Napoleón Bonaparte fue uno de los personajes más poderosos e influyentes de la historia europea. Sin embargo, su relación con España estuvo lejos de ser sencilla. El emperador francés encontró en el territorio español una resistencia que no había previsto y que terminó debilitando su proyecto de expansión por Europa. A él se atribuye una frase que todavía despierta curiosidad. «A los españoles les gusta renegar de su país y de sus instituciones, pero no permiten que lo hagan los extranjeros». Una reflexión que pone el foco en el sentimiento de pertenencia, el orgullo nacional y la reacción de una sociedad cuando alguien ajeno cuestiona aquello que considera suyo.
El error que cambió su relación con España
La invasión francesa comenzó en un contexto de crisis de la monarquía española. Las tropas napoleónicas habían entrado inicialmente en territorio español con el argumento de atravesarlo para llegar a Portugal, pero terminaron ocupando posiciones estratégicas y Madrid. Las abdicaciones de Bayona y la designación de José Bonaparte como rey provocaron un profundo rechazo.
El levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid fue uno de los episodios que desencadenaron la Guerra de la Independencia, que se prolongó hasta 1814. La resistencia no quedó limitada a la capital, ya que diferentes ciudades organizaron juntas y surgieron movimientos populares y guerrilleros que dificultaron el control francés.
La derrota que sorprendió a Europa
Uno de los acontecimientos más importantes fue la batalla de Bailén, librada el 19 de julio de 1808. Las tropas españolas dirigidas por el general Francisco Javier Castaños derrotaron al ejército francés del general Pierre Dupont. Fue una victoria de enorme repercusión porque demostró que los ejércitos napoleónicos podían ser vencidos en campo abierto.
La campaña española terminó convirtiéndose en un problema militar de enormes dimensiones para Francia. La resistencia, la intervención británica y las dificultades para controlar el territorio obligaron a Napoleón a destinar numerosos recursos a la península.
La frase del emperador Napoleón resume, por tanto, una idea que sigue generando debate, ya que una cosa es criticar los problemas del propio país y otra muy diferente aceptar que lo haga alguien desde fuera.
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