La prueba número 14 de Starship, el cohete con el que Elon Musk quiere ir a la Luna y luego a Marte, no será una prueba cualquiera. SpaceX ha previsto en este nuevo ensayo llevar su nave por primera vez hasta la órbita terrestre, a casi 300 kilómetros de altura sobre nuestras cabezas, dando hasta seis vueltas a la Tierra. Un viaje de diez horas que puede suponer todo un golpe sobre la mesa en un escenario espacial cada vez más reñido, no solo entre las cada vez más numerosas empresas estadounidenses que quieren su trozo de pastel con la NASA; sino también a nivel global, con China pisándole los talones a EE.UU. y al propio Musk con su recién estrenado cohete reutilizable . Con un retraso de una semana sobre el calendario original, SpaceX tiene previsto lanzar este lunes 28 de septiembre en una ventana de lanzamiento que va desde las 07.15 AM hasta las 8.35 AM hora local (14.15-15.30 en España) su gigante de más de 120 metros. Compuesto por dos etapas, el propulsor Super Heavy (con 33 motores Raptor) y la nave Starship, ambas se separarán apenas unos dos minutos después del despegue, poniendo rumbos diferentes: la primera amerizará de forma suave en las aguas del Golfo de México (renombrado por Donald Trump como el Golfo de América) tan solo seis minutos después del despegue; y la segunda se encaminará a hacer historia para la compañía, si todos los sistemas tienen luz verde para hacerlo tras la primera media hora de vuelo. «Hasta ahora, las pruebas han seguido trayectorias suborbitales pasivamente seguras para maximizar la seguridad pública y, al mismo tiempo, facilitar el aprendizaje», explican desde la web de SpaceX. En concreto, todos los Starship despegaban desde la base de la compañía de Musk en Boca Chica (Texas) para realizar una parábola en la que, pasara lo que pasara, aterrizaban de forma segura en el Índico una hora después del lanzamiento. En esta ocasión, y si todo va según lo planeado, se plantea un vuelo orbital de diez horas con aterrizaje en el Pacífico, frente a las costas de Chile. «Al alcanzar la órbita, se podrá iniciar la siguiente fase del desarrollo de la Starship para que sea completamente reutilizable y de forma rápida», indican desde la compañía. Además, este será el primer vuelo comercial de Starship: por primera vez, SpaceX desplegará 26 satélites Starlink de nueva generación que empezarán a funcionar para la constelación de Musk que ofrece su propia red de internet en la Tierra a partir de la próxima semana. «Cada satélite Starlink V3 añadirá 1 Tbps de capacidad a la constelación, lo que supone un total de 26 Tbps de capacidad añadida solo en esta misión. Esto representa aproximadamente 10 veces la capacidad de un único lanzamiento de minisatélites Starlink V2 a bordo del Falcon 9», señalan desde SpaceX.Aparte, se reutilizarán dos losetas del escudo térmico ya usados en el cohete del anterior lanzamiento para comprobar que el material aguanta la reentrada (punto muy importante, ya que Starship será completamente reutilizable), además de probar nuevas mejoras también relacionadas con este delicado momento, en el que el vehículo aguanta temperaturas de hasta 1.500 ºC en algunos puntos.Un salto mucho más que orbital El salto orbital significa mucho más que un cohete viajando más alto y más tiempo sobre nuestras cabezas. Musk necesita que Starship, que no ha pasado de trayectoria suborbital, esté listo para Artemis III, la misión de la NASA prevista para 2027 que rodeará la Tierra durante días para probar los sistemas que permitirán que la tripulación de Artemis IV pueda, finalmente, pisar la Luna en 2028. El cohete de SpaceX es un equipo vital en el Programa Artemis , pero los retrasos sufridos en el calendario han propiciado que el discurso de la NASA sea más aperturista a probar suerte con otras empresas, entre ellas la del principal competidor de Musk, Jeff Bezos, que con la compañía Blue Origin está ( no sin contratiempos ) intentando convertirse en uno de los principales contratistas de la NASA. No obstante, las ambiciosas metas de la prueba 14 no están 100% aseguradas. SpaceX explica que «Starship solo realizará la maniobra de entrada en órbita una vez que el equipo de control de vuelo haya garantizado la redundancia suficiente en el hardware crítico para la posterior maniobra de desorbitación al final de la misión»; es decir, solo se aprobará que el cohete llegue a la órbita si en la primera media hora de vuelo los controladores dan luz verde a la misión.
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