Una investigación genética ha permitido reconstruir una historia familiar que permaneció oculta durante más de 16 siglos. Un hombre enterrado en la antigua Augusta Emerita, la actual Mérida, y una mujer cuyos restos aparecieron cerca de la Vía Augusta, en la provincia de Castellón, eran hermanos.
Ambos vivieron durante los últimos siglos del Imperio romano y murieron a cientos de kilómetros de distancia.
¿Dónde encontraron los restos de los dos hermanos?
Los arqueólogos localizaron los restos del hombre en la necrópolis de Los Blanes, en Mérida. Los análisis sitúan su enterramiento entre los años 364 y 535 d. C., un periodo marcado por la transformación política y social del Imperio romano en Hispania.
El de su hermana apareció en Hostalot-Ildum, un antiguo complejo situado junto a la Vía Augusta, en el territorio de la actual provincia de Castellón. Su tumba corresponde a una fecha comprendida entre los años 257 y 409 d. C.
La sepultura femenina aportó otras pistas sobre sus posibles orígenes. Entre los objetos funerarios aparecieron un recipiente de vidrio y dos alfileres de oro relacionados con tradiciones culturales de las regiones del Danubio y el mar Negro. Estos elementos también presentan semejanzas con piezas recuperadas en Mérida.
La distancia entre ambos enterramientos alcanza aproximadamente los 725 kilómetros. Según la investigación, se trata de la mayor separación geográfica documentada hasta ahora entre familiares de primer grado identificados mediante ADN antiguo.
¿Cómo pudieron recorrer tanta distancia durante el Imperio romano?
La investigación, publicada en Cell, plantea que la red de calzadas romanas pudo facilitar los desplazamientos de esta familia. Los investigadores calculan que el trayecto entre los dos lugares de enterramiento habría supuesto unos 24 días a pie o alrededor de 14 días a caballo.
La Vía Augusta desempeñaba un papel fundamental en las comunicaciones de Hispania. Esta infraestructura conectaba diferentes territorios y facilitaba los viajes de comerciantes, soldados, funcionarios y otros habitantes del Imperio. La presencia de la mujer junto a un complejo de descanso situado en esta ruta también aporta información sobre la movilidad de la época.
Los científicos no han podido determinar si los hermanos viajaron juntos ni cuándo se separaron. Una de las hipótesis apunta a que la mujer pudo desplazarse hacia el sur durante una migración, mientras que su hermano terminó en Augusta Emerita. No obstante, los restos genéticos no permiten reconstruir con exactitud sus movimientos ni las circunstancias de sus muertes.
El ADN revela cómo cambió la población de Hispania durante el Imperio romano
El descubrimiento forma parte de una investigación mucho más amplia, titulada Impactos demográficos contrastantes de la colonización romana y las migraciones altomedievales en la Península Ibérica.
El equipo, dirigido por Pablo Carrión y otros investigadores, analizó el material genético de 243 individuos procedentes de 31 yacimientos arqueológicos de la península ibérica.
Los resultados permiten estudiar los movimientos de población entre los años 100 y 800 d. C. y muestran que la expansión romana favoreció la llegada de personas procedentes del Mediterráneo oriental y el norte de África.
En uno de los análisis, 55 de los 66 individuos de época romana estudiados presentaban ascendencia genética relacionada con el Mediterráneo oriental. Los investigadores también encontraron una importante presencia de ascendencia norteafricana, especialmente en el sur y el centro peninsular.
En una muestra de 34 individuos procedentes de yacimientos del sureste, 33 presentaban este componente genético. Los datos reflejan los contactos entre Hispania y otros territorios mediterráneos a través del comercio, la administración imperial y los desplazamientos de población.
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