Resulta fascinante la capacidad de Sánchez para crear ilusionismo político en su parroquia, hasta el punto de trasladarla a realidades imaginarias, fantasiosas incluso. Ha conseguido sacar a la calle a varias decenas de miles de personas durante el fin de semana contra las políticas de vivienda, contra el propio Sánchez se supone, que para eso lleva ocho años gobernando y suyas son las decisiones que han destruido uno de los pilares que dan estabilidad social y generacional. Pero no, al parecer el ruido de los llavines, las proclamas en favor de la huelga general y el malestar generalizado escenificaban la ira contra la derecha, porque todo el mundo sabe que Feijóo y Abascal se cuelan cada noche en la Moncloa, mientras Sánchez duerme, para atacar los derechos de los españoles. La izquierda, en fin, se instala en una narrativa desternillante, donde la calle no se levanta para pedirle cuentas al poder, sino para vigilar a quienes no gobiernan; participando gustosamente en una cortina de humo que oculta la crisis de Ceuta, el fracaso legislativo y la marabunta de la corrupción. El PSOE y su loquería.
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