Hay vidas que se salen de cualquier guion predecible y la de Belén Hernández-Mancha es, sin duda, una de ellas. Con apenas 18 años, esta madrileña hizo las maletas para emprender un periplo académico y profesional que la llevaría a residir en algunas de las capitales más influyentes del mundo. Tras graduarse en el Colegio Británico de Madrid, continuó su formación superior estudiando Comunicaciones Internacionales en la Universidad Americana de París, estancia que complementó con una etapa en la Universidad de Berkeley, en California.Criada en el seno de una familia muy vinculada a los lazos internacionales —hija de Antonio Hernández-Mancha, expresidente de Alianza Popular , y prima de la supermodelo Eugenia Silva , quien además es su madrina—, Belén estaba destinada a cruzar fronteras. Lo que tal vez no imaginaba era que terminaría echando raíces en Oriente Medio.Su historia dio un giro definitivo en 2010. Tras años viajando «prácticamente 11 meses al año» haciendo reportajes económicos, un proyecto de cuatro meses en Beirut cambió sus planes para siempre. Lo que parecía una estancia temporal se transformó en el comienzo de un proyecto de vida compartido con Tarek, un ciudadano saudí que, al igual que ella, había vivido la mayor parte de su vida en el extranjero.«Llegué a Beirut y la primera semana conocí a muchísima gente. Tenía unas amigas saudíes que nos sacaban a todas horas. En una de esas salidas conocí a Tarek por casualidad. Seguimos viéndonos y, cuando ya se acababan los cuatro meses de trabajo, me di cuenta de que aquello era mucho más serio de lo que inicialmente pensaba». Tras enlazar dos proyectos más en Senegal y México, a finales de 2011 decidió dejar su trabajo de redactora itinerante y contrajeron matrimonio en diciembre de ese mismo año.Choque culturalAsentarse en Oriente Medio no fue una decisión exenta de vértigo, especialmente para su entorno en España. «De primeras, mis padres sabían que casarme con un extranjero era una posibilidad muy real. Pero claro, de ahí a un ciudadano saudí había un trecho. En aquel entonces el país no tenía la mejor publicidad, y es verdad que la Arabia Saudí de hace quince años no era la de hoy », explica.Antonio Hernández-Mancha, padre de Belén, fue presidente de Alianza Popular ABCTras casarse, la pareja se trasladó definitivamente a Yeda, la segunda ciudad más importante del país árabe. La elección respondió principalmente a las oportunidades profesionales de Tarek, pero reconoce que «es un país enormemente seguro y es facilísimo criar a tus hijos aquí».Para Belén, integrarse en la sociedad saudí no supuso la barrera que habitualmente se presupone desde Occidente: «Como mujer, nunca he tenido el menor problema. Siempre he contado con el privilegio de estar casada con un ciudadano saudí y, al mismo tiempo, mantener mi estatus de extranjera expatriada. Siempre me han tratado de maravilla».Sus dos hijos se han criado a caballo entre el colegio americano de Yeda y largos periodos en España. «Pasamos los dos meses y pico de verano en España y todo el mes de Navidad. Mi madre muchas veces me dice que me ve más a mí que a mi hermano, que vive en Madrid y son vecinos. A mis hijos les encanta España, hablan un español perfecto y están orgullosos de sus dos culturas».De los zocos locales a vestir a la Casa Real SaudíFue precisamente en Yeda donde floreció su faceta como diseñadora y empresaria. La inspiración para emprender no tardó en llegar, impulsada por la figura de su suegra, una personalidad clave y rupturista en el ámbito cultural saudí. «Siempre fue una mujer muy adelantada a su tiempo. Montó la primera galería de arte del país cuando aquí nadie sabía lo que era el arte , creó un centro de entrenamiento para mujeres y fue pionera en el mundo de la moda, sobre todo en una época en la que el uso del color y los diseños alegres no estaban extendidos. Cuando la conocí, ella ya tenía un taller con cosedoras y una marca que gestionaba casi como un hobby, pero fue un referente».Aprovechando la rica oferta textil de los mercados y zocos locales, Belén comenzó a confeccionar ropa y abayas para su propio vestidor. Lo que nació como una afición personal pronto despertó el interés de su círculo social . «Empecé haciéndome cosas para mí porque me apasionaba el proceso. Luego decidí preparar una colección pequeñita para probar suerte en los pop-ups, que son muy populares aquí. Puse un estand en un evento, luego en otro, y la marca fue creciendo de una manera totalmente orgánica».Hoy en día, su firma Thaa se ha consolidado como un referente indiscutible del lujo en Oriente Medio. Su propuesta se distancia intencionadamente de la masa para dirigirse a un segmento de mercado muy exclusivo, alejado de la tradicional abaya negra de corte conservador. «Nos enfocamos en un cliente con un poder adquisitivo alto. La mayoría de nuestros espacios comerciales y ventas privadas se concentran en Riad, y muchas de nuestras clientas son miembros de la familia real », apunta.Su propuesta ofrece una mirada completamente renovada sobre esta prenda: «Aquí hay que entender dos realidades: la abaya negra tradicional que lleva la mayoría de la gente por razones culturales o religiosas, y la abaya de diseño que nosotros creamos, que funciona exactamente como un abrigo o un kimono de alta costura. Nuestras clientas suelen llevar las abayas abiertas, dejando ver la ropa de lujo que llevan debajo. Nos dirigimos a un nicho de mujeres con un estilo contemporáneo y menos conservador. Competir en el mercado de la abaya negra tradicional no tendría sentido para nosotros».«Nos enfocamos en un cliente con un poder adquisitivo alto. Muchas de nuestras clientas son miembros de la familia real»Los precios de sus piezas reflejan el nivel de artesanía y la exclusividad del producto. «Oscilan entre los 500 y los 2.000 euros para las prendas más complejas, con una media que ronda los 700 euros. Son piezas exclusivas, de tiradas muy limitadas, destinadas a durar».Madrid en el corazónSus piezas han vestido a presentadoras de televisión, cantantes de Oriente Medio e incluso han tenido presencia en producciones audiovisuales internacionales. «Grabaron una serie aquí para Netflix, nos pidieron varias prendas y una de las actrices principales salió luciendo nuestra marca. Me hace muchísima ilusión que mis hijos me digan: ‘Mamá, mira, esa abaya es tuya’».Pese al éxito, Belén sigue al frente de cada detalle del proceso creativo y de gestión, desde la selección directa de los tejidos en origen hasta la atención personalizada en los eventos de venta en Riad. Asimismo, cuenta con el respaldo de su madrina, Eugenia Silva: «Ella es súper cercana. Se pone nuestros caftanes cuando viaja, le encanta lo que hacemos y siempre me pide que le lleve piezas nuevas. Nos apoyamos muchísimo ».Eugenia Silva luciendo una abaya de Thaa InstagramA pesar de su plena consolidación en Yeda, la diseñadora no oculta su deseo de regresar a España en el futuro, aunque sin fijar plazos. «El día que vuelva a vivir a España será para no moverme más. Para mí es el mejor país del mundo para vivir, donde de verdad me siento en casa. Cuando llegué a Arabia pensé que estaría cinco años; luego pasaron diez, quince… La vida te enseña que no se pueden hacer planes a tan largo plazo. De momento seguimos ampliando la marca, preparando nuevas colecciones de accesorios y colaboraciones. No tengo prisa, pero sé que el destino final será Madrid ».
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