La microbiota intestinal continúa revelando funciones que van mucho más allá de la salud digestiva. Hoy sabemos que los microorganismos que viven en nuestro intestino participan en procesos metabólicos, inmunitarios y en la producción de sustancias capaces de interactuar con diferentes tejidos del organismo. Entre ellos, el músculo está cobrando un interés creciente.
«Cuando cuidamos la microbiota no estamos cuidando únicamente la digestión. Estamos actuando sobre un ecosistema que mantiene una relación estrecha con nuestro metabolismo y nuestro sistema inmunitario. Ahora empezamos a conocer mejor su posible conexión con la salud muscular, algo especialmente interesante cuando hablamos de envejecimiento», explica la Dra. Mar Sánchez Somolinos, jefa de la Unidad de Microbiota de Clínica Neogenia.
La clave está en la bacteria Roseburia inulinivorans
Entre los microorganismos que se investigan en esta relación se encuentra Roseburia inulinivorans, una bacteria intestinal capaz de utilizar diferentes carbohidratos fermentables y participar en el metabolismo de compuestos derivados de nuestra alimentación. Su posible relación con el músculo ha ganado interés tras investigaciones recientes. Un trabajo publicado en Gut, por ejemplo, ha encontrado una asociación entre una mayor presencia de R. inulinivorans y mejores indicadores de función muscular en humanos, mientras que los experimentos en animales apuntan a posibles efectos sobre la fuerza y el metabolismo muscular.
«Lo interesante no es pensar que hemos encontrado ‘la bacteria del músculo’, porque sería una simplificación. Lo relevante es que este tipo de investigaciones nos ayudan a entender que el ecosistema intestinal puede participar en procesos que hasta hace pocos años no relacionábamos directamente con la microbiota», señala la Dra. Sánchez Somolinos.
El músculo, un órgano metabólico que debemos cuidar
El músculo no sirve únicamente para movernos. Es un tejido metabólicamente activo que participa, entre otras funciones, en la utilización de la glucosa y en el metabolismo energético. Mantener una adecuada masa y función muscular contribuye además a conservar movilidad, equilibrio y autonomía. De ahí que su cuidado deba comenzar mucho antes de que aparezcan problemas asociados a la edad.
«El músculo es un patrimonio de salud. Tener una buena función muscular significa disponer de una mayor reserva funcional para afrontar el envejecimiento, una enfermedad o un periodo de inactividad. Por eso debemos cuidarlo durante toda la vida y no empezar a preocuparnos por él cuando ya hemos perdido fuerza», explica la especialista.
¿Cómo cuidar la microbiota y favorecer bacterias como Roseburia?
No existe un alimento capaz de aumentar por sí solo R. inulinivorans, ni todas las personas responden de la misma manera a una intervención dietética. El objetivo debe ser crear unas condiciones favorables para mantener un ecosistema intestinal diverso y funcional.
Una de las principales herramientas es la alimentación. Una dieta variada en verduras y hortalizas, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas aporta diferentes tipos de fibra que llegan al intestino y sirven de sustrato a distintas bacterias.
En el caso de R. inulinivorans, resulta especialmente interesante su capacidad para utilizar carbohidratos fermentables como la inulina y otros fructanos, presentes en alimentos como ajo, cebolla, puerro, alcachofa o espárragos. Las legumbres y determinados cereales aportan también fibras y almidón resistente que pueden contribuir a alimentar el ecosistema intestinal.
«Lo importante es proporcionar a la microbiota variedad de fibras y sustratos. Cuanto más diverso sea el patrón alimentario vegetal, más oportunidades ofrecemos a diferentes microorganismos beneficiosos para desarrollarse», explica la Dra. Sánchez Somolinos.
En personas con gases, hinchazón, síndrome de intestino irritable u otros trastornos digestivos, estas recomendaciones deben individualizarse, porque un aumento brusco de determinadas fibras fermentables puede incrementar los síntomas.
Preservar el músculo con la edad: especial atención a la menopausia
Con el paso de los años se produce una pérdida progresiva de masa y función muscular. Si avanza, puede favorecer fragilidad, caídas y pérdida de autonomía. Por eso, además de cuidar la microbiota, resulta fundamental actuar directamente sobre el músculo mediante actividad física y, especialmente, entrenamiento de fuerza, acompañado de una alimentación que cubra adecuadamente las necesidades energéticas y proteicas.
En las mujeres, la llegada de la menopausia representa un momento especialmente relevante. Los cambios hormonales se suman al propio proceso de envejecimiento y pueden favorecer modificaciones en la composición corporal. «La menopausia no debería abordarse únicamente desde los sofocos, el aumento de peso o la salud ósea. Tenemos que incorporar el músculo a la conversación. Entrenar la fuerza, cuidar la alimentación y mantener una buena salud metabólica e intestinal son inversiones que hacemos para nuestra salud de las próximas décadas», destaca la Dra. Sánchez Somolinos.
La investigación deberá determinar hasta qué punto intervenir sobre bacterias concretas puede contribuir a preservar la función muscular. Mientras tanto, la conexión entre microbiota y músculo refuerza una visión cada vez más integral del envejecimiento: cuidar el intestino, alimentarse adecuadamente y mantener el músculo activo son estrategias complementarias, no independientes.
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