Llanes intenta retomar una cierta normalidad una semana después del crimen de Laura Cruz, la guardia civil asesinada por su expareja, Dámaso , que también era agente de la Benemérita. La Policía Judicial de la Guardia Civil de la Comandancia de Gijón ha asumido la investigación para esclarecer los hechos, aunque con el atacante ya fallecido se archivará de oficio .Sin embargo, hay cuestiones aún por resolver. Cómo pudo acceder al cuartel por la puerta de atrás y llegar hasta la oficina donde estaba ella es solo una parte, si bien el gran agujero se refiere al arma . Y es lo que denuncian los propios sindicatos de la Guardia Civil, como la Asociación Unificada de guardias civiles.Que en el caso de Laura Cruz y su asesino algo ha fallado está claro. La Guardia Civil se defiende, porque el protocolo de Violencia de Género se cumplió de manera estricta. Las medidas de protección decayeron en diciembre, por lo que la expareja y luego asesino de Laura ya no estaba señalado. Aún así, por puro protocolo del Cuerpo al tener un expediente disciplinario abierto, a Dámaso le habían retirado su arma reglamentaria y unos días antes del crimen se le había notificado formalmente la separación del servicio. «El sistema, en lo que a él respecta, había funcionado: se le había desarmado», afirman desde la AUGC, pero también apuntan al clamaro que hay en la sociedad: «Y aun así encontró una pistola» .Dámaso no tenía su arma reglamentaria en el momento en el que decidió salir de Zamora en dirección a Llanes para matar a Laura. En su poder tenía la pistola de otro compañero , un guardia civil que ese día no estaba de servicio y que había dejado lo que luego resultó ser un arma del crimen donde siempre: en su taquilla.El asesino de Laura lo sabía y simplemente necesitó un destornillador para forzar el armario de su compañero, simular una rotura accidental y que la sustracción pasara desapercibida. Así lo explicó el subdelegado del Gobierno en Zamora, Ángel Blanco, que también anunció que revisarían los protocolos.Dieciséis años pidiendo armeros en los cuartelesDámaso se aprovechó de una cuestión que lleva años en el debe del Ministerio del Interior con respecto a la Guardia Civil. «Conviene decirlo con claridad: la taquilla de un vestuario está concebida por norma (Real Decreto 486/1997) para guardar ropa y calzado . No es un contenedor de seguridad. No lo es, ni pretende serlo, ni puede serlo. Meter una pistola dentro no la convierte en un armero. Esto no lo decimos hoy. Lo dijimos por escrito hace dieciséis años, con datos, con base legal y con destinatario», se lamentan, en un comunicado.Y a en 2010, hace dieciséis años , la AUGC en La Coruña realizó una campaña de riesgos laborales donde, entre otras cuestiones, realizaban una pregunta simple: si en sus cuarteles existía un armero donde el agente que así lo deseara pudiera dejar su arma oficial al terminar el servicio en lugar de llevársela a casa. De los que participaron, un 71% de los agentes respondió que no había.Según una encuesta de la AUGC, siete de cada diez agentes de la Guardia Civil afirmaron que en su cuartel no había un armero seguro para dejar su arma una vez completada la jornada de servicioEn aquel informe se denunciaba que la institución descarga en el agente la responsabilidad del uso de una herramienta de trabajo como es el arma, desentendiéndose de ella y pese a la «voluntad expresa de muchos guardias civiles de no llevarla a su domicilio y dejarla en dependencias oficiales, donde estaría más segura y con menos riesgos».En este sentido, apuntaban que «poder depositar el arma en un armero habilitado en el cuartel sería una medida eficaz, porque buena parte de esos incidentes se producen fuera del horario de trabajo. Ante una situación de estrés o una crisis, tener el arma al alcance puede ser un condicionante del desenlace fatal. No tenerla a disposición inmediata reduce de forma considerable ese riesgo». «Debería establecerse un lugar donde depositar las armas en las Unidades (armero), facilitando a los agentes que lo deseen el poder depositar su arma en el mismo», pidieron explícitamente.Al no existir dicho armero, los agentes que no quieren llevarlo consigo a casa —con el consecuente riesgo que pueden asumir sus propias familias— lo dejan en la taquilla, junto al uniforme, las botas y los demás enseres. Como si una pistola semiautomática de 9 milímetros fuera equiparable.Detrás de esta preocupación de seguridad no está solo la de un posible uso ilícito del arma por parte de un Guardia Civil (un homicidio, un robo, etc.), algo que es extremadamente inusual —por fortuna—, sino también reducir el riesgo de una autolesión. La AUGC recuerda el caso de un guardia civil en un cuartel de Galicia que, en marzo de 2020, cogió el arma