El daño solar no siempre se ve a simple vista, ni desaparece cuando termina el verano. Laura Redondo Flórez, doctora en Biomedicina y Ciencias de la Salud y profesora titular de Farmacología en la Universidad Europea de Andalucía, advierte de que «una parte importante del daño producido por la radiación ultravioleta (UV) no se manifiesta clínicamente en el momento de la exposición». «La piel comienza a reparar inmediatamente las lesiones producidas, pero algunos procesos biológicos desencadenados por la radiación continúan durante días, semanas o incluso mucho más tiempo», señala la experta.
Según detalla, «la radiación UVB puede producir lesiones directas en el ADN, mientras que la UVA genera una parte importante de su daño mediante la formación de especies reactivas de oxígeno». Por ello, subraya que una piel que aparentemente «se ha recuperado» de una quemadura solar «no necesariamente ha vuelto a su estado biológico inicial», ya que «algunas lesiones del ADN son reparadas, pero otras pueden persistir; además, la exposición repetida puede hacer que se acumulen alteraciones». Un ejemplo, apunta, es la propia pigmentación tardía, que «comienza después de la exposición y puede mantenerse durante semanas o meses».
Es habitual que en septiembre y octubre aumenten las consultas por manchas o lunares sospechosos, pero la profesora pide cautela con las conclusiones apresuradas porque «no podemos afirmar que exista, con los datos científicos disponibles actualmente, un incremento específico en septiembre-octubre de 2026 atribuible al verano de 2026». Sí reconoce que «existe evidencia de que la actividad dermatológica relacionada con lesiones pigmentadas y determinados cánceres cutáneos presenta cierta estacionalidad», según un estudio en Países Bajos[1] que halló «un aumento de los diagnósticos de melanoma durante los meses de verano y un incremento de los diagnósticos de carcinoma escamoso en otoño».
Parte de esta subida de consultas se explica, según la experta de la Universidad Europea de Andalucía, porque «en muchos casos el verano simplemente hace más visible un problema que ya estaba presente o favorece que la persona se fije por primera vez en él». Además, recuerda que «las estimaciones de SEOM/REDECAN sitúan en 8.074 los nuevos casos de melanoma cutáneo que se diagnosticarían en España en 2026», y añade que «2026 ha sido el verano más cálido de la serie histórica española con 61 días bajo condiciones de ola de calor en Península y Baleares», aunque matiza que «temperatura y radiación ultravioleta no son exactamente lo mismo» y que «todavía no disponemos de evidencia que permita atribuir un aumento de consultas dermatológicas postvacacionales específicamente al verano de 2026».
Sobre las señales de alarma, la experta de la Universidad Europea de Andalucía recomienda «no esperar a que una lesión duela o genere una sintomatología específica», ya que «muchos cánceres cutáneos, especialmente en sus primeras fases, pueden ser completamente asintomáticos». Para los lunares, propone la regla ABCDE (Asimetría, Bordes irregulares, Color, Diámetro y Evolución), aunque insiste en que «no debemos obsesionarnos con medir milímetros o aplicar la regla ABCDE de forma matemática», ya que «lo más relevante es detectar cambios respecto a la propia piel habitual». También deben vigilarse «una mancha nueva que no desaparece, un lunar que empieza a sangrar, picar o formar costra» o el llamado «patito feo», es decir, «una lesión que destaca claramente respecto al resto de los lunares».
“No recomendaría una revisión dermatológica postvacacional de manera sistemática», ya que «la evidencia científica no permite establecer una frecuencia universal de revisión dermatológica para toda la población adulta que no presenta síntomas ni factores de riesgo», apunta la profesora de la Universidad Europea de Andalucía. Su recomendación es «individualizar la frecuencia de las revisiones en función del riesgo de cada persona», reservando una vigilancia más estrecha para quienes tienen «numerosos lunares o lunares atípicos, antecedentes personales o familiares de melanoma, una piel especialmente clara, una historia de exposición solar intensa o de quemaduras solares frecuentes».
Más allá del cáncer de piel, la exposición solar repetida deja otros efectos acumulativos como el fotoenvejecimiento, la hiperpigmentación o el daño en la barrera cutánea, por eso «debemos ser cautos con la palabra ‘reparar’», advierte Redondo, «porque no podemos esperar que una crema cosmética simplemente devuelva la piel a su estado original». «La piel tiene capacidad de reparación, pero no tiene un botón de reinicio», resume. «La fotoprotección no debería ser una estrategia puntual para las vacaciones, sino una forma de reducir la dosis acumulada de radiación ultravioleta a lo largo de nuestra vida. No podemos modificar toda la exposición solar que hemos recibido en el pasado, pero sí podemos evitar que la acumulación de daño continúe aumentando”, concluye.
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