La acampada no podía ser en otro sitio, alcalde, porque la Puerta del Sol es el kilómetro cero, y una Nochevieja a cualquier hora. De modo que toda reivindicación aún lo es más, si le pones el escenario de apoteosis, como es el caso. La Puerta del Sol es la postal primera y principal de Madrid, y la gente que ahí asoma por primera vez se da un sobresalto alegre, porque resulta que esta gran plaza existe, y hasta venden lotería. El gentío suele venir a Madrid a transitar la Puerta del Sol y a ver si se topa con algún famoso. De paso, va y compra un número soñado en Doña Manolita, y saluda a la tribu congregada, que piden piso para las maricármenes de todas las edades. Nadie parece haber pasado verdaderamente por Madrid hasta que se lleva Madrid metido en el teléfono, y la foto imborrable es esta, la de la Puerta del Sol, donde se ve «el meollo del cogollo del bollo», que escribiera Umbral. Hablamos del kilómetro más famoso de España, un sitio de atmósfera del selfie que no cesa, una baldosa donde viene a fotografiarse todo peatón, turista o no turista. Ahora la baldosa está saliendo en todos los telediarios, aunque más bien sale el «overbooking» de acampados, y allegados. Sol tiene algo de plaza mayor sin llamarse Plaza Mayor, de vestíbulo de Madrid sin techo, de insomne rellano donde el público es también el espectáculo. En ningún otro sitio de la ciudad se aprecia mejor que la ciudad está vertebrada de gente. Todo Madrid cabe aquí un momento, y luego se marcha. Hablo de una estación sin trenes, donde somos pasajeros de nosotros mismos. Hoy, en la Puerta del Sol vivimos lo de siempre, pero más. Un escenario para el retrato y un atasco de peatones.
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