de un compañero de su taquilla y se suicidó con ella .Minuto de silencio en homenaje a Laura a las puertas del ayuntamiento de Llanes Damian Arienza / El ComercioLos propios sindicatos de guardias civiles asumieron la responsabilidad de negociar con una empresa de seguridad privada la adquisición de armeros pagados por sus propios bolsillos. Su compra se efectuó en noviembre de 2022, cuando se invirtieron algo más de 500.000 euros en 5.200 armeros para armas cortas. Una cifra que es, de largo, muy escasa para una plantilla de 80.000 efectivos: sale a un armero por cada quince guardias civiles.5.200 armeros individuales comprados en 2022 Tras las quejas y peticiones de los sindicatos, la Dirección General de la Guardia Civil invirtió 503.360 euros en la compra de armeros, aunque en una cantidad insuficiente: salían a uno por cada quince agentes en activoDesde la AUGC también señalan la irónica y trágica situación que se encuentran los propios agentes. Por un lado, recuerdan que a un vigilante de seguridad privada o un escolta no pueden llevarse las armas que llevan en su trabajo a sus casas, sino que, según el artículo 82 del Reglamento de Seguridad Privada , en un armero de su lugar de trabajo. Esa misma normativa exige que, por ejemplo, un vigilante de un centro comercial deje una trazabilidad documental de dónde está su revólver. «En un acuartelamiento de la Guardia Civil, una pistola pudo desaparecer de una taquilla y el sistema previsto para detectarlo era que alguien se diera cuenta», se lamentan.También apuntan a que otros cuerpos policiales, como los Mossos d’Esquadra o la Ertzaintza obligan a dejar su arma en el armero de la comisaría en el caso del cuerpo catalán o bien a realizar un informe escrito para justificar una amenaza concreta para sacarlo a la calle sin estar de servicio, en el caso de los vascos.Las peticiones de la AUGC para evitar casos como el de LlanesPlan urgente y obligatorio de dotación de armeros individuales en todas las unidades, acuartelamientos y centros de trabajo, con calendario vinculante, partida presupuestaria propia y publicación del estado real de implantación: cuántos se han comprado, cuántos están instalados y qué unidades siguen sin ellos. Revisión del control de accesos en los acuartelamientos, incluidos accesos secundarios y barreras de vehículos. Convocatoria extraordinaria del órgano de prevención de riesgos laborales, en aplicación del Real Decreto 179/2005, para analizar lo ocurrido como incidente preventivo grave y corregir los fallos de custodia, control y acceso. Protocolo específico de protección para las guardias civiles que son víctimas de violencia de género dentro de la propia institución, con medidas reforzadas de custodia de armamento en el entorno del agresor y no solo sobre su arma personal.Por último, y aterrizándolo en el caso de Llanes, la AUGC es clara: no quieren demagogias. «Un armero no habría garantizado que estuviera viva. (…) Sería indecente vender la idea de que una caja fuerte es un escudo. Pero hay un abismo entre no poder impedir un crimen y ponérselo fácil» Asociación Unificada de guardias civiles«Un armero no habría garantizado que estuviera viva. Nadie puede afirmar eso. Quien decide matar a alguien suele encontrar el modo, y quien lleva años acumulando odio no se detiene ante una cerradura. Sería indecente vender la idea de que una caja fuerte es un escudo. Pero hay un abismo entre no poder impedir un crimen y ponérselo fácil. (…) Forzar la chapa de una taquilla de vestuario no es lo mismo que vencer un armero certificado. No es lo mismo el tiempo que se tarda. No es lo mismo el ruido que se hace. No es lo mismo la huella que se deja. Y desde luego no es lo mismo un sistema en el que la ausencia de un arma se detecta en el registro del siguiente relevo que uno en el que se descubre cuando ya se ha disparado», zanjan al respecto.Él trágico asesinato de Laura Cruz en el cuartel de Llanes no solo deja una herida imborrable en la sociedad, sino que expone una vulnerabilidad sistémica e incomprensible dentro de la propia institución garante de la seguridad. Las reclamaciones de la AUGC evidencian que, más allá de la investigación policial que inevitablemente se archivará por el fallecimiento del agresor, existe un debate normativo y presupuestario inaplazable. Si bien ninguna medida de seguridad es infalible ante una voluntad asesina , el Estado tiene la obligación de no allanar el camino a los agresores. Garantizar, de una vez por todas, que el acceso a un arma letal no dependa de la endeble cerradura de una taquilla de vestuario es, a estas alturas, el mínimo homenaje exigible a las víctimas y la única vía para intentar que la historia no se repita.
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