Soufian me conoce desde hace apenas unos minutos, pero está preocupado por mi seguridad. Es uno de los pocos inmigrantes entre los 1.500 que habitan la Playa del Trampolín que es capaz de mantener una conversación fluida en español. Me cuenta que entró en Ceuta de los primeros, en torno al 28 de julio gracias al chivatazo de un militar marroquí que le avisó de que «la frontera estaba abierta». Tras pasar a nado por el Tarajal, malvivió por las calles de la barriada. «Me cobraban 20 euros al día por dormir. Lo que pasa es que luego empezó a entrar más gente, me subieron el precio, y ya no podía pagarlo. Me fui al monte y del monte a la playa», dice. A su lado, Adam me comenta que estuvo trabajando ahí en la obra, pero que le pagaban dejándole dormir en la casa, y no le merecía la pena: «Se aprovechan de los inmigrantes. Hay mucha gente mala. A algunos los han puesto a vender droga». Al rato, me explican que también hay vecinos de la barriada que están ofreciendo viajes de ida a la Península por 7.000 euros. «Conozco a un chico que lo consiguió y que ahora está trabajando por 300 euros al mes en un bar. Si yo tuviera dinero para pagar el viaje me hubiera quedado en Marruecos», apunta Soufian.«Los hemos visto hacerlo varias veces», me dice unos días después, tomando algo, un suboficial de regulares. «Los sacan en lancha por zonas como el Monte Hacho, salen disparados y es prácticamente imposible interceptarlos. Luego en la Península los pueden dejar en cualquier parte», prosigue.-¿Y eso quién lo hace?- Pues los mafiosos de ahí… ¿Estás seguro de que quieres ir?- Sí.- Pues a primera hora, luego es muy peligroso. Salen a la calle. Acampadas y peleasEs la mañana del miércoles y la barriada del Príncipe Alfonso I -el Príncipe, vamos- se despierta, con sus casas bajas e irregulares, sumergidas en la niebla. A sus pies, el campamento de Loma Colmenar, en el que, hace solo un día, metieron a unos 300 indocumentados que quedaban en Playa de Benítez. A estos hay que restar la treintena aproximada que logró escapar a la carrera de la UIP. Actualmente, la barriada tiene unos 11.200 habitantes (censados) y graves -e históricos- problemas relacionados con la violencia, la compraventa de droga y la pobreza. La renta media de los residentes es casi tres veces más baja que la de los habitantes del centro de Ceuta y la tasa de desempleo ronda el 60%, de las más elevadas de España. Se compone por un cúmulo de estrechos callejones por los que se pueden ver tiendas de campaña, casetas hechas con cartones y mantas y viejos colchones en los que, a estas horas, todavía duermen varios ilegales. La vía más importante es Calle San Daniel, que recorre el barrio como una serpiente partiéndolo en dos. En las fachadas de las casas, de todos los colores, se puede ver algún que otro puesto ambulante que en estos momentos permanece inactivo.«Esto está igual de lleno de ellos que el primer día prácticamente. Todo está lleno de mierda, si te fijas verás el pis y las heces en los portales. Esto se ha convertido en un vertedero», comenta Samir, vecino del barrio con hijos pequeños que charla con ABC a las puertas del campo de fútbol Tuhami Al Lal, que «está nuevecito y muy bien cuidado»: «Aquí juego yo partiditos de fútbol el martes con los chavales. Es de lo mejor que tenemos en la barriada».El caballa destaca que la gente del Príncipe «siempre ha sufrido», pero la llegada de los ilegales ha empeorado la situación, ahora «completamente descontrolada». «Los ves deambulando por todas partes. Montan puestos y peluquerías y hay zonas por las que no se puede pasar, porque huele muy mal». Apunta, además, que hay vecinos de la zona que están haciendo negocio con la situación: «Ves esas tiendas de campaña de ahí, en ese callejón, ya te digo yo, que soy de aquí de toda la vida, que para dormir justo ahí tienen que pagar. Y eso pasa también con los que tienen los puestos. Aquí no puedes montar un negocio así gratis; sin