El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha anunciado su dimisión y su renuncia a encabezar la lista del PSOE por Valladolid el 29N al finalizar su comparecencia en el Congreso de los Diputados por el accidente de Urda (Toledo), que se ha saldado con al menos 69 víctimas mortales. Tras cuatro horas de sesión, y después de un clamor a izquierda y derecha para que presentase su cese, Puente ha sorprendido con la noticia, emocionado, con la voz entrecortada y al borde del llanto, porque durante sus explicaciones la autocrítica había brillado por su ausencia. Nadie se lo esperaba, pero la incredulidad ha ido dejando paso a la constatación de que se marcha. Continuar en su puesto tras dos siniestros de esta magnitud, el anterior, hace nueve meses en Adamuz (Córdoba), con otros 46 fallecidos, era ya insostenible.Algo así dijo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hace apenas unos días. Pero el ministro, según ha asegurado a sus señorías, había tomado la decisión de dar un paso atrás «los primeros minutos en los que se produce la tragedia». Según se dirigía al centro de ADIF, tras comunicárselo a su familia, el ministro había tomado una resolución que ha mantenido en el más escrupuloso silencio durante casi una semana y ha comunicado este martes pasadas las nueve de la noche. «Un ministro de Transportes de España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad en ellos, por una cuestión de dignidad política, de coherencia y de empatía con las víctimas», ha expresado en la sala Constitucional del Congreso.La hace pública la noche de este martes, ha explicado, porque antes quería cumplir «el trabajo más urgente e inaplazable»: la atención de la emergencia y la adopción de las primeras medidas para resarcir a las víctimas. Tras asumir su responsabilidad, Puente ha lanzado, a algo más de tres semanas de las elecciones generales del día 29, un mensaje en clave interna. Su dimisión es una medida «necesaria y positiva» y no «ningún drama». «Drama, el de las familias, las víctimas y los heridos», ha lamentado, y ha prometido: «Después de su dolor, ninguno es tan grande como el mío». El ministro, que heredó la cartera de José Luis Ábalos, condenado por corrupción, ha afrontado en este tiempo estos dos siniestros, que, por ahora, terminan con su carrera política. En redes sociales lo caracterizaba un tono faltón que lo ha puesto en el foco en numerosas ocasiones. Pero este martes ha querido reivindicarse. «No es cierto que todos los políticos seamos iguales. Esa es una falacia de los que dicen que al pueblo solo lo salva el pueblo. Al pueblo solo lo salva un Estado fuerte. El pueblo solo salva al pueblo en las urnas, votando a los que lo apoyan».En su primer intervención, de 35 minutos, nada apuntaba a una renuncia. Seguía señalando al controlador por no reaccionar al aviso de la maquinista de IryoUn mundo antes de su mitin final, de una despedida en la que ha puesto su ego por detrás, en sus palabras, de su partido y su país, el ministro, como si de un tren de Renfe se tratase, enfilaba hacia la sala Constitucional de la Cámara Baja, apenas acompañado por el diputado Javier Alfonso Cendón, a las cinco y seis de la tarde. Seis minutos de demora como metáfora ferroviaria. Desgraciadamente, los retrasos son el mal menor de una red que ha sufrido dos accidentes de gravedad en la alta velocidad en nueve meses. Adamuz, con 46 víctimas mortales, y Urda, con al menos 69. Dentro lo esperaban 69 personas —los números a veces son caprichosos—, que son los diputados que mantienen su acta tras la disolución de las Cortes. En plena precampaña, cerca del 29N, la Diputación Permanente había clamado ya ‘dimisión’.El grito ha sido casi unánime. No solo el PP y Vox habían reclamado el cese del ministro, que acumula 116 muertos en siniestros ferroviarios este 2026 sumándole el maquinista fallecido en Gélida (Barcelona), sino también Sumar, Junts, PNV, Podemos y BNG. La sesión, de forma obligada, ha empezado con un minuto de silencio por las víctimas del accidente de Urda. Cuarenta heridos permanecen hospitalizados. El ministro, enfundado en un traje y camisa azules, con una corbata rosa salmón, ha tomado después la palabra. En su intervención inicial, de apenas 35 minutos, ni una sola autocrítica. Tras el correspondiente pésame y el agradecimiento a los servicios de emergencia, que el miércoles se enfrentaron a un pasaje de terror, el ministro ha desglosado