El ministro marroquí de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq , reivindicó este lunes la soberanía de su país sobre Ceuta y Melilla durante el acto religioso más solemne del calendario alauí: la conmemoración del nacimiento del profeta Mahoma en el Palacio Real de Rabat, presidida por el propio Mohammed VI y con la presencia del príncipe heredero Moulay Hasán y del jefe del Gobierno, Aziz Ajanuch. Toufiq camufló su exigencia refiriéndose a dos eruditos islámicos nacidos en Ceuta antes de que la ciudad pasara a soberanía española en 1580 —el cadí Ayyad, del siglo XI, y Abú al Abbás al Zafi, miembro de la familia gobernante ceutí en el siglo XIII—, a los que presentó como prueba del vínculo religioso e histórico de Marruecos con ambos territorios, a pesar de que el reino aún no existiera. A los anteriores pensadores, Toufiq añadió al imán Al Jazuli, autor de ‘Las guías hacia los caminos del Bien’, cuyas «oraciones» sirvieron como estandarte a los marroquíes durante la lucha sagrada por liberar las ciudades costeras del Atlántico a comienzos de la era contemporánea: «En su lucha sagrada para liberar las ciudades ocupadas situadas a lo largo del océano Atlántico a comienzos de la época contemporánea» , ha dicho. Además, continúa señalando a Ceuta como «Sebta», un término que en la prensa marroquí suele acompañar de «ciudad ocupada». Es una vía distinta a la que ha empleado hasta ahora Rabat, pero el destino del argumento es el mismo que el de su ministro de Justicia.Porque no es la primera reivindicación del mes. El ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, declaró en una televisión de Oriente Medio llamada ‘Asharq News’ que las ciudades españolas son de propiedad marroquí: «Son nuestras tierras» , afirmó. El pasado 21 de agosto reivindicó lo s «derechos históricos y geográficos» de Marruecos sobre Ceuta y Melilla , reclamando abrir un «espacio de diálogo» que condujera a lo que llamó el «retorno al seno de la patria» de ambas localidades. Con la intervención de Toufiq, son ya tres episodios en menos de un mes en los que distintas voces del Gobierno marroquí han situado a las poblaciones autónomas en el centro del debate público, coincidiendo con una de las mayores crisis migratorias de la democracia española . Además, la particularidad de esta nueva declaración radica en que la cartera de Asuntos Islámicos no es un cargo elegido directamente por la ciudadanía mediante sufragio. En el sistema político marroquí, corresponde al rey nombrar formalmente a los miembros del Ejecutivo, a propuesta del jefe de Gobierno, según establece el artículo 47 de su Constitución. En el caso este ministerio, su carácter es de especial relevancia por las prerrogativas religiosas del monarca como Comendador de los Creyentes. Por tanto, aunque el ministro forma parte del Gobierno y su nombramiento se encuadra formalmente en el procedimiento constitucional, no es un cargo que el pueblo marroquí elija directamente, sino que su nombramiento depende de la autoridad del rey, cosa que se demuestra al haber sucedido varios Gobiernos desde 2002, año en el que Toufiq accedió a su puesto.El Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, ya respondió a la primera reivindicación de Ouahbi trasladando a Rabat por canales diplomáticos su rechazo, en palabras textuales de fuentes del propio departamento, «tajante» a «cualquier planteamiento distinto respecto a Ceuta y Melilla», subrayando que ambas ciudades forman parte de la integridad territorial española y de la Unión Europea. Quien sí ha elevado el tono esta semana ha sido la ministra de Defensa, Margarita Robles. Durante su comparecencia de este martes ante la Comisión de Defensa del Congreso para rendir cuentas sobre la gestión de la crisis migratoria, Robles recuperó la expresión que ya había utilizado el 12 de agosto, en su visita a Ceuta, cuando advirtió a Marruecos de que a las dos ciudades «no se las toca»: «No es que sean españolas, son españolísimas», afirmó, añadiendo que «cualquier agresión o intento de agresión» contra ellas se entendería como un ataque contra «España entera» y que la soberanía y la integridad territorial son «intocables». Es, además, la ministra que más se ha desmarcado del resto del Ejecutivo en el tono hacia Rabat: mientras Robles evita calificar a Marruecos de «socio fiable», el resto del Gobierno mantiene esa etiqueta pese a las sucesivas reivindicaciones territoriales.
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