La borrachera electoral del Partido Demócrata en las elecciones de medio mandato fue antológica: una victoria histórica, con la que conquistan las dos Cámaras del Congreso, que es un veredicto contundente contra el trumpismo e impulsa a dicha formación hacia las presidenciales de 2028. Pero, a partir de ahora, tienen que lidiar con la resaca: las tensiones entre las dos almas del partido –izquierdistas y moderados– no se habrán disuelto con el tsunami azul del martes. Al contrario, se pueden exacerbar ahora que toca gestionar la victoria, colgarse la medalla, imponer visiones políticas e impulsar liderazgos con la mirada puesta en la Casa Blanca.Desde hace una década, esas dos facciones han batallado por imponer su visión de cuál es el alma que debe dominar en el Partido. El origen está en aquellas primarias demócratas de 2016, con la irrupción de un senador veterano, el socialista Bernie Sanders, que se enfrentó al ‘establishment’ representado por Hillary Clinton. Fue la campaña en la que desembarcó Donald Trump con un mensaje económico populista. Sanders compartía parte del mensaje, pero no pudo con la oposición interna demócrata , que lo maniató en las primarias. Muchos de los izquierdistas de Estados Unidos todavía consideran que Sanders –quien despertaba mucho más entusiasmo en las bases que Clinton– se habría impuesto a Trump.Desde entonces, el debate regresa una y otra vez: inclinarse hacia el izquierdismo, que moviliza a las bases; o hacia el centrismo, que atrae a independientes y moderados, indispensables para ganar más allá de los bastiones demócratas.La lectura inmediata de los resultados de las ‘midterms’ es que todos tienen razón. Porque han ganado todos, desde opciones izquierdistas como Abdul el Sayed, nuevo senador por Míchigan, hasta las moderadas como James Talarico, quien también ha conseguido el billete al Senado , en su caso por Texas.Es cierto que algunos izquierdistas han cosechado resultados algo por debajo que otros candidatos demócratas más moderados en su mismo estado. Es el caso de El Sayed: la ganadora al cargo de gobernador, Jocelyn Benson, obtuvo cuatro puntos más que él. Algo similar ocurrió en otros estados con doblete de victoria a senador y gobernador, como en Minnesota o Maine. Pero la facción progresista mantendrá que, con todo, lograron victorias en territorios complicados, como Míchigan, e incluso estuvieron cerca del campanazo en otros donde parecía imposible. El mejor ejemplo es Florida, donde la candidata demócrata al Senado, Angie Nixon, se quedó muy cerca de la victoria en una elección en la que apenas tuvo apoyo del partido, que siempre dio esa carrera por perdida .La agitación de los socialistasNixon es una integrante de los Socialistas Demócratas de América (DSA, por sus siglas en inglés), que es la facción más extremista del partido y ha obtenido un puñado de escaños para el Congreso. Su presencia agitará las aguas de las nuevas mayorías demócratas. Algunos de ellos ya han cuestionado el liderazgo de las dos figuras que apuntan a tomar el control de las Cámaras: Hakeem Jeffries en la Cámara de Representantes y Chuck Schumer en el Senado , ambos miembros del ‘establishment’.Un orden que El Sayed se ha comprometido a combatir desde su discurso de celebración de su victoria electoral. «Nos dijeron que el ‘establishment’ era demasiado poderoso, que Washington iba a dictar quién perdía y quién ganaba», dijo a sus seguidores en su fiesta en el centro de Detroit, después de haber sobrevivido a unas primarias en las que el partido apoyó a su rival, la moderada Haley Stevens. Pero estos comicios han mostrado, en su opinión, «que al final ganará un movimiento de la gente, por la gente y para la gente».Mientras unos y otros buscarán apuntarse el tanto, quizá olviden que el principal factor de su victoria ha sido un tercero: Trump y la impopularidad de su segundo mandato. Eso sí, los demócratas lo aprovecharon con un mensaje económico disciplinado, centrado en la preocupación principal del votante –el coste de la vida– y sin las distracciones ‘woke’ de antes. Ahora tendrán un examen todavía más difícil: conseguir resultados desde el Congreso frente al poder de veto de Trump y mantener la cohesión rumbo a las presidenciales.
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