las medidas que ha aprobado por la mañana el Consejo de Ministros y que él mismo, en rueda de prensa, ha explicado antes de dar la cara en la Cámara Baja. Entre otras, la limitación de los precios de medios de transporte alternativos al tren mientras permanezca cerrada la línea Madrid-Sevilla, la asimilación de las bajas por el siniestro a las de un accidente laboral, un plan para mejorar la seguridad en la alta velocidad con una doble validación de las decisiones de los centros de control, y ayudas directas por valor de treinta millones de euros a los familiares de fallecidos y heridos.La alta velocidad, ha llegado a aseverar Puente, no está «abandonada ni olvidada». El Gobierno, ha dicho, ha puesto en marcha un plan de renovación por valor de 780 millones de euros. Después, como ha hecho ya en otras ocasiones, ha hecho una cronología «aséptica», casi minuto a minuto, de lo que ocurrió el día del accidente. En esa relación «aséptica», el ministro ha remarcado que el Centro de Control de ADIF en Atocha —cuando a las 8:48 la maquinista del Iryo comunicó que no podía reanudar la marcha— «recibió el mensaje, pero no tomó ninguna acción». Después, en su réplica a los grupos, ha admitido que sin la caída del sistema de señalización LZB, «que no fallo», no se habría producido el alcance.El PP y Vox, muy duros, habían reclamado su dimisión entre fuertes reproches, pero también casi todos sus socios, incluido SumarExplicaciones aparte, y salvo contadas excepciones, la sesión se había convertido en un clamor para que Puente dimitiese. La primera ha sido la portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Ester Muñoz, vestida completamente de negro. «Qué bien se le da explicar por qué la gente muere en accidentes y qué mal se le da evitar accidentes en los que muera la gente», ha expresado, en una intervención, al contrario de lo que acostumbra, mucho más dura en el fondo que en la forma. Muñoz ha lamentado que el titular de Transportes no haya pedido perdón a las víctimas y que, incluso, se mostrase dispuesto «a sufrir un martirio, un calvario», con una campaña electoral por delante: «¿Cuántos móviles estaban sonando desesperadamente en esos vagones mientras usted trabajaba con su equipo en un relato y filtraba audios?». «La mayoría de grupos va a pedir su dimisión, pero llega tarde. 116 vidas tarde».En la misma línea, su homóloga en Vox, Pepa Millán, había acusado a Puente, antes de su dimisión, de no renunciar a su cargo «para sostener a su amo», el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y ha arremetido contra el ya exministro: «No tiene humanidad, no tiene corazón, no tiene principios ni finales». También ha censurado que desde el Ejecutivo se haya apuntado a un «error humano» como una demostración de que al Partido Socialista le sobra «el obrero español». «Este partido que está aquí va a hacer lo posible para que usted pague ante un tribunal las 116 víctimas», ha zanjado y, terminada su intervención, los diputados de Vox han abandonado la sala y no han vuelto para escuchar al ministro, así que se han perdido su adiós.Las peores noticias, a Puente y a Sánchez, les llegaban desde su izquierda. El ministro había asegurado tras el Consejo de Ministros, por la mañana, que nadie de Sumar, ni antes ni después de la reunión del Gobierno, le había pedido que dimita. «Se lo hemos pedido por tierra, mar y aire», decían antes de su comparecencia en el Congreso fuentes de la coalición que encabezó en 2023 Yolanda Díaz. Ya en la Diputación Permanente, Verónica Martínez Barbero, portavoz del grupo, le ha pedido su renuncia. También lo han hecho Ione Belarra (Podemos), Míriam Nogueras (Junts), Mikel Legarda (PNV) y Néstor Rego (BNG). Toni Valero (Izquierda Unida) ha sido igualmente crítico con la liberalización de la red ferroviaria, argumento compartido por el resto de actores de su espacio político. Pero incluso quienes no han reclamado el cese de Puente, como Gabriel Rufián, han sido contundentes. El republicano se ha preguntado quién se hará cargo de lo sucedido y que estarían diciendo si fuese un ministro del PP el que tiene «más de cien muertos». Puente solo ha encontrado dos aliados: Mertxe Aizpurua (Bildu) y Patxi López (PSOE), quien ha recordado El Ventorro y al dimitido Carlos Mazón. Tras cuatro horas de martirio, en eso ha acertado, ha anunciado su dimisión, entre aplausos socialistas.
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