El motivo que ha llevado a cientos de personas este año a pagar por pasar media hora rompiendo objetos en una habitación con una barra de hierro o un martillo es para la gran mayoría el mismo: liberar estrés del día a día. Mientras que unos recurren a meditar, hacer deporte o apretar una pelota controlando la respiración; otros han encontrado una vía para canalizar ese malestar reventando y pisando televisores, microondas, lanzando botellas de vidrio y destrozando ordenadores portátiles y vasos en una sala de la ira. «Hay quien viene por recomendación de su terapeuta o para liberar tensión, pero hay otros que simplemente lo hacen por diversión», explica a este periódico Andrea Quesada, dueña de Rompe Madrid, uno de los negocios repartidos por la ciudad que ofrecen esta experiencia. Aunque los primeros espacios de este estilo que han abierto en España se remontan a 2020, el origen de este negocio va muchos más años atrás, a lo que conocemos como batallas de almohadas, un precedente a estas habitaciones y que representa una forma tanto lúdica como segura de liberar esa energía. Sin embargo, las primeras ‘rage rooms’ (como se conoce a estas salas en el mundo anglosajón) comenzaron a abrir al otro lado del mundo, en Japón, en torno a la primera década de este siglo. El país asiático, en el que la cultura del trabajo es intensa y estricta, vio nacer los primeros locales que acogían tanto a empleados como a empleadores como una manera de lidiar con el estrés de la oficina. Este mismo motivo es el que ha empujado a Gema, una madrileña de 30 años, a reservar una sala en el local ubicado en Vicálvaro diseñado para que la gente golpee, rompa y desahogue sus tensiones. «Me recomendaron venir por el nivel de estrés que tengo en el trabajo», señala esta mujer, que ha acudido al plan con su hermana de acompañante. «Nos hemos desfogado» , destaca, nada más terminar la experiencia que ha comenzado, eso sí, con colocarse todo el material de seguridad obligatorio. Un mono de fábrica, casco, visera, guantes, gafas y botas es el equipamiento que los clientes deben ponerse antes de pasar a la sala en la que aguarda un mostrador con armas, además de las vajillas y un televisor plasma que en cuestión de minutos será añicos. Después, llega la diversión. Una vez puesto el uniforme, los clientes ya pueden dar rienda suelta a su imaginación para romper todo tipo de objetos que les aguardan en el interior de la sala. En el momento en el que el reloj comienza la cuenta atrás de 30 minutos, ya se puede saltar sobre la tele, lanzar contra el suelo platos o vasos y hasta golpear con un martillo una freidora de aire. « Acabas agotado , pero con tantas frustraciones que tenemos esto es un medio para desfogar en un momento todas las cargas del día a día en unos minutos», apunta otro asistente tras la sesión, en la que en todo momento está siendo controlada por un empleado por cuestiones de seguridad, pero también para comprobar si se están cumpliendo las normas que el trabajador explica justo antes de entrar.Andrea Quesada, dueña de la sala de la rabia ubicada en Vicálvaro. Isabel PermyEntre las dudas previas que suelen tener los clientes se encuentra a quella de «¿y puedo cosas traer para romper?». Generalmente, objetos que evocan malos recuerdos a estas personas y que quieren destruir a golpes .Mientras en Rompe Madrid no está permitida opción, hay otras salas que sí aceptan objetos de fuera siempre y cuando no contengan líquidos u objetos tóxicos.En la Comunidad de Madrid operan en estos momentos dos salas pensadas para la rabia estables que ofrecen esta experiencia -que ya había pasado años atrás por la región, pero con un formato más temporal-. Además, se ha anunciado que una empresa que opera a nivel nacional en otras ciudades del país planean abrir un espacio también en la región capital. Rompe Madrid es la primera sala de rabia que comenzó a operar en la capital. «Tras la pandemia abrimos el primer local en el centro. El concepto era entonces totalmente nuevo. Estuvimos un tiempo ahí y cerramos para abrir un espacio más grande», cuenta a este periódico Quesada sobre su traslado del barrio de Malasaña al local de la calle de los Gallegos, donde cada mes llegan decenas y decenas de electrodomésticos y vajillas. «No se trata de una terapia alternativa. Es algo complementario y para desahogarse, bailar y gritar» Andrea Quesada Dueña de Rompe MadridLa logística, continúa la dueña, es la parte más complicada del negocio. «No es tan fácil como llamar y pedir que te traigan 200 teles para romper. Necesitamos que tengan unas características específicas en cuanto a la forma o el tamaño específicos. Vas haciendo llamadas y creando una lista de contactos para poder conseguir esas unidades», detalla antes de mostrar el almacén en el que guardan todo su ‘stock’. «Uno de los motivos por los que dejamos el centro fue tener que gestionar todo esto. Un parte muy importante de nuestro trabajo está en cargar todos estos electrodomésticos o 500 objetos de vajilla. Además de los constantes cortes», apunta. Despedidas de solteraEl precio de esta experiencia es de cerca de 30 euros por persona, la variación depende del paquete elegido por los clientes. Estas habitaciones tienen una capacidad de hasta cinco personas. El perfil, señalan desde esta empresa, suele ser muy variado. Además de grupos de compañeros de trabajo para dinámicas que organizan empresas para fomentar el trabajo en equipo, atienden muchas despedidas de soltero -más de mujeres que de hombres-, así como a familias, grupos de amigos e incluso parejas. Laura y Cristian han salido de la sala como «después de un retiro espiritual». «Nos ha permitido sacar toda la rabia que hay dentro y soltar toda la presión», apunta la joven. Esta joven pareja de veinteañeros llegó hasta este local gracias a un video en TikTok que les motivó a apuntarse mientras pasaban por «un momento complicado». «Parece que hemos salido de un retiro espiritual. Nos ha permitido soltar toda presión» Laura ClienteEl motivo principal de muchos asistentes que reservan una de estas salas es aliviar el estrés: «Hay quienes vienen por recomendación de sus terapeutas o por situaciones o picos de estrés en el trabajo o en su vida personal». Conviene, eso sí, separar el márketing y el negocio de la realidad psicológica. La dueña de Rompe Madrid recuerda que no se trata «de una terapia alternativa», sino algo «complementario a la terapia» o para un «momento puntual en la vida»: «Al final esto sirve para desahogarse, para bailar, para gritar y para divertirse». De hecho, la investigación sobre la hipótesis de la catarsis ha encontrado resultados que no respaldan de forma sencilla la idea de que «sacar la rabia» mediante agresión reduzca posteriormente la ira.«Tengo estrés laboral y me recomendaron venir a este tipo de sitios. Me he desfogado» Gema ClienteSin embargo, aunque hay a quienes esta forma de desahogo favorece su bienestar, no hay que olvidar que se trata de una opción de ocio experiencial: «También hay quienes se apuntan a este plan simplemente porque se trata de una experiencia divertida», señala Quesada. Es el caso de Ana, Marta y Paco, que buscaban una actividad diferente que hacer en la ciudad y, también gracias a redes sociales, encontraron Rompe Madrid. «Al principio no sabía ni por donde empezar, pero luego te acostumbras y se pasa el tiempo volando», indican a este periódico estos jóvenes.
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