Buscar continuamente la aprobación de los demás puede terminar condicionando decisiones que, en principio, sólo deberían depender de nosotros. Sucede en el trabajo, entre amigos y también dentro de la familia. Por mucho que intentemos actuar correctamente, siempre puede aparecer alguien que esperaba otra cosa, que habría elegido un camino diferente o que sencillamente no comparte nuestra manera de pensar.
Una conocida reflexión asociada a Abraham Lincoln resume precisamente esa realidad: «Puedes agradar a algunas personas todo el tiempo, a algunas algún tiempo, pero no a todas todo el tiempo». Unas sabias palabras que podemos aplicar a nuestra vida. y a nuestro día a día, a pesar de que el presidente estadounidense viviera hace dos siglos: escuchar a quienes nos rodean es una cosa y pretender contar siempre con su aprobación es otra muy distinta.
Abraham Lincoln: «Puedes agradar a algunas personas todo el tiempo, a algunas algún tiempo, pero no a todas todo el tiempo»
No todas las personas esperan lo mismo de nosotros. Lo que una considera una buena decisión puede parecerle equivocada a otra, sin que necesariamente una de las dos tenga razón. Las circunstancias, los intereses e incluso la relación que mantenemos con cada persona influyen en la forma de interpretar lo que hacemos. Pensemos, por ejemplo, en alguien que decide rechazar un compromiso porque necesita disponer de más tiempo para sí mismo. Probablemente habrá quien comprenda perfectamente su decisión y quien la interprete como una falta de interés. Cambiar de trabajo, terminar una relación o simplemente negarse a hacer un favor puede provocar reacciones similares.
La frase pone el foco precisamente en ese límite. Podemos explicar nuestras razones, escuchar otras opiniones e incluso modificar una decisión cuando descubrimos que estábamos equivocados. Lo que no podemos controlar es cómo reaccionará cada persona. El problema comienza cuando evitar cualquier desaprobación se convierte en el criterio principal. Si antes de tomar una decisión pensamos únicamente en quién puede molestarse, corremos el riesgo de relegar nuestras propias necesidades. No se trata de hacer siempre lo que uno quiera sin pensar en nadie, sino de asumir que el desacuerdo también forma parte de las relaciones.
¿La frase es realmente de Abraham Lincoln?
La frase siempre se comparte mencionando a Lincoln como su autor, pero lo cierto es que en años anteriores también ha sido atribuida a John Lydgate, poeta y monje inglés que vivió entre los siglos XIV y XV, mucho antes del nacimiento de Lincoln. El propio Parlamento escocés recogió esta cuestión en una intervención de 2023: señaló que Lincoln suele aparecer acreditado como autor de la expresión, aunque atribuyó su creación a Lydgate. Con el paso del tiempo, la frase ha circulado en diferentes versiones y ha quedado estrechamente relacionada con el presidente estadounidense.
También existe otra cita muy parecida asociada a Lincoln, pero en este caso habla de «engañar» en lugar de «agradar». La semejanza entre ambas formulaciones ha contribuido a aumentar la confusión sobre su procedencia. Por ese motivo, resulta más preciso referirse a ella como una reflexión atribuida o asociada a Abraham Lincoln. Eso no cambia el significado que ha permitido que siga utilizándose siglos después.
Lincoln nació en Kentucky en 1809 dentro de una familia humilde y recibió poca educación escolar formal. Trabajó en distintos oficios durante su juventud, estudió Derecho por su cuenta y desarrolló posteriormente una carrera política que lo llevó a convertirse en el decimosexto presidente de Estados Unidos. Su presidencia, iniciada en 1861, estuvo marcada por la Guerra Civil. Su figura quedó vinculada a la defensa de la Unión y a la lucha contra la esclavitud. Fue asesinado en Washington en abril de 1865, poco después del final de la contienda.
Por qué intentar gustar siempre a los demás puede convertirse en un problema
La necesidad de sentirnos aceptados no resulta extraña. Una felicitación produce satisfacción y una crítica puede afectarnos, especialmente cuando procede de alguien cuya opinión valoramos. Pero no todas las críticas significan lo mismo ni deberían influir de igual manera. A veces nos indican que hemos cometido un error. Otras simplemente reflejan que otra persona quería que actuáramos de forma diferente. Confundir ambas situaciones puede llevarnos a modificar continuamente nuestro comportamiento para adaptarnos a lo que esperan los demás.
La frase atribuida a Lincoln tampoco debe interpretarse como una invitación a ignorar las opiniones ajenas. Escuchar permite descubrir errores, comprender otros puntos de vista y cambiar de postura cuando existen buenos motivos para hacerlo. La diferencia está en no convertir la aprobación en una condición indispensable y tampoco querer agradar a todos, ya que en algún momento vamos a hacer algo, o tendremos una opinión o simplemente una forma de vivir que otra persona no comparta. Aceptarlo no significa dejar de tener en cuenta a quienes nos rodean, sino entender que recibir una crítica o provocar una decepción no convierte automáticamente una decisión en una equivocación.
Powered by WPeMatico