Elon Musk y su compañía, SpaceX, han dado este lunes un golpe sobre la mesa al conseguir que Starship, el megacohete con el que la NASA prevé aterrizar en la Luna, por primera vez llegue a la órbita. El gigantesco cohete de más de 120 metros despegó de Boca Chica (Texas) con apenas unos cuarenta minutos de retraso, y, por primera vez en sus catorce vuelos de prueba, consiguió una trayectoria orbital, si bien el viaje apenas duró unas tres horas, siete menos de lo que la compañía había previsto.La causa de que SpaceX tomara la decisión de desorbitar la nave antes de tiempo tuvo que ver, según informó un portavoz de la empresa durante la retransmisión en directo de la prueba, con el clima: «Las condiciones meteorológicas del Pacífico Norte son mejores que las del Pacífico Sur, por lo que la compañía ha decidido cambiar de planes». Si bien en el comunicado oficial se informaba de que el cohete caería frente a las costas de Chile, al parecer SpaceX tenía aprobados otros puntos de amerizaje como el que finalmente ha recibido al cohete, que acababa explotando tras un suave primer contacto con el agua. El decimocuarto vuelo de Starship no era una prueba cualquiera. La nave debía mantenerse durante horas alrededor del planeta, completar hasta seis vueltas a la Tierra, desplegar 26 satélites Starlink de nueva generación y, sobre todo, demostrar que puede sobrevivir a la reentrada para volver a ser utilizada. Ha cumplido todos los hitos, salvo cumplir con el largo viaje previsto. Calendario apretadoEste resultado exitoso se suma a los avances acumulados en los trece vuelos anteriores, aunque con un sabor agridulce por la reentrada prematura de la prueba. El siguiente test, previsto para este mismo mes, pretende ir más allá y completar las diez horas, así como recuperar la etapa Super Heavy en el aire con los ‘palillos’ de la plataforma, la primera vez desde que se estrenara el nuevo prototipo Starship V3, muy parecido a la nave que usará la NASA para el Programa Artemis, la vuelta de misiones tripuladas de EE.UU. a la Luna. Y el calendario no espera, pues la nave tendrá que estar lista de cara a Artemis III, misión programada para el próximo año y en la que los cohetes que participen (previsiblemente Starship, de SpaceX; y New Glenn, de Blue Origin) tendrán que realizar un complejo acoplamiento con la nave Orion, que además estará tripulada por cuatro astronautas, incluido el italiano Luca Parmitano . Artemis III será una prueba de fuego tanto para Musk como para Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos y principal competidora de SpaceX, que no obstante también ha tenido que luchar contra sus propios contratiempos, con sus propias explosiones . La NASA calcula que la tripulación permanecerá unas dos semanas en el espacio probando todos estos sistemas.Bezos y China, principales competidores de MuskDurante años, la carrera espacial comercial estadounidense parecía tener un protagonista casi indiscutible: SpaceX. Ahora NASA está tratando de evitar esa dependencia, abriendo la puerta a nuevas empresas, como Blue Origin, que trabaja en su propio sistema de aterrizaje lunar y participará también en Artemis III con un vehículo de prueba. La estrategia de la agencia pasa por disponer de más de una vía para alcanzar la Luna.Además, Musk enfrenta a otro rival: China. La Luna se ha convertido en un nuevo escenario de competición estratégica y el gigante asiático mantiene su objetivo de enviar astronautas a la superficie lunar antes de 2030, integrando sus programas de exploración robótica y vuelos tripulados dentro de una estrategia lunar más amplia. Este mismo año ha seguido avanzando con el desarrollo del cohete Long March 10B reutilizable (como los del Musk) y la nave Mengzhou, mientras prepara nuevas misiones robóticas hacia el codiciado polo sur lunar, un lugar en la mira de todas las agencias espaciales por la presencia de agua en forma de hielo.
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