pagar a quien corresponde».De arriba a abajo, el barrio del Príncipe; tiendas de campaña que algunos vecinos alquilan a los inmigrantes, y Kamal, el Obama del Píncipe, presidente de los vecinos durante 16 años R.AlonsoEl vecino señala que también han aumentado las peleas callejeras; incluso entre vecinos, porque no todo el mundo tiene la misma opinión sobre los inmigrantes: «Hay quien los apoya y hay quien no los quiere aquí. Intentamos que los enfrentamientos no vayan a más, pero hemos visto situaciones muy complicadas». En su opinión, muchos de los que «los apoyan» lo hacen «porque les genera dinero»: «El que no tenía nada ahora les puede cobrar un alquiler (en un piso o por acampar en la fachada). Hay gente que ha montado puestos de bocadillos y de tabaco para ellos… La autoridad ahora mismo es cero».De vuelta a Marruecos Samir hace de ‘sherpa’ por la barriada. Muestra las montañas de basura que se acumulan en una loma próxima a las naves del Tarajal, donde actualmente malviven cientos de inmigrantes, entre ellos niños pequeños. El olor a sudor y salitre lo inunda todo. Es más intenso que en el Trampolín y casi parece que se puede cortar. Cerca, un grupo de jóvenes inmigrantes charlan en una de las barberías callejeras que salpican la barriada. Yahia se está cortando el pelo.«Me estoy preparando para cruzar la frontera y volverme a casa», dice en dariya, la variedad del árabe que se habla en Marruecos. ¿La razón? «Aquí hambre. No hay comida y dormimos en la calle», comenta uno de sus acompañantes, que se esfuerza por hablar en castellano. «Cada vez se están volviendo más, gracias a Dios», apunta Samir. Según los datos más recientes del Gobierno, desde el 10 de agosto 8.676 inmigrantes han retornado al país vecino. La mayoría de ellos -8.223- por decisión propia. Lo que no está claro es el número que sigue dentro de la ciudad o del Príncipe.’El Obama del Príncipe’Ya de vuelta en calle San Daniel, Abdelkamil Mohamed charla frente a la fachada del Centro Polifuncional Mustafa Mizzian, el corazón cultural de la barriada. Fue presidente de los vecinos de la barriada durante 16 años y, durante ese tiempo, se le conoció popularmente como el ‘Obama del Príncipe’. Ahora simplemente es Kamal, aunque mantiene el respeto de los vecinos. «Aquí todavía hay muchos inmigrantes y los vecinos intentan ayudarles y darles de comer y ropa. En el resto de Ceuta la situación ya está más controlada, pero aquí no», explica a este diario. Kamal destaca que a la gente del Príncipe se la está acusando mucho «de forma injusta». También relativiza los testimonios de los ilegales: «Aquí vienes y si tú te mezclas en el mundo de la droga, es tu problema. Eres quien ha elegido hacer eso. Ya se sabe lo que es el Príncipe. Aquí ‘entre comillas’ antes de esto se vivía tranquilamente».Kamal remarca otra vez que «en el barrio son muy humanitarios». Aunque reconoce que también «hay quien se aprovecha»: «Hay quien se aprovecha con el alquiler o en las tiendas, en las que a lo mejor se suben los precios».Sin Policía Hablar con los vecinos del Príncipe es complicado. La mayoría prefiere no hacer declaraciones sobre la situación de la barriada. Tampoco se ven agentes de Policía. «Es como en las 3.000 viviendas (de Sevilla), solo se va cuando es obligatorio», explica Laura García, portavoz del sindicato policial Jupol. García señala que, actualmente, algunos vecinos «están cobrando a los inmigrantes incluso por dormir en los coches, los trasteros, los garajes, las fachadas y los coches abandonados que tienen ahí»: «Están haciendo negocio, sin duda».Durante el último mes, la Policía Nacional ha desalojado varias viviendas en Ceuta en las que se alojaba ilegalmente a inmigrantes, a los que se llegaba a cobrar hasta 1.000 euros mensuales. Dos de las últimas se encontraban en Loma Colmenar y el Príncipe, donde se encontró viviendo a 15 personas, según la prensa local.
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