y apareció Venezuela. Daniel, otro estudiante de máster, le preguntó sobre otros oligarcas, no los tecnológicos, sino los del país sudamericano, que han tenido el apoyo de miembros de su Gobierno. «Me gustaría saber si quiere aprovechar este momento para exigir elecciones presidenciales libres en Venezuela y distanciarse de figuras como la del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero», le dijo.Sánchez hizo un rodeo dialéctico y se refirió a la regularización de inmigrantes venezolanos en España, defendió que él siempre ha estado a favor de elecciones en Venezuela y optó por hacer como si no hubiera escuchado la pregunta sobre Zapatero